¿Fascistas?

Sergio Sarmiento
Reforma
26 de julio de 2006


"La democracia moderna no está amenazada por ningún enemigo externo sino por sus males íntimos".
Octavio Paz
Leonel Cota, presidente nacional del PRD, señaló ayer que la respuesta de Felipe Calderón a la carta que previamente le hizo llegar Andrés Manuel López Obrador "no corresponde a la de un político demócrata. Corresponde a la de un político autoritario que quiere quedarse en el poder bajo cualquier circunstancia y pasando por encima de la voluntad nacional".
Es curioso: yo tuve exactamente la impresión contraria. López Obrador le pidió en su misiva a Calderón que éste demande la apertura de todos los paquetes electorales y el recuento de todos los votos. La respuesta de Calderón fue la siguiente: "La decisión de recontar votos no corresponde a los candidatos ni a los partidos sino al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que, en ejercicio de sus atribuciones, aplicará la ley. Al final del proceso dictará sentencia definitiva a la que todos debemos someternos".
Ésta es la respuesta que debe dar un demócrata. Efectivamente, no les toca a los candidatos -que son parte y no jueces- modificar post facto la ley electoral. Las reglas del juego se establecen antes y no después de los procesos electorales.
Los magistrados del Tribunal Electoral están considerando todas las impugnaciones presentadas y, sin duda, tomarán en cuenta la petición de la alianza Por el Bien de Todos para que se abran todos los paquetes electorales, se lleve a cabo un recuento de los votos y se garantice de esta manera el principio de certeza que establece el artículo 41 de la Constitución.
Un acuerdo entre los candidatos, sin embargo, no puede legitimar una decisión de violar la ley. Sólo el Tribunal puede, en apego a derecho, ordenar ese famoso recuento. Y Calderón está cumpliendo con la situación como un verdadero demócrata cuando señala que deben ser los magistrados los que fallen sobre este tema.
No es ésta la primera vez que el presidente nacional del PRD parece equivocarse al respecto de lo que debe ser el comportamiento de un demócrata. Después de la manifestación del Zócalo del 16 de julio, Cota señaló en una entrevista que Calderón debía aceptar la demanda de los perredistas para hacer el recuento de los votos ya que sólo un "fascista" no atiende los reclamos de los manifestantes. Quizá Cota no sabe realmente cómo operaban los fascistas. Eran ellos, después de todo, los que empleaban las marchas de presión para lograr sus propósitos frente a los demócratas.
Benito Mussolini conquistó el poder en Italia el 29 de octubre de 1922 gracias a "la marcha sobre Roma" de sus camisas negras. Adolf Hitler promovió su ascenso al cargo de canciller de Alemania en 1933 también gracias a una serie de manifestaciones. Juan Domingo Perón, quien era uno de los golpistas de 1943 en Argentina, se consolidó en el poder por la gran manifestación de Buenos Aires del 17 de octubre de 1945. Hugo Chávez también se sirvió de marchas para conseguir el poder en Venezuela.
Un demócrata, al contrario de un fascista, busca alcanzar el gobierno a través de elecciones democráticas y de respeto a la ley. En ese sentido Calderón ha sido más demócrata que López Obrador, quien ha cuestionado los procedimientos democráticos legales y ha montado manifestaciones para presionar a las autoridades del país, a los funcionarios del IFE y a los magistrados del Tribunal Electoral.
En distintas ocasiones he señalado en esta columna que estoy de acuerdo con un recuento de los votos, pero no porque piense que ha habido un fraude. Ese recuento, sin embargo, sólo puede ser ordenado legalmente por el Tribunal Electoral. Ésa es la posición de cualquier demócrata.
El problema es que en México es tan corta la experiencia democrática que muchos políticos piensan que pueden hacer creer a los ciudadanos que las prácticas fascistas son democráticas. Pero debe quedar claro que en el mundo quienes aceptan los resultados de las elecciones y se ciñen a la ley son los demócratas mientras que quienes usan las grandes concentraciones populares para obtener el poder son los fascistas.
Revolución cubana
Hoy se cumplen 53 años del asalto al cuartel de Moncada que según la propia filosofía castrista dio origen a la revolución cubana. Lo que empezó como un movimiento liberador, sin embargo, se convirtió en el inicio de un régimen abiertamente autoritario. Fidel Castro lleva ya 47 años en el poder.

Lecciones


Federico Reyes Heroles

¿Serán los seis años de Felipe Calderón en la Presidencia también de parálisis y frustración? ¿Es el gobierno dividido un impedimento para que el país avance? ¿Cuáles son los beneficios de la democracia si los gobernantes son incapaces de ponerse de acuerdo en cómo mover al país? Las preguntas merodean. No es casual, la gestión de Fox fue un auténtico fracaso en obtener impulsos modernizadores. La alternancia por sí misma no es mérito suficiente. El país navega en buena medida con los vientos económicos del pasado: la apertura comercial, el restablecimiento de la salud financiera, etcétera. Son pocas las nuevas instituciones que han sido creadas y, salvo el IFAI, todas tienen un rango menor. México está urgido de reformas de fondo, sin ellas no se generará más crecimiento alto ni más prosperidad. ¿Qué debe hacer Calderón para no repetir la historia?
Quizá lo primero será despejarse de cualquier fobia. El mandato popular fue muy claro: deberá cogobernar con el PRD y el PRI. Así que más vale que en cuanto pueda se aleje del tono rijoso de la campaña y empiece a tejer un discurso público de tolerancia e incluso amabilidad hacia sus adversarios políticos. De hecho ya ha comenzado. Fue la prolongación de ese tono rijoso lo que le cerró muchas puertas a Fox.
Pero no sólo deberá hacer guiños públicos, también prepararse mentalmente para enterrar los enconos naturales que surgen en cualquier campaña. Ése es quizá el paso más difícil. Si sus colaboradores notan odios, se encargarán de multiplicarlos. El efecto cascada que rodea a los presidentes puede provocar consecuencias verdaderamente perversas. Calderón tendrá que retomar un tono sobrio que Fox desdeñó y destruyó. El costo político para México de los chascarrillos y ofensas presidenciales de los últimos seis años es muy alto. La Presidencia perdió seriedad y no ganó nada. La excesiva solemnidad fue sustituida por una irreverencia oficial vacía.
Nada indica que México vaya a modificar su régimen presidencial en los próximos años. Calderón tendrá entonces que guiar al Ejecutivo federal con la misma máquina institucional. Allí las lecciones son varias. De entrada no debe nombrar en la Secretaría de Gobernación a alguien con aspiraciones para el 2012. Eso lo convertiría de inmediato en un dique frente a las negociaciones. A falta de primer ministro, Gobernación debe conservarse como un espacio ecuménico al cual acudan todas las fuerzas políticas. Si el Presidente de verdad se conserva por arriba de los intereses partidarios y Gobernación opera con juego limpio se pueden lograr acuerdos. Así de importante es la política.
La propaganda oficial no deberá arrojar leña a la hoguera como ha ocurrido en los últimos seis años: de la insultante fobia al pasado priista, al sigamos por el mismo camino pasando por "quítale el freno al cambio". Ofensa tras ofensa. Así cómo negociar. Fox gobernó para la opinión pública y así nos fue. Saldrá con popularidad pero también con un déficit brutal en logros concretos. Ojalá y Calderón siga la escuela de Zedillo que gobernó para los hechos y, paradojas de la vida, hoy es el ex Presidente con mayor reconocimiento después de Cárdenas, que es un tótem nacional.
Gobernar es sentarse, decía el clásico. La Presidencia debe ser un sitio de reflexión y serenidad. No se trata de tomar muchas decisiones, se trata, eso sí, de que sean decisiones correctas. Fox estuvo en campaña seis años, su ánimo de acabar con el PRI y dejar a su señora lo dominaron. La carencia de reflexión se plasmó en los hechos. Se acuerda el lector de las famosas coordinaciones que naufragaron en meses, todo mundo lo advirtió. Nada. Otro ejemplo: la locura de nacionalizar los ingenios o el "comes y te vas". De gira en gira, de brinco en brinco, aviones, helicópteros, movimiento incesante que provoca falta de concentración. De las reuniones de gabinete se supo desde el inicio que eran una facha, que hasta los propios secretarios llegaban tarde.
Una buena noticia es que en el discurso de Calderón no se percibe un ánimo fundacional. La verdad es que el régimen priista tenía muchos defectos, pero supieron crear instituciones. Calderón tendrá que entrar al rescate de varias -Pemex, IMSS, ISSSTE, las principales-, si por definición no se pelea con el pasado contará con un andamiaje de gobierno razonable. Uno de los caprichos que dañó brutalmente a la gestión de Fox fue el rechazar salvo excepciones -Gil Díaz- a los cuadros del priismo. Por supuesto que hay posiciones en las que requerirá a cuadros panistas, pero México no puede darse el lujo de desperdiciar a muchas personas bien preparadas, con experiencia. Pienso en Alfredo Elías Ayub que ha hecho un espléndido papel al frente de la CFE y que fue formado en el régimen priista, ¿por qué no?
Por supuesto que la negociación política es más complicada en un régimen presidencial cuando las fuerzas se dividen, Sartori dixit. Pero hay que reconocer que tampoco es el infierno. Muchos gobernadores con congresos divididos han sacado acuerdos importantes con los mismos partidos peleados a nivel federal. Se puede. Además el PRI podría ser un gran aliado. Su lógica simplemente fracasó. Si pensaron que poniendo obstáculos podían regresar a la Presidencia, pues ahora están en el peor de los mundos. ¡Bloquearon las reformas, quedaron como unos retrógradas y perdieron! Claro, la gran incógnita es qué rumbo va a tomar el PRD. Si se ofuscan en frenar a Calderón podrían seguir el mismo camino que el PRI, para abajo. Política en todos los frentes es la receta. También ética: ¿cuándo comprenderemos que el éxito de otro no es el fracaso propio?

Gracias AMLO!!!

Redacción / www.felipe.org.mx
El Universal
Ciudad de México
Lunes 24 de julio de 2006
21:43


C. Lic. Andrés Manuel López Obrador.
Presente.-
La jornada electoral del pasado 2 de julio fue un esfuerzo cívico de casi cuarenta y dos millones de ciudadanos que votaron en libertad. Cientos de miles de mexicanas y mexicanos colaboraron con el Instituto Federal Electoral para recibir y contar cada voto en presencia de representantes de todos los partidos políticos.


La contienda fue equitativa. Los candidatos recorrimos el país sin límites ni cortapisas. Los medios de comunicación estuvieron abiertos a todas las expresiones políticas y dieron testimonio de la pluralidad en que vivimos los mexicanos. En ese contexto, todos los candidatos fuimos convocados a dos debates presidenciales. Usted, por propia voluntad, decidió participar en un solo debate, y su partido se opuso rotundamente a la celebración de otros más.


En suma, las elecciones federales para renovar el Poder Legislativo de la Unión y la Presidencia de la República fueron limpias, libres y democráticas. Así lo atestiguaron casi un millón de ciudadanos que fueron funcionarios de casilla y más de un millón y medio de representantes de casilla entre ellos cientos de miles representándolo a usted. También así lo atestiguaron los observadores nacionales y extranjeros acreditados y todos los candidatos a la Presidencia de la República lo reconocimos públicamente el 2 de julio, aun antes de conocer los resultados.


La decisión de recontar votos no corresponde a los candidatos ni a los partidos sino al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que, en ejercicio de sus atribuciones aplicará la ley. Al final del proceso dictará sentencia definitiva a la que todos debemos someternos. La petición que usted ha formulado no depende de lo que los candidatos opinemos sino de lo que la ley dispone. En mi caso respetaré escrupulosamente la resolución que el Tribunal determine respecto a su petición y, desde luego, acataré lo que resuelva respecto de las impugnaciones presentadas.


Los mexicanos ya votamos. La verdadera defensa de la democracia consiste en el respeto a la voluntad popular expresada en las urnas y a las instituciones responsables de organizar y calificar el proceso electoral. Respetar el voto es respetar a México.


Le reitero mi invitación para que dialoguemos sobre el momento tan importante que vive el país. Lo invito con sinceridad a que, por encima de nuestras divergencias, identifiquemos nuestras coincidencias. Lo invito a hacer política genuina que nos permita edificar el proyecto común que es México.


Este es el momento de la unidad nacional, de la concordia y de la paz. Este es el mandato de los mexicanos.


Atentamente,
Felipe Calderón Hinojosa.

Carta de AMLO a Calderón













































































































Cuando eramos huérfanos

Cuando éramos huérfanos
Denise Dresser
23 de julio de 2006
Revista Proceso

Siempre me ha gustado vivir en México. Todos los días doy gracias por vivir en un país con tanta belleza, con tanta historia, con tanta cultura, con tanta vida, con tanta dignidad. Lo digo cada vez que puedo: amo a México con un amor perro. Amo sus olores y sus sabores, sus regiones más transparentes y sus rincones más oscuros, sus volcanes y sus valles y todo lo de en medio. La vida en México para una persona de clase media alta como yo es, en muchos sentidos, envidiable. Vivo en una casa rentada y muy linda; mando a mis hijos a una escuela privada y no excesivamente cara; soy dueña de dos autos usados y en buena condición; vivo de mi trabajo y puedo mantener a mi familia con él; empleo a un par de personas que ayudan en casa y me alcanza el sueldo para pagarles; tomo vacaciones anuales y estoy ahorrando para asegurarle una educación universitaria a mis hijos. Tengo la vida que siempre he querido, llena de ideas y libros y arte y alumnos y amigos y la oportunidad de escribir en Proceso y una profesión socialmente útil. Este país me la ha dado.
Soy producto de la movilidad social que aún existía en los sesenta cuando nací. De beca en beca obtuve una buena educación y con ella he ido ascendiendo la escalera social. En un país con 40 millones de pobres, soy de las privilegiadas. Aún así, me doy cuenta de manera cotidiana que algo está mal. Y podría usar el lenguaje sofisticado de la ciencia política para explicarlo, pero en esta columna prefiero hablar como simple ciudadana. Algo está mal cuando las personas que trabajan para mí -la nana y el chofer y el jardinero- no tienen ninguna expectativa de ser más de lo que son hoy. Cuando no tienen ninguna posibilidad de aspirar a algo más porque el país no se los ofrece. Cuando sexenio tras sexenio un presidente u otro les da tan sólo más de lo mismo. Cuando saben que la vida de sus hijos será -en el mejor de los casos- una versión facsimilar de la suya. Esa vida precaria, estancada, difícil. La que tantos con quienes comparto el país padecen.
Y por eso el 2 de julio voté por Andrés Manuel López Obrador. Fui de esos votantes indecisos hasta el momento de entrar a la casilla y una vez adentro opté en función de una sola razón: no podía votar por una persona que piensa que el país está bien. No podía votar por un partido que ofrece sólo la continuidad. No podía formar parte de aquellos que piensan que el país funciona aunque para mí lo hace. Ni más ni menos. Pero voté con ambivalencia, porque a lo largo de la campaña siempre pensé que AMLO tenía el diagnóstico correcto pero no las soluciones adecuadas. Que peleaba por una buena causa pero no con armas modernas. Que sabía lo que no funcionaba pero no tenía propuestas coherentes de política pública para arreglarlo. Nunca me convenció la idea de sembrar árboles por el sureste o construir trenes bala. Recuerdo habérselo dicho: "Andrés Manuel, estás ofreciendo pobreza con dignidad. Estás ofreciendo darle a cada mexicano una pala para que construya un segundo piso". Los pobres merecen y necesitan más.
Aún así pensé que una victoria de AMLO ofrecía la oportunidad para sacudir las cosas; para nivelar el terreno de juego; para pensar en cómo construir un país más justo y menos rapaz. Y López Obrador no me asustaba como asustaba a otros miembros de mi clase social. De hecho en reunión tras reunión, en conferencia tras conferencia, me convertí en su defensora involuntaria. Porque los argumentos sobre su personalidad mesiánica me parecían exagerados. Porque pensaba que a demasiados de sus detractores les salía espuma por la boca. Incluso una semana antes de la elección publiqué un artículo en Los Angeles Times argumentando que antes de odiar a López Obrador, las élites económicas y políticas deberían odiar las condiciones que lo produjeron: un sistema socioeconómico que concentra la riqueza y no tiene ningún incentivo para distribuirla mejor.
Pero desde la noche de la elección miro lo que está haciendo Andrés Manuel López Obrador y me desconcierta. Me preocupa. Veo a un hombre cada vez más combativo, cada vez más confrontacional, cada vez más antiinstitucional. Veo a alguien que confirma, paso a paso, todo lo malo que se decía de él. Alguien que habla del "crimen" monumental cometido contra el pueblo de México, pero que no lo ha podido probar. Alguien que un día sugiere fraudes cibernéticos y al otro día aclara que más bien fueron "a la antigüita". Alguien cuyas posturas poco claras -y con frecuencia contradictorias- me inspiran desconfianza. Porque no puedo evitarlo: fui entrenada en el doctorado para examinar evidencias, ponderar datos, analizar argumentos. Y los que presenta AMLO hasta hoy para sustentar su caso no me convencen. He leído todos los correos electrónicos sobre el famoso algoritmo y dudo de su existencia; he discutido las irregularidades detectadas hasta ahora y no me parecen determinantes; he escuchado todas las denuncias sobre la "elección de Estado" y no creo que podamos clasificarla así.
Con lo que sabemos hasta el momento, no me parece inconcebible pensar que López Obrador perdió la elección. Por la multiplicidad de motivos que ya conocemos: el voto de miedo, la campaña mediática de Vicente Fox, la compra de publicidad por terceros, el apoyo de gobernadores priistas a Felipe Calderón y los errores que el propio AMLO -aunque se niegue a aceptarlo- cometió. Pero para despejar dudas y rescatar la confianza perdida, he apoyado la propuesta de contar de nuevo, ya sea parcial o totalmente, los votos. Si el recuento revela que López Obrador en realidad ganó, México tendrá que aceptarlo. Y si ocurre lo contrario, también. Esa debería ser la apuesta de todos, pero sobre todo de una izquierda responsable que quiere gobernar al país y no sólo partirlo en dos.
Lo más preocupante es que AMLO no parece estar pensando así. Declaración tras declaración, López Obrador se está radicalizando. Y todo lo que dice sugiere que -en realidad- no está buscando el recuento de los votos, sino la anulación. Ya no busca ganar sino seguir peleando. Ya no quiere que se respeten los resultados "reales" de esta elección sino reventarla. Ya no tiene la mira puesta en las próximas semanas sino en los próximos años. Quiere consolidar su base y ser una fuerza política de largo plazo. Quiere exaltar los ánimos de 10 millones de votantes enojados aunque pierda a los moderados que votaron por él. Su papel ya no es seguir las reglas del juego sino romperlas. Su papel ya no es atemperar para gobernar sino azuzar para polarizar. Para ser el presidente moral del sur de México. Para seguir confrontando al resto del país desde allí.
Y ése va a ser un viaje peligroso porque recorre la ruta de la división. Su brújula es la polarización. Su mapa es la radicalización. Su destino es destruir primero para reconstruir después. Entraña incendiar institución tras institución y eso es lo que le está ocurriendo actualmente al IFE. Al actuar como lo está haciendo AMLO, coloca a personas como yo que votamos por su causa en una posición difícil. Pide que dejemos de confiar en todo para tan sólo confiar en él. Pide que formemos parte de lo que José Woldenberg ha llamado una "comunidad de fe", y dejemos a un lado la razón para pertenecer a ella. Pide que depositemos toda nuestra confianza en un solo hombre, cuando las democracias reales se construyen precisamente para evitar que eso ocurra. Pide que creamos en la palabra de operadores políticos como Jesús Ortega y Leonel Cota y Fernández Noroña y Martí Batres, cuya trayectoria suscita grandes dudas. Pide que destacemos a la única institución política creíble que hemos logrado erigir, y que nos sumemos a la cruzada para desacreditarla.
Y nos deja con las siguientes preguntas: Si tiramos al IFE por la ventana, ¿con qué otro instrumento va a contar el país para transferir pacíficamente el poder? Si las elecciones no son confiables nunca, ¿qué otro proceso funcionará para representar a los ciudadanos? Si el voto no es confiable, ¿no nos queda otro remedio más que renunciar a él? Si quienes están al frente de una institución cometen errores, ¿entonces hay que descalificarla de tajo? ¿La elección será vista como legítima por el PRD sólo si AMLO es declarado el ganador? Si no es posible creer en nada, ¿no hay otra opción más que creer en López Obrador? Planteo estas preguntas con dolor. De manera apesadumbrada. Veo la certeza que anima las posiciones de apoyo a AMLO que han asumido personas a quienes respeto como Julio Scherer, quienes admiro como Carlos Monsiváis, quienes quiero como Elena Poniatowska, quienes adoro como Eugenia León. He estado a su lado en otras batallas -como la librada contra el desafuero- y me entristece no poder estar allí, mano a mano, en ésta.
Y me angustia aún más ver que el otro lado tampoco tiene buenas respuestas. Las élites atrincheradas se comportan como siempre lo han hecho: saboteando, obstaculizando, posponiendo soluciones difíciles a problemas ancestrales. Pagando spots para promover sus posiciones aunque constituyan una violación a la legislación electoral. Preservando sus privilegios, blindando sus cotos, sacando legislación a modo -como la Ley de Radio y Televisión- y evidenciando todo lo que quieren proteger con ella. Los complacidos y los complacientes. Esos que escuchan los gritos del México que apoya a López Obrador y se tapan los oídos. Esos que miran la radiografía del país partido que esta elección arroja, y creen que bastará ampliar el Programa Oportunidades para reconciliarlo. Esos que produjeron a AMLO y hoy no saben cómo lidiar con él.
Ante este escenario es difícil no padecer una sensación de orfandad. De desconsuelo. Ese sentimiento que describe tan bien Kazuo Ishiguro en su novela Cuando éramos huérfanos. Esa soledad que produce estar parada en tierra de nadie, entre fuego cruzado, sin complacer a un bando y sin apoyar al otro. Intentando izar la bandera blanca entre las bazukas. Intentando suplantar la incondicionalidad partidista por la reflexión ciudadana. Preocupada por la construcción de un centro vital donde sea posible construir, conversar, reconciliar, institucionalizar. Pelear menos por el poder, y más por formas de compartirlo mejor. Pelear menos por quién ganó la elección, y más por el país herido que ambos bandos están dejando tras de sí.

Los demócratas

Sergio Sarmiento

"No hay democracia sin demócratas".
Anónimo
Las cosas eran distintas en ese entonces. Jorge Alcocer, director general de la revista Voz y Voto, rememora en el programa de televisión Quinto Poder la situación que vivían los representantes del Frente Democrático Nacional que apoyó la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en los comicios de 1988.
En uno de los consejos de distrito, cuando se cantaban los resultados que había que sumar, el secretario general simplemente añadía un cero a las cifras del PRI. Los representantes del FDN protestaron por ese fraude que se realizaba directamente frente a sus ojos y que podía verificarse nada más con cotejar los resultados y las cifras de las actas.
El presidente del consejo no aceptó las protestas y pidió, en cambio, que se sometiera a votación "democrática" si debían o no quedar los resultados tal y como los había asentado el secretario general. La automática mayoría priista en el consejo aprobó mansamente las cifras "enriquecidas".
Más adelante, cuando los representantes del FDN volvieron a protestar porque el secretario general seguía añadiendo ceros a los resultados del PRI, un molesto presidente del consejo se volvió hacia ellos y los increpó: "¿En qué quedamos? ¿Qué no somos democráticos? Eso ya se votó".
Tenemos que reconocer que las cosas hoy son muy distintas. Pretender comparar el 88 con el 2006 es simplemente cerrar los ojos a la realidad. Pero hay muchos que no quieren aceptarlo. A veces parece que, tras conseguir la democracia, nos hemos quedado sin demócratas.
Afortunadamente no es así. Gilberto Rincón Gallardo, ese legendario luchador por la democracia y las causas sociales, encarcelado en 1968 por el régimen de Gustavo Díaz Ordaz, advierte en ese mismo programa de Quinto Poder que hay que tener mucho cuidado de no echar para atrás los logros de muchos años de sacrificio para construir una democracia real.
Que haya manifestaciones y protestas, eso no importa, dice Rincón Gallardo. El problema fundamental de este momento es que, por tratar de deslegitimar un resultado electoral, se eche para atrás el esfuerzo de muchos años por crear un sistema en que los ciudadanos son los responsables de contar los votos.
José Woldenberg, luchador también en las causas democráticas de los años setenta y ochenta, miembro del comité ejecutivo del Partido Mexicano Socialista que formó parte del FDN en 1988 y un magnífico presidente del Instituto Federal Electoral de 1996 a 2003, descarta en varias entrevistas la posibilidad de que haya habido un fraude en los comicios de este 2006.
La idea de que exista un algoritmo que haya podido cambiar los votos de López Obrador por sufragios a favor de Calderón en un fraude cibernético la desecha como una simple fantasía. Y en cuanto al conteo físico de los votos, señala que no es posible comprar a todos los que estuvieron en las casillas. "Yo sí confío en los ciudadanos", afirma.
En medio de la cacofonía que nos invade en este momento, me da gusto escuchar las voces de viejos demócratas como éstos. No son gente que se deje llevar por el último caudillo o por el imperio de lo políticamente correcto. No son políticos que acepten dogmas.
En 1988 ellos estaban en la trinchera luchando contra un fraude electoral real y tratando de construir una democracia cuando muchos de quienes hoy afirman que ha habido un fraude en contra de López Obrador defendían las burdas maniobras del Estado priista. Y es saludable ver que, aun con el paso del tiempo, incluso cuando los antiguos defraudadores protestan contra el supuesto fraude de este 2 de julio, ellos se siguen colocando inequívocamente del lado de la democracia.
Hay voces que se lamentan de que México esté hoy viviendo una democracia sin demócratas. Y es verdad que muchos políticos no tienen pudor en atacar a la democracia en supuesto nombre de la democracia si eso les permite llegar al poder.
Pero deberíamos también celebrar que, a pesar de todo, seguimos teniendo a muchos demócratas a nuestro alrededor. Son hombres y mujeres que están dispuestos a defender el principio de que una elección se gana o se pierde por un voto: que aceptan que los ciudadanos se pueden equivocar, y que precisamente por eso se ha creado un Tribunal Electoral que ventile las quejas surgidas de los comicios, pero que saben que un millón de ciudadanos no participarían en un fraude sin protestar.
En estos últimos días que he tenido oportunidad de escuchar a Rincón Gallardo, a Alcocer y a Woldenberg he dejado atrás el pesimismo que empezaba a invadirme. Quizá tenemos una democracia imperfecta: finalmente todas lo son. Pero mientras contemos en nuestro medio con demócratas como éstos, que fueron objeto de persecución real por sus esfuerzos para construir la democracia y que hoy siguen creyendo en ella aunque ya no sea políticamente correcto, no me queda duda de que la democracia aún tiene futuro en nuestro país.
Israel y Líbano
Israel tiene derecho a defenderse de los constantes ataques de que ha sido objeto por parte de organizaciones terroristas, entre ellas Hezbolá y Hamas. Pero claramente ha rebasado los límites de lo moralmente aceptable al bombardear de manera indiscriminada a la población civil del Líbano. Los líderes del Hezbolá deben estarse frotando las manos de alegría. Por fin han conseguido lo que querían. Por una parte destruir el orden político del Líbano, pero también desprestigiar a Israel.

19/07/2006
Notimex.- México.- Jefes delegacionales y diputados federales y locales electos encabezados por el próximo jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, ayunarán frente al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para pedir el conteo voto por voto de la elección presidencial.
De acuerdo con el diputado federal Emilio Serrano Jiménez, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), esa decisión ya está tomada y sólo falta hacer una calendarización para definir las fechas en que cada uno de los representantes populares electos llevará a cabo la medida de resistencia civil.
Serrano Jiménez informó lo anterior en el marco de una protesta de migrantes, adultos mayores, niños, personas con discapacidad y con Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) que se realizó este mediodía frente a la sede del máximo tribunal electoral del país.
Cerca de medio centenar de personas participó en la protesta portando cartulinas y claveles al tiempo que lanzaban la ya conocida consigna de la coalición Por el Bien de Todos "Voto por voto, casilla por casilla".
Serrano Jiménez exhortó a los manifestantes a colocar los claveles a las puertas de la sede del TEPJF, ubicada en Carlota Armero 5000, delegación Coyoacán, para demostrar que acudieron a la cita en "son de paz".
El legislador advirtió que si se quiere mantener ese clima los magistrados que integran la Sala Superior del TEPJF deben acceder al cómputo presidencial voto por voto a fin de que no se imponga la "trampa" que, en su opinión, constituyó la elección presidencial del 2 de julio.
Por su parte, David Sánchez Camacho y José Jaques Medina, a nombre de los manifestantes, entregaron una carta dirigida al magistrado Leonel Castillo González, presidente del TEPJF, para solicitarle que avale el conteo voto por voto y casilla por casilla de los sufragios emitidos en la pasada jornada comicial.

Comunidades en la fe

Comunidades en la fe

José Woldenberg
A diferencia de los pronósticos de los ideólogos de la ilustración que esperaban que a través del avance de la educación, la ciencia, el conocimiento, las relaciones sociales se empezaran a fundar en la razón y la independencia de criterio de los individuos, la fe -es decir, la confianza ciega e incluso irracional en algo o en alguien- sigue presidiendo la "comprensión" de las "cosas" que nos rodean. La fe es -al parecer- una necesidad profunda.
Las personas necesitan creer, sentirse integrantes de un conjunto más amplio, ver y anhelar lo que otros ven y anhelan, ser parte de una identidad común que les ofrezca calidez, seguridad, sentido de vida; sin ese fervor de pertenencia se encontrarían solos, desorientados, inseguros. Resulta difícil vivir a la intemperie.
Y si bien la religión sigue ofreciendo esa red anímica y espiritual a millones de personas, los procesos secularizadores de la vida moderna la han erosionado -sobre todo en las capas más abiertas a influencias tan disímiles como las de la ciencia y el mundo del espectáculo, de las expresiones "contraculturales" y las modas-, y muchos encuentran en los movimientos políticos una nueva fe, un sustituto de las añejas religiones.
Desde Descartes hasta Voltaire, desde Adam Smith hasta Marx, pasando por Fourier, es decir, los ilustrados, los socialistas, los primeros marxistas y los liberales -todos ellos con visiones universalistas- apostaron y confiaron en que el avance de la razón paulatinamente arrinconaría a las convicciones derivadas de la fe. No obstante, quizá lo que no pudieron presagiar fue el trayecto a través del cual la política -incluso la de raigambre laico- se convertiría en una nueva religión, en un culto tan apasionado y cerrado como los de cuño trascendente.
Nuevos sacerdotes y oficiantes, nuevos santos y fieles, pero ahora integrados en una nueva comunidad de la fe con bases, presupuestos, instrumentos y fines políticos. Y ya lo sabemos: las evidencias empíricas no trastocan las certezas del creyente, las explicaciones racionales no carcomen a la fe. La duda es el principal corrosivo de las verdades reveladas, y quien se aleja del círculo de los "verdaderos", de los devotos, es tratado como hereje, apóstata, renegado.
En todo creyente hay algo de infantilismo. La necesidad de ser guiado, arropado, protegido. Volver a contar con una entidad tutelar que no sólo le evita el penoso trayecto de pensar por sí mismo, sino que además le ofrece el tibio ambiente de un "nosotros" enfrentado a "otros" que encarnan al engaño, a la traición, al Mal.
En las comunidades de la fe política caben todos: el trabajador, el ama de casa, el profesionista, el joven, el científico; los de distintas trayectorias y méritos, el viejo luchador social y el convencido en el instante. Sólo un requisito es necesario cumplir: no disentir, creer, seguir al mensajero, pasar a engrosar las filas de los fieles.
Y la masa de creyentes tiene un poder de atracción nada despreciable. No es sólo su volumen -que de por sí impresiona y atrae como un imán-, sino la seducción de pertenencia a algo más grande, más valioso, único e irrepetible. Se trata de una comunidad abierta a recibir a todos porque su vocación es la de crecer, pero siempre a cambio de una sola y fundamental cesión: la autonomía de juicio.
Porque autonomía de juicio y pertenencia a una comunidad de la fe resultan antónimos. La primera es subversiva al poner en duda las certidumbres consagradas -argamasa que cohesiona a los creyentes-, mientras la segunda necesita y reclama sumisión, integración y adoración.
Esas comunidades son un juego de espejos que siempre reflejan la misma imagen. Una vez que se desencadena la línea argumental, cada eslabón contribuye con un nuevo elemento para reforzar las verdades preconstruidas. Se explotan los prejuicios existentes, se alimenta el sentido común arraigado, se manipula la sensibilidad más extendida. Y al final la comunidad comulga con las creencias menos elaboradas pero fáciles de compartir. Se llega así al reino del mínimo común denominador. Ello cierra el círculo y fomenta la cohesión.
Las comunidades de la fe tienen la necesidad de reunirse. En pequeños o grandes espacios, porque requieren sentir el peso de los acompañantes o la presencia de la multitud. De tal suerte que el sentido de pertenencia se refuerza por y en el encuentro. Las grandes reuniones masivas resultan fascinantes para aquellos que participan en ellas; se genera un "nosotros" potente e indestructible (en apariencia), todopoderoso, lo cual hace que las convicciones se fortalezcan, que el sentido de pertenencia se haga tangible. Pero para muchos de quienes se encuentran más allá del círculo de la fe, "desde fuera", esos rituales resultan amenazantes. Esas demostraciones suelen fundir a los de dentro y alertar a los de fuera. Mientras unos dan rienda suelta a su energía y entusiasmo, gritan y se exaltan, otros sienten miedo.
Las comunidades de la fe tienen y generan liderazgos. La voz del guía es la luz y es más potente y poderosa que cualquier razonamiento. Creer o conocer se vuelve un dilema. Verdades pedestres y hasta elementales resultan impertinentes. No es extraño que incluso saberes y destrezas especializadas hagan su contribución al fortalecimiento del dogma compartido. Cada uno intenta contribuir a la causa con sus propias aportaciones. La misión lo requiere y reclama.
Y aunque no me atrevería a formularlo con tanta contundencia, vale la pena releer a Condorcet: "Mientras existan hombres que no obedezcan a su exclusiva razón, que reciban sus opiniones de una opinión extraña, todas las cadenas se habrán roto en vano".

Fox Maquiavelo
Sergio Sarmiento

"Es doble placer engañar al engañador".
Maquiavelo
¿Dónde nos cambiaron a Vicente Fox? Como lo señalaba el lector Francisco Quiroz en un correo, los partidos de oposición, y en especial el PRD, han presentado al Presidente a todo lo largo del sexenio como un hombre torpe e ineficaz que difícilmente puede andar y mascar chicle al mismo tiempo. Ahora resulta, sin embargo, que los propios colaboradores de Andrés Manuel López Obrador lo describen como un político que habría envidiado el propio Maquiavelo.
Los integrantes de la alianza Por el Bien de Todos, efectivamente, nos dicen que el presidente Fox ha realizado un fraude maquinado que habría dejado en ridículo a los grandes operadores políticos de todos los tiempos.
Según sus acusaciones, el Presidente primero nos habría hecho creer a todos que su candidato a la Presidencia de la República era Santiago Creel, cuando el delfín real era Felipe Calderón. Después de todo, no puede pensarse que quien ha montado una elección de Estado tan compleja como la que supuestamente hizo Fox hubiera permitido que un ex subalterno, a quien despidió de su gabinete por desobediente, le arrebatara la candidatura de su propio partido.
No sorprendería que Fox hubiese supuestamente comprado a los nueve consejeros del Instituto Federal Electoral. Es relativamente fácil cooptar a nueve individuos sin dejar huellas. Pero más complicado habría sido corromper a miles de consejeros de distrito y a decenas de miles de funcionarios de carrera del IFE, cuya complicidad habría sido imprescindible para ejecutar y ocultar el fraude.
En la conjura debieron haber entrado también miles de observadores electorales nacionales y cientos de expertos internacionales que los asesoraron. Sólo así se explicaría por qué, como dijo López Obrador, observaron todo pero no vieron nada.
Todavía más difícil debe haber sido meter en el fraude a los más de 100 mil representantes de la alianza Por el Bien de Todos que estuvieron en las casillas el día de la elección. Coincido con López Obrador: muchos pudieron haber sido comprados. Pero corromperlos a todos, especialmente si consideramos que en su mayoría se trataba de militantes o simpatizantes del PRD, debe haber sido una tarea monumental. Sin su complicidad, sin embargo, el fraude habría sido imposible, porque ellos hubieran asentado las irregularidades en actas de protesta que simplemente no se elaboraron. Lo más sorprendente es que se les corrompió sin que uno solo hubiese rechazado el pago y denunciado el intento.
De poco habría servido comprar a los representantes de la alianza si no hubieran estado también en la nómina unos 400 mil representantes de otros partidos y 900 mil ciudadanos funcionarios de casilla que, de otra manera, habrían sido testigos del fraude "a la antigüita" y lo habrían denunciado. La operación debe haber sido particularmente perfecta porque ni uno solo del más de millón de mexicanos que participaron en la elección ha dicho públicamente: "A mí me trataron de comprar, pero rechacé la oferta".
El fraude, sin embargo, necesitaba todavía más para tener éxito. Había que comprar a los principales encuestadores del país para que sus sondeos y conteos rápidos se cucharearan y salieran empatados o con ligeras ventajas para Felipe Calderón. También había que corromper a los miles de representantes del IFE en las casillas desde donde se transmitieron los resultados del conteo rápido oficial que desde un principio dio una pequeña delantera a Calderón. Y en la compra había que incluir también a los respetados científicos que participaron en el comité técnico de este conteo rápido.
Mucho se ha hablado ya de ese algoritmo misterioso -que seguramente le ganará un Premio Nobel o un Premio Fields a su inventor- que transformó los votos de López Obrador en sufragios por Calderón en el PREP. Pero además de corromper a los operadores del programa y a los prestigiados expertos que lo supervisaron, debió aplicarse una increíblemente compleja operación para que el resultado del PREP correspondiera con casi total exactitud con el conteo rápido, con el recuento físico de las boletas que se hizo en las casillas y con la suma de actas que se llevó a cabo en 300 consejos distintos en el país. La precisión es especialmente sorprendente si tomamos en cuenta que, en los consejos, se abrieron y recontaron 2 mil 800 paquetes a instancias del PRD.
Yo tengo dudas muy serias de si realmente existió ese fraude de Estado, pero si tuvo lugar ya nadie podrá cuestionar al Presidente por su supuesta falta de inteligencia. Estaríamos, de hecho, frente a uno de los grandes genios de la historia. Después de todo, hacer un fraude no es difícil, pero hacerlo con tanta precisión, a pesar de las enormes salvaguardas del sistema electoral mexicano y sin dejar huellas es algo que sólo una mente privilegiada podría lograr.
Pero, ¿es verdad que no quedaron huellas? Por supuesto. Si las hubiera, López Obrador no estaría todavía tratando de decidir si el fraude fue cibernético o a la antigüita.
Descartado Por lo pronto los inversionistas están descartando que pueda haber problemas de fondo en México. Sólo así se entiende que la Bolsa Mexicana de Valores haya avanzado más de 5 por ciento ayer.
Correo electrónico: sarmiento.jaquemate@gmail.com

Entrevista de AMLO con López Dóriga

Por: José Carreño Carlón
Lunes 10 de Julio de 2006 Hora de publicación: 01:02

"La revisión judicial de las decisiones electorales ha sustituido el litigio en los medios y en las manifestaciones callejeras”, expuso apenas el pasado 18 de mayo Jesús Orozco Henríquez, magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. De manera que la campaña de medios y de manifestaciones callejeras lanzada por el candidato derrotado del PRD puede leerse a la vez tanto como la muestra lamentable de un retroceso que le impone Amlo a la modernización política de México, como la prueba de fuego para el compromiso de ese órgano judicial de no sustituir el apego a las normas constitucionales y legales por los arreglos que le pretenden imponer a través de la presión del poder mediático, nacional e internacional, y por el amago de las movilizaciones callejeras. En su puntual presentación del mes antepasado en Washington, ante el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) el magistrado Orozco aseguró que “el diseño institucional para las elecciones, que incluye un nuevo marco normativo para la independencia y el apego a la legalidad de las actividades del Instituto Federal Electoral y del Tribunal Electoral, trae certidumbre respecto a los resultados electorales y a la validación de la elección presidencial”. Más reducidas se podrían ver las expectativas de la nueva fase de la campaña de Amlo para ganar la postelección, una vez derrotado en la elección, a la luz de la portada de Milenio semanal de ayer, con su cabeza de portada: En el Tribunal no habrá recuento, basada en declaraciones del presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Leonel Castillo, en las que, si bien fueron realizadas antes de la elección y del rechazo de Amlo a sus resultados, no dejó lugar a dudas de que legalmente no es posible abrir los paquetes electorales.“No es legalmente válido abrir los paquetes y contar nuevamente los votos, ni por presión ni por consenso de los partidos políticos”, dijo. “Si hay acta, nadie tiene por qué volverse a meter al paquete; el acta es el testimonio firme y legítimo del cómputo de la casilla y eso dice la ley”, insistió. “La exigencia de recontar voto a voto la elección presidencial va en demérito de los ciudadanos que integraron las mesas directivas de las más de 130 mil casillas instaladas durante la jornada electoral, toda vez que el acta del conteo, es la prueba más fuerte de la voluntad popular”, recalcó.

Por otra parte, respecto de la cabeza principal de ayer de El Universal: “Amlo convoca a defender el voto”, seguida del sumario: “Anuncia el perredista que acudirá a la Corte”, junto al titular de primera plana de Excélsior: “Amlo llama a la movilización y va a la Corte”, el director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Diego Valadés, consideró que la Suprema Corte se debe abstener de investigar en cuestiones electorales, porque ya existe un órgano creado para dirimir controversias que se desprendan de unos comicios, de acuerdo con la nota publicada en la misma primera plana de ese diario, suscrita por los reporteros Carlos Lortia y Cecilia García.
Dónde está el fraude. El doctor Valadés explicó que, de manera discrecional, la Corte puede investigar de oficio lo que a su consideración estime que es violatorio de la ley y de suma trascendencia en cuestiones electorales, pues así lo establece el Artículo 97 de la Constitución, en lo que coincidió el también constitucionalista de la UNAM Ernesto Román Galán al establecer que nadie puede solicitar al máximo tribunal que inicie una averiguación sobre las elecciones y su legalidad, porque esa es una decisión que le corresponde decidir a la propia Corte. Un acucioso observador europeo, apremiado por quienes lo rodeábamos por su dilación en la lectura de los periódicos de ayer, pidió más tiempo porque, dijo, de la revisión de todo lo que dijeron Amlo y sus secuaces el sábado en el Zócalo, no lograba encontrar algún fundamento, prueba o indicio del supuesto fraude para sustentar la campaña perredista para ganar la postelección. Y no le cabía en la cabeza que en México se pudiera armar tal jaleo impunemente, movilizando tantos recursos para movilizar a tanta gente, sin aportar el menor fundamento para su protesta. De su experiencia reciente en elecciones europeas, le sorprendía la insistencia perredista y de sus ecos en los medios nacionales e internacionales en tratar de fundar su caso en el estrecho margen de un cuarto de millón de votos de diferencia entre el primero y el segundo lugar, después de registrar la naturalidad con que al finalizar la jornada electoral del 23 de septiembre de 2002, en Alemania, fue reconocida la victoria del canciller socialista Gerhard Schroeder sobre el demócrata cristiano Edmundo Stoiber con el más estrecho margen de la historia electoral alemana: 7 mil votos de diferencia.
jose.carreno@uia.mx

La marcha sobre México

Por: Pablo Hiriart
Lunes 10 de Julio de 2006 Hora de publicación: 23:26

Genio y figura, hasta en el hoyo de la derrota.López Obrador quiere hacernos creer ahora que ganó las elecciones presidenciales.Que los números son cuentos de mapaches cibernéticos.Que los 800 mil ciudadanos que participaron en el conteo de votos el domingo 2 de julio se confabularon en un complot.Que en ese complot para despojarlo de la victoria también se involucraron los consejeros del IFE y los científicos que diseñaron y vigilaron el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).Ya es demasiado.A estas alturas sus seguidores, personas de buena fe que apuestan por el cambio social en el país, deberían rendirse ante las evidencias: el mal de su líder es incurable.López Obrador confirmó desde la noche misma del dos de julio, todo lo que habíamos dicho de él.En septiembre apuntamos en esta columna:“La marcha de Mussolini sobre Roma fue suficiente para que el atemorizado rey Víctor Manuel III lo nombrara Jefe de Gobierno, el 30 de octubre de 1922.“En la Italia de instituciones debilitadas y con agitación social y política en sus calles, el rey no aguantó la presión de los camisas negras.“Atemorizado por lo que podría pasar se doblegó ante la presión de esa marcha y escogió el `mal menor´, que fue entregarle el poder al Duce quien instauró el régimen fascista...“¿Abandonará López Obrador su lucha por el control de la República en caso de que no gane por las buenas?“¿Y el gobierno resistirá la `marcha sobre México´ de López Obrador y le entregará la banda al que ganó por las buenas?”La marcha sobre México ya empezó.El que perdió por las buenas se niega a reconocerlo y ha comenzado el chantaje y la presión sobre las autoridades y las instituciones para tomar el poder por las malas.Lo que está de por medio no es una elección más. De por medio está la suerte de la República.La marcha sobre México de López Obrador, como la de Mussolini, está cimentada sobre la mentira.Unos días antes de las elecciones Adela Micha le preguntó a López Obrador en una entrevista transmitida por el canal 4 de televisión:—¿Va a respetar los resultados de las elecciones si es que pierde?—Sí, claro. Vamos a respetar.—¿Aunque sea por un voto?—Sí, desde luego. En la democracia se gana y se pierde.Luego lo entrevistó Joaquín López Dóriga.—¿Va a respetar los resultados electorales?—Sí, vamos a respetar. Yo soy un demócrata, siempre lo he dicho.—¿Va a respetar el resultado que dé el IFE?—Vamos a respetar el resultado que dé el IFE.Bueno, pues el IFE ya dio el resultado, ¿y qué dijo López Obrador?El jueves 6 de julio la respuesta fue la siguiente: “Vamos a impugnar. No podemos aceptar los resultados del IFE”. Y convocó a una manifestación en el Zócalo.Ni respetó los resultados del IFE, ni aceptó su derrota al perder no por un voto, sino por 243 mil 934.Esta prueba palmaria de su falsedad puede sorprender a los que quisieron ver a López Obrador como un político que habla con la verdad.Pero la actitud de López Obrador era perfectamente previsible. Aquí lo dijimos hasta el cansancio.Mentira tras mentira, todos los días.La noche del dos de julio se proclamó ganador de las elecciones, pues había vencido a Calderón por “cuando menos” 500 mil votos, según dijo en una declaración televisada por las principales cadenas a todo el país.¿Qué pasó con esos 500 mil votos? ¿Dónde está ese medio millón de sufragios con los cuales había vencido a Felipe Calderón?Estaban en su imaginación, nada más.No mostró un solo papel que acreditara ese triunfo.Una mentira redonda, de la que nadie le ha pedido explicaciones.Antes de las elecciones se paseó por las televisoras y programas de radio para decir que estaba diez puntos arriba en las encuestas.—¿Cuál encuesta?, todas las conocidas dicen que están parejos, se le preguntó una y otra vez.—Yo no miento, estoy arriba diez puntos, ustedes lo van a ver—, contestaba.¿Qué pasó con esos diez puntos? ¿Por qué mintió de manera tan flagrante a todo el país?Quiso engañar, con la mentira de los diez puntos de la encuesta anónima, a los conductores de radio, de televisión, y a la opinión pública.Las encuestas que se publicaron los últimos dos meses de campaña fueron categórica y rotundamente desmentidas por López Obrador.“Están cuchareadas”, “son parte de una estrategia para inflar al candidato de la derecha”, “los medios que publican esas encuestas tienen intereses, no lo pueden negar, así es la cosa”, decía con toda frescura en las entrevistas y discursos.Mentía.Y con sus mentiras atentó contra el trabajo profesional de los encuestadores y atacó la credibilidad de los medios de comunicación que dieron espacio a las encuestas.¿Con qué derecho? ¿Por qué tanta impunidad?“Hay tres millones de votos perdidos”, dijo el tres de julio, cuando las cifras del PREP apuntaban a que no ganaría las elecciones.Esos de votos que López Obrador denunció como “perdidos” estaban en un archivo del PREP por contener algunas inconsistencias.¿Por qué se pusieron en ese archivo de inconsistencias?Porque así lo acordaron los partidos políticos en el IFE, el PRD incluido.Es decir, el PRD y López Obrador sabían dónde estaban esos votos.Sabían por qué estaban ahí esos votos.Y sabían perfectamente cuántos votos eran porque el archivo de inconsistencias estuvo permanentemente a su disposición.López Obrador mintió cuando dijo que estaban “perdidos”.Mintió con alevosía, porque él sabía que no era verdad eso del extravío de tres millones de sufragios.Acusó al PREP de haber falseado los datos del domingo en la noche.Mentira. No se falseó un solo dato.La prueba está en que las cifras que arrojó el PREP y las que se obtuvieron del conteo de actas casilla por casilla en todos el país el miércoles y jueves, son iguales.Ese programa, además, no fue diseñado por empleados del IFE o de algún partido político, sino por científicos de la más alta jerarquía profesional y ética.Esos científicos encabezaron el comité asesor para la recepción y difusión de datos así como los mecanismos de seguridad del PREP.Ellos son Alejandro Pisanty, que es el director general de Cómputo Académico de la UNAM.Judith Zuvieta García, secretaria técnica de Innovación Educativa y Educación a Distancia.Salma Leticia Jalife, coordinadora de la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet, de la Universidad Nacional Autónoma de México.¿Con qué derecho López Obrador quiere manchar esos nombres asociándolos con mapacherías políticas?Mentiras y más mentiras.Un par de días antes de las elecciones, Óscar Mario Beteta y Pedro Ferriz informaron que en la página electrónica de López Obrador había una carta dirigida a sus seguidores, fechada el 3 de julio, en la que llamaba a desconocer los resultados electorales y a movilizarse.De inmediato su equipo de campaña quitó el texto de la página web y acusó que intrusos se habían metido su sitio y pusieron esa carta que no era de ellos.Mentira. Lo que estaba escrito en la carta fue lo que dijo López Obrador el miércoles 6.Mentira fue también el argumento que empleó para no firmar el compromiso de Chapultepec.“A ese documento le faltan algunas cosas para que lo podamos firmar. Vamos a ver”, dijo López Obrador.Al documento que firmaron todos los demás candidatos no le faltaba nada. Le sobraba algo para que lo firmara López Obrador.Y eso que le sobraba era el compromiso de respetar los resultados electorales que diera a conocer el IFE.Ahora, con la mentira de un “fraude abstracto”, quiere que se abran los paquetes de las casillas y se vuelvan a contar los votos uno por uno.Sí, uno por uno de los 41 millones 791 mil 322 sufragios, que 800 mil ciudadanos ya contaron el domingo dos de julio.“Para que no queden dudas”, dijo.Mentira.Quiere que se vuelvan a contar para después pedir que se vuelva a votar, “para que no queden dudas”.Y si no se hace lo que él quiere, va la marcha sobre México.A ver si aguantan los magistrados del Trife.A ver si aguanta Felipe Calderón.Ojalá que sí.De por medio está la suerte de la República.
phiriart@cronica.com.mx

Opinión de "El Búho"

Panorama Norteamericano
Eduardo Valle (Se graduó en la Escuela Nacional de Economía de la UNAM. Fue dirigente del Partido Mexicano de los Trabajadores, diputado federal y asesor del procurador general de la República, Jorge Carpizo. Desde hace algunos años reside en los Estados Unidos).
08 de julio de 2006

Hoy el izquierdista y democrático Andrés Manuel López Obrador comienza, junto a sus izquierdistas y democráticos amigos como Marcelo Ebrard, Manuel Camacho, José Guadarrama y demás exiliados del PRI -ahora dueños de la franquicia PRD-, un juego por demás agitado y riesgoso. Quizás creen en verdad que son los únicos que saben y pueden jugar. Y en todo caso podrán imponer las reglas, como quisieron imponer los resultados de la votación del 2 de julio. Por supuesto, otra vez se equivocan.
Y este es el momento más apropiado para recordar algo, vale para todos los actores en este escenario: cada uno es personalmente responsable de sus propias palabras. Y de sus actos. Este es un amable recordatorio. Y opera tanto para los farsantes y los violentos, como para quienes desean llevar la fiesta en paz. Veamos.
Jaime Martínez Veloz: "Al peligro se le extermina, no se concilia con él. Y esa fue la amenaza del panismo fascista con respecto a los sectores progresistas. En la defensa del voto de la izquierda va también la sobrevivencia ante la guerra de clases desatada por el embrión fascista representado por el candidato de la ultraderecha. ¡Aquí no se raja nadie!".
Luis Javier Garrido: "La guerra sucia es causal suficiente para anular el proceso..."; "una operación monstruosa de fraude....."; "tentativa de golpe de Estado del grupo foxista-salinista...". "2006 no es l988, y hoy amplios sectores no están dispuestos a dejarse pisotear, a que se negocien sus votos y a que se les ordene desmovilizarse". "El régimen debe atenerse a las consecuencias de esta provocación criminal que está haciendo contra el pueblo al violarle sus derechos fundamentales". El "siniestro Calderón" no tiene autoridad moral para gobernar. Es un usurpador. Un fraude sofisticado ha confiscado los derechos del pueblo. Y la frase central, por supuesto, es del candidato vencido en las urnas y en el conteo de actas: "No respetaré estos resultados; se presentaron irregularidades".
Por supuesto, para vencer al usurpador y siniestro Calderón hay que movilizar a las masas y presionar para la anulación de la elección presidencial. No de todo el proceso, pues hay que conservar el triunfo vital de Ebrard, quien, faltaba más, ya busca nombrar a su jefe de policía.
Es, afirman, la guerra de clases, desatada por el panismo fascista contra los sectores progresistas buscando imponer a un siniestro usurpador. Este es el juego de López Obrador y cofradía. Hoy comienza. Y, si esto es cierto y lo comprendemos, entonces muchos deberemos obrar en consecuencia. Y prepararnos para dar adecuada respuesta a este discurso de "enfermos", los ultraizquierdistas del lopezobradorismo, los del PRI reencarnado con colores negro-amarillo. Nadie debería de llamarse a engaño: para los enfermos radicales del bando de López Obrador, encabezados y dirigidos por el de Macuspana, se trata "de la sobrevivencia en esta guerra de clases provocada por el panismo fascista". Para alcanzar el triunfo (López Obrador en Los Pinos, a como dé lugar y no importa el costo), los enojados volcanes deben arrojar su ígnea, izquierdista y democrática ira sobre la nación entera (la figura, no la frase, fue construida por Elena Poniatowska: "seguimos siendo un volcán", en su articulo reciente en La Jornada).
Bien: la jugada de López Obrador y camaradas está perfectamente dibujada. El centro de la movilización será el Distrito Federal y la zona metropolitana. Eso debe ser así por obvias razones estratégicas y de concentración de las masas izquierdistas y democráticas. El otro punto estratégico para la movilización es el corredor Oaxaca-Tabasco. Por lo pronto, las masas están exigiendo al Santo Niño de Macuspana, buen señor del Edén, les guié en el difícil y accidentado camino hacia Los Pinos. Y si es necesario morir por la democracia y el triunfo de Andrés Manuel, moriremos. Eso es declarado a medios internacionales por un diputado llamado Serrano (por supuesto, este es el ex priísta que llama "traidores a la patria" a quienes no aman a AMLO).
Los radicales enfermos del lopezobradorismo están instalados ya, ahora, en el cuarto de guerra. Y esto no es una figura literal. Imponen su voluntad o nos imponen la violencia generalizada. Por la sencilla y elemental razón de que el IFE no aceptó "sus" números. Y se contaba con ese detalle a la hora de comprometerse públicamente para "aceptar los resultados del IFE". Los números del IFE serían los "suyos".
Con toda claridad, los militantes enfermos del partido de la supuesta izquierda están encabezados por López Obrador, Camacho y Ebrard. Cualquier otro supuesto no sólo es equivocado sino ridículo. Y esta afirmación tiene consecuencias políticas y estratégicas mayores. No estamos tratando con un grupito de radicales intoxicados por la palabrería izquierdista y la demagogia de la retórica perredista. Los directores espirituales de esta cruzada para alcanzar la sobrevivencia y los plenos derechos del pueblo son ellos.
Los demás funcionan como acompañantes y piezas secundarias, las cuales podrán ser fácilmente reemplazables. Más si en estos días, en la Hora de los Hornos, muestran escrúpulos legalistas y de prudencia republicana. Pues de esa manera le hacen el juego al fascismo panista. Y por ello son tan culpables como "los otros". Ya Cárdenas Batel y la gobernadora de Zacatecas probaron algunas gotas de la copa que le tienen preparada a los "traidores" y, obvio, a los del fuego amigo.
Comienza el gran juego. Se inicia la movilización en la zona metropolitana del Distrito Federal y en el corredor del sureste. La apuesta de los directores espirituales es que de ahí surja el fuego para incendiar la pradera. La irresponsabilidad política en este cálculo es sorprendente. ¿Los millones de ciudadanos que votaron por Calderón y otros candidatos, nada van a hacer frente a la violenta ofensiva de los directores espirituales del PRD? Y más aún, los millones de ciudadanos que votaron nada más contra López Obrador y su grupo, ¿esos también se van a quedar cruzados de brazos? ¿En el sur, el centro y el norte del país? ¿De veras esperan eso? Vamos.
Mvalle131@aol.com

Por: Alejandra Sánchez Inzunza
Viernes 7 de Julio de 2006 Hora de publicación: 01:59

Promesas. El candidato firmó compromisos que ahora, dice su vocero, requieren de que López sea presidente para concretarse.
A tres días de que Marcelo Ebrard ganó la elección de jefe de Gobierno, su equipo condicionó el cumplimiento de varias de sus promesas de campaña a que se reconozca el supuesto triunfo del candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador. El vocero de Ebrard, Juan José García Ochoa, auguró ayer que gran parte de las propuestas impulsadas por el perredista durante su campaña a jefe de Gobierno no se podría cumplir o “tardará más de lo esperado” si el próximo presidente de la República es Felipe Calderón, como apuntan los resultados del PREP del IFE. Esto significa que los 50 compromisos que hizo el mandatario local electo, quien ayer recibió su constancia de mayoría por parte del Instituto Electoral del Distrito Federal, podrían no llegar a concretarse. García Ochoa confesó que cuestiones como la política social, la descentralización educativa, la seguridad pública con doble mando y las obras hidráulicas se podrían ver frenadas si el político tabasqueño no está en la presidencia del país. Estos cuatro puntos fueron algunos de sus principales promesas de campaña basada en una mancuerna con López Obrador como jefe del Ejecutivo federal. La descentralización educativa, por ejemplo, aparece como el segundo de los 50 compromiso que firmó Ebrard y los cuales prometió cumplir al frente del GDF, es decir, a partir del próximo 5 de diciembre, cuando tomará posesión. “Lucharemos por lograr la descentralización educativa y con ello que la conducción de la educación básica pase al control de la ciudad”, indica Ebrard en su página de internet. Pero sin López Obrador como Presidente, aceptó el vocero de Ebrard, este plan podría retrasarse o no llevarse a cabo. “(Los proyectos) podrían tardar más de lo esperado, construirlos con más dificultad. Tenemos contemplado este escenario. Pero como lo ha dicho el propio Marcelo nos conviene que haya un viento a favor y no en contra”, comentó. En ese tenor, adelantó que quizá los proyectos para reparar la red de agua, la sectorización de la red primaria y las plantas de tratamiento para garantizar el abasto de agua en las delegaciones del Oriente también podrían no realizarse. Esto porque, según él, con Calderón como Presidente, está en duda que el gobierno federal le dé recursos públicos al Distrito Federal para la inversión en obras hidráulicas. Respecto a obras públicas como la continuación de los segundos pisos, el vocero afirmó que sí se llevarán a cabo sin importar la opinión del ejecutivo federal, si se trata del candidato del PAN. Siguiendo la estrategia que aplicó López Obrador durante su gestión en la jefatura de Gobierno, García Ochoa hasta consideró que “se tiene la preocupación de ser acosados por el gobierno federal”. Dijo: “las opiniones que tuvo Felipe Calderón durante toda la campaña, acerca de la ciudad de México, son alarmantes y por tanto hay preocupación de ser acosados por el gobierno federal como pasó con la administración de López Obrador”, indicó en entrevista telefónica. Para evitar que este panorama se vuelva realidad, el equipo del jefe de Gobierno electo, junto con el PRD capitalino, continúan concentrados en defender el “triunfo” de López Obrador.


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