Publicado en Reforma, 20 de Mayo, 2007
La televisión no tiene la facultad de gobernar, legislar, juzgar, mandar batallones, pero tiene un poder acaso más preciado: la atención de millones de personas. Por eso, la pregunta interesante en nuestro tiempo es ¿cómo se puede o debe usar ese poder para beneficio de la sociedad? O, puesta en términos negativos, ¿cómo limitar ese poder para que no actúe en detrimento de ella? Los estados totalitarios tienen una respuesta sencilla: la estatización. Pero en los estados democráticos y liberales el problema, por fortuna, es más complejo.
Daniel Cosío Villegas creyó que el poder de la televisión podía usarse para fines de educación y cultura. Su Historia mínima de México fue, en el origen, un guión para televisión. Al final de su vida, apareció en varios programas comentando el escenario internacional. Octavio Paz creyó también en la posibilidad de orientar el poder de la televisión hacia la cultura: solía hacer un comentario en el noticiero 24 Horas de Jacobo Zabludovsky, y creó varios proyectos de alta calidad intelectual que tuvieron, además, un rating respetable: la serie "Encuentros", "México en la obra de Octavio Paz", el "Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad". Luego de su muerte, muchos de quienes lo criticaban por aparecer en la televisión hicieron lo mismo que él. Por mi parte, nunca he dudado de que la televisión puede ser un espléndido vehículo de difusión histórica, como demostraron en su momento las telenovelas de Ernesto Alonso y Fausto Zerón Medina. La serie "México Nuevo Siglo", que desde 1998 hasta hoy se ha trasmitido por Canal 2, es -quiero pensar- otro ejemplo de que la televisión puede usarse con fines culturales.
Se dice que la vocación de la televisión es entretener. Puesto así el asunto parece sencillo, pero el problema reside en los contenidos. Los más violentos, degradantes, transgresivos o vacuos pueden ser "entretenidos", pero hacen un enorme daño a la sociedad. Por eso, nada menos que Karl Popper -el filósofo liberal más influyente del siglo XX- sostenía que, por la naturaleza de su "producto", la televisión requería de una reglamentación. Sería deseable -agregaba- que los medios electrónicos adoptaran públicamente un código autoimpuesto de ética, y crearan un instituto que emitiera licencias revocables en caso de violación (Karl Popper: La televisión es mala maestra, Fondo de Cultura Económica). En el mismo sentido, también sería muy sano que la televisión privada mexicana tomara la iniciativa de abrir un debate crítico y autocrítico sobre todos sus contenidos, y explorara seriamente la manera de mejorarlos incorporando una nueva y verdadera creatividad.
En términos de responsabilidad cívica, sigo sosteniendo lo que escribí en "Para salir de Babel" (mayo de 2004): "la televisión no ha estado a la altura de los tiempos... ha relegado uno de sus deberes fundamentales, sobre todo en un país atrasado y pobre como México: el deber de educar y formar opinión. La televisión podría ser un foro espléndido para que los actores de la vida pública y los ciudadanos en general (estudiantes, académicos, empresarios, militares, religiosos, obreros, campesinos) debatan (no sólo conversen) sobre los temas urgentes de nuestra agenda pública". En México, los debates pueden ser una gran escuela de tolerancia y civilidad.
Lo cual me lleva a la zona más delicada del poder de la televisión: su relación con el poder político. Durante los viejos tiempos del PRI, la televisión no servía al público: servía al Poder Ejecutivo. En el sexenio de Zedillo, la situación comenzó a cambiar en un sentido de pluralidad democrática que se afianzó a partir del año 2000. Sólo la mezquindad puede negar que, desde entonces, la televisión privada mexicana (y sí, Televisa en particular) abrió sus espacios informativos y de opinión a la oposición, en particular a la oposición de izquierda (Un botón de muestra: en la elección presidencial en el 2006, el número de menciones en radio y televisión de la Coalición por el Bien de Todos fue de 51,318; el PAN tuvo 39,243 y el PRI 43,467). Este proceso positivo de apertura se vio manchado -también es cierto- por hechos que significaban una contradictoria vuelta al pasado, como la cercanía con Los Pinos.
Pero más allá del desempeño de las televisoras en la transición democrática de México, es obvio que su lugar público no puede depender de su propia discrecionalidad: debe legislarse, y en efecto se ha legislado, una ley cuya constitucionalidad (objeto de la acción en esta materia) debate ahora mismo la Suprema Corte de Justicia. En nuestra transición democrática, el Poder Judicial ha debido ser el fiel de la balanza entre el Ejecutivo y el Legislativo, y ahora -si no hay imprevistos- debe pronunciarse en torno a la ley que engloba la radio, la televisión y las telecomunicaciones. Tratándose de un asunto tan importante, es encomiable que la ponencia de 546 páginas del ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano esté disponible en Internet, y que la Corte se haya mostrado abierta para que el público y las instituciones opinen sobre el tema. Un viejo axioma reza: "la Constitución dice lo que la Corte dice que la Constitución dice". Así es y así debe seguir siendo.
La complejidad técnica y jurídica de la ley rebasa, por supuesto, mi reducida área de conocimiento. Creo en la libre competencia y espero que la sentencia de la Corte la fortalezca. No creo que las futuras licitaciones deban darse sólo con criterios económicos, sino con ponderaciones a la oferta cualitativa de los posibles concesionarios. Creo también en la necesidad de alentar tanto a los medios culturales independientes como a los comunitarios e indígenas, y espero que la Corte -como apunta la ponencia- declare inconstitucional esa omisión, y que el Legislativo la subsane.
Por otro lado, pienso que, al menos en un sentido, la Ley vigente significa un avance sobre la anterior: resta al Presidente de la República la completa discrecionalidad en el dominio de las concesiones. Tal como está ahora, el Artículo 9-C establece que los comisionados de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) serán nombrados por el Presidente de la República, pasando por la "no objeción" del Senado, pero en el proyecto del ministro Aguirre Anguiano, el Artículo se considera inconstitucional porque "implica una invasión a las facultades del Presidente". Se aduce que el Artículo 76 de la Constitución no otorga al Senado facultades para intervenir en el área de la Administración Pública Centralizada, cuyo dominio corresponde sólo al Presidente y a cuya esfera pertenece la Cofetel. Independientemente de la sentencia inatacable que emita la Corte, creo que en el futuro sería sano que la Cofetel adquiriera autonomía respecto del Ejecutivo, haciendo intervenir a la representación nacional (es decir, al Senado) en el sentido de la "no objeción". Para ello, quizá bastaría que se legislara para la Cofetel un régimen de organismo descentralizado. La madurez democrática y republicana de México depende de la división y equilibrio de poderes, de todos los poderes
Daniel Cosío Villegas creyó que el poder de la televisión podía usarse para fines de educación y cultura. Su Historia mínima de México fue, en el origen, un guión para televisión. Al final de su vida, apareció en varios programas comentando el escenario internacional. Octavio Paz creyó también en la posibilidad de orientar el poder de la televisión hacia la cultura: solía hacer un comentario en el noticiero 24 Horas de Jacobo Zabludovsky, y creó varios proyectos de alta calidad intelectual que tuvieron, además, un rating respetable: la serie "Encuentros", "México en la obra de Octavio Paz", el "Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad". Luego de su muerte, muchos de quienes lo criticaban por aparecer en la televisión hicieron lo mismo que él. Por mi parte, nunca he dudado de que la televisión puede ser un espléndido vehículo de difusión histórica, como demostraron en su momento las telenovelas de Ernesto Alonso y Fausto Zerón Medina. La serie "México Nuevo Siglo", que desde 1998 hasta hoy se ha trasmitido por Canal 2, es -quiero pensar- otro ejemplo de que la televisión puede usarse con fines culturales.
Se dice que la vocación de la televisión es entretener. Puesto así el asunto parece sencillo, pero el problema reside en los contenidos. Los más violentos, degradantes, transgresivos o vacuos pueden ser "entretenidos", pero hacen un enorme daño a la sociedad. Por eso, nada menos que Karl Popper -el filósofo liberal más influyente del siglo XX- sostenía que, por la naturaleza de su "producto", la televisión requería de una reglamentación. Sería deseable -agregaba- que los medios electrónicos adoptaran públicamente un código autoimpuesto de ética, y crearan un instituto que emitiera licencias revocables en caso de violación (Karl Popper: La televisión es mala maestra, Fondo de Cultura Económica). En el mismo sentido, también sería muy sano que la televisión privada mexicana tomara la iniciativa de abrir un debate crítico y autocrítico sobre todos sus contenidos, y explorara seriamente la manera de mejorarlos incorporando una nueva y verdadera creatividad.
En términos de responsabilidad cívica, sigo sosteniendo lo que escribí en "Para salir de Babel" (mayo de 2004): "la televisión no ha estado a la altura de los tiempos... ha relegado uno de sus deberes fundamentales, sobre todo en un país atrasado y pobre como México: el deber de educar y formar opinión. La televisión podría ser un foro espléndido para que los actores de la vida pública y los ciudadanos en general (estudiantes, académicos, empresarios, militares, religiosos, obreros, campesinos) debatan (no sólo conversen) sobre los temas urgentes de nuestra agenda pública". En México, los debates pueden ser una gran escuela de tolerancia y civilidad.
Lo cual me lleva a la zona más delicada del poder de la televisión: su relación con el poder político. Durante los viejos tiempos del PRI, la televisión no servía al público: servía al Poder Ejecutivo. En el sexenio de Zedillo, la situación comenzó a cambiar en un sentido de pluralidad democrática que se afianzó a partir del año 2000. Sólo la mezquindad puede negar que, desde entonces, la televisión privada mexicana (y sí, Televisa en particular) abrió sus espacios informativos y de opinión a la oposición, en particular a la oposición de izquierda (Un botón de muestra: en la elección presidencial en el 2006, el número de menciones en radio y televisión de la Coalición por el Bien de Todos fue de 51,318; el PAN tuvo 39,243 y el PRI 43,467). Este proceso positivo de apertura se vio manchado -también es cierto- por hechos que significaban una contradictoria vuelta al pasado, como la cercanía con Los Pinos.
Pero más allá del desempeño de las televisoras en la transición democrática de México, es obvio que su lugar público no puede depender de su propia discrecionalidad: debe legislarse, y en efecto se ha legislado, una ley cuya constitucionalidad (objeto de la acción en esta materia) debate ahora mismo la Suprema Corte de Justicia. En nuestra transición democrática, el Poder Judicial ha debido ser el fiel de la balanza entre el Ejecutivo y el Legislativo, y ahora -si no hay imprevistos- debe pronunciarse en torno a la ley que engloba la radio, la televisión y las telecomunicaciones. Tratándose de un asunto tan importante, es encomiable que la ponencia de 546 páginas del ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano esté disponible en Internet, y que la Corte se haya mostrado abierta para que el público y las instituciones opinen sobre el tema. Un viejo axioma reza: "la Constitución dice lo que la Corte dice que la Constitución dice". Así es y así debe seguir siendo.
La complejidad técnica y jurídica de la ley rebasa, por supuesto, mi reducida área de conocimiento. Creo en la libre competencia y espero que la sentencia de la Corte la fortalezca. No creo que las futuras licitaciones deban darse sólo con criterios económicos, sino con ponderaciones a la oferta cualitativa de los posibles concesionarios. Creo también en la necesidad de alentar tanto a los medios culturales independientes como a los comunitarios e indígenas, y espero que la Corte -como apunta la ponencia- declare inconstitucional esa omisión, y que el Legislativo la subsane.
Por otro lado, pienso que, al menos en un sentido, la Ley vigente significa un avance sobre la anterior: resta al Presidente de la República la completa discrecionalidad en el dominio de las concesiones. Tal como está ahora, el Artículo 9-C establece que los comisionados de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) serán nombrados por el Presidente de la República, pasando por la "no objeción" del Senado, pero en el proyecto del ministro Aguirre Anguiano, el Artículo se considera inconstitucional porque "implica una invasión a las facultades del Presidente". Se aduce que el Artículo 76 de la Constitución no otorga al Senado facultades para intervenir en el área de la Administración Pública Centralizada, cuyo dominio corresponde sólo al Presidente y a cuya esfera pertenece la Cofetel. Independientemente de la sentencia inatacable que emita la Corte, creo que en el futuro sería sano que la Cofetel adquiriera autonomía respecto del Ejecutivo, haciendo intervenir a la representación nacional (es decir, al Senado) en el sentido de la "no objeción". Para ello, quizá bastaría que se legislara para la Cofetel un régimen de organismo descentralizado. La madurez democrática y republicana de México depende de la división y equilibrio de poderes, de todos los poderes
Etiquetas: Enrique Krauze, Libertad de Prensa
REFORMA | 10 de mayo de 2007
El PRD es hoy la principal expresión de la izquierda mexicana, un partido exitoso, parte medular de la representación política, un poder real y actuante. Pero vive cruzado por distintas paradojas.
1) El PRD fue la desembocadura organizativa del potente movimiento electoral encabezado por el ingeniero Cárdenas. El Frente Democrático Nacional, integrado formalmente por cuatro partidos con registro, pero con el aporte sustantivo de la Corriente Democrática, al que se unió un buen número de organizaciones políticas y sociales, encontró en la formación de un partido la mejor forma de dar continuidad a la fuerza desatada por los comicios de 1988. Si se deseaba multiplicar la presencia política de la izquierda, revertir su atomización, incrementar su influencia, garantizar su permanencia y un día encabezar el gobierno de la República, nada mejor que la construcción de un partido. Y todos los objetivos enunciados -salvo el último- se han logrado. Primera paradoja: esa asignatura pendiente nubla la evaluación de todo lo demás.
2) El PRD fue conformado de manera natural por las corrientes que lo fundaron. Ex militantes del PRI junto con la más amplia gama de posiciones de izquierda. Al inicio resultaba normal que aquellos que tenían una trayectoria, un ideario, unos signos de identidad comunes siguieran trabajando en el nuevo partido como una red o una corriente. La confianza construida con anterioridad y hasta las relaciones amistosas tendían a reproducir en el nuevo partido los alineamientos previos. No podía ser de otra manera. La historia modela querencias y reflejos. Por supuesto, luego de 18 años las corrientes no son ni podían ser las mismas. Se han producido realineamientos, fusiones y confusiones. Pero el modus operandi sigue siendo similar. Segunda paradoja: la riqueza del partido -una diversidad de tradiciones y corrientes- al mismo tiempo es fuente de problemas y conflictos circulares.
3) Dos liderazgos carismáticos y sucesivos han cohesionado al PRD y lo han proyectado como una fuerza central en la arena política. Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador le han proporcionado a esa formación un extra que le ha permitido entrar en contacto y ganar la adhesión de franjas de ciudadanos que de otra manera no hubiesen volteado a ver siquiera al PRD. Tercera paradoja: no obstante, esos liderazgos han hecho patente que entre la dirección real y la formal existe un fuerte desfase, y ello deja su huella en la vida de la organización, sujeta a los proyectos, prioridades y necesidades de los liderazgos.
4) El PRD es una maquinaria poderosa, pero su organización es -reconocido por sus propios militantes- precaria, informal, deficiente. Sin un auténtico padrón de sus afiliados y sin núcleos de base con trabajo regular, su vida interna es, para decirlo de manera suave, intermitente. Sin ese cimiento sólido, la fórmula de asambleas sucesivas -distritales, estatales, nacionales- como mecanismo de encuentro, discusión y negociación, se ve erosionada. Así, sin tener resuelto lo elemental, el PRD se ha permitido varias fugas hacia delante, como la de llamar a cualquier ciudadano con credencial para votar a participar en la elección de candidatos a los cargos de representación o la realización de encuestas para alcanzar los mismos fines. Correr antes que caminar. Cuarta paradoja: esas supuestas medidas democráticas lo único que hacen es incrementar los grados de desorganización interna.
5) El PRD tiene una rica vida interna. Como todo partido moderno se encuentra marcado por una cierta tendencia endogámica. Sus militantes (o por lo menos sus dirigentes) viven en un mundo propio cargado de sentido, escaramuzas, debates, grillas, alianzas, porque así es la vida en cualquier organización compleja. Se trata de un espacio absorbente, difícil, y en ocasiones apasionante. Sin embargo, mantiene escasos puentes de comunicación con el "exterior". En particular, los lazos con el mundo de la cultura y la ciencia son precarios, lánguidos, instrumentales. Quinta paradoja: lo que debería ser un proyecto político cultural se adelgaza hasta convertirse en meramente político.
6) El PRD ha sido motor fundamental y usufructuario del monumental cambio político que ha vivido el país. Sin sus esfuerzos, movilizaciones, reclamos, no hubiese sido posible la transición democrática, la edificación de un sistema de partidos equilibrado con elecciones competitivas y con un mundo de la representación política invadido por la pluralidad y cargado de innumerables pesos y contrapesos. Y al mismo tiempo el PRD ha sido beneficiario del cambio. Gobierna seis entidades, es la segunda fuerza en la Cámara de Diputados y la tercera en el Senado, encabeza decenas de municipios, está presente en todos los congresos locales y sus síndicos y regidores suman cientos. Sexta paradoja: el PRD es un partido de gobierno que se comporta como si fuera sólo de oposición.
7) En el PRD se sabe que a través de la "vía electoral" puede llegar al gobierno federal, tal y como lo ha conseguido en diferentes estados y municipios. Saben también -espero- que lo electoral es sólo la punta del iceberg de una construcción civilizatoria que permite la expresión, la convivencia y la competencia de la pluralidad. Entienden que la democracia es un sistema de gobierno que no sólo permite la reproducción de la diversidad política sino que intenta preservarla. Séptima paradoja: y sin embargo, con una consistencia digna de mejores causas, en su discurso la lucha política aparece como una confrontación entre San Jorge y el dragón.
8) El futuro del PRD está ligado al asentamiento de la democracia. Octava Paradoja: y sin embargo.
El PRD es hoy la principal expresión de la izquierda mexicana, un partido exitoso, parte medular de la representación política, un poder real y actuante. Pero vive cruzado por distintas paradojas.
2) El PRD fue conformado de manera natural por las corrientes que lo fundaron. Ex militantes del PRI junto con la más amplia gama de posiciones de izquierda. Al inicio resultaba normal que aquellos que tenían una trayectoria, un ideario, unos signos de identidad comunes siguieran trabajando en el nuevo partido como una red o una corriente. La confianza construida con anterioridad y hasta las relaciones amistosas tendían a reproducir en el nuevo partido los alineamientos previos. No podía ser de otra manera. La historia modela querencias y reflejos. Por supuesto, luego de 18 años las corrientes no son ni podían ser las mismas. Se han producido realineamientos, fusiones y confusiones. Pero el modus operandi sigue siendo similar. Segunda paradoja: la riqueza del partido -una diversidad de tradiciones y corrientes- al mismo tiempo es fuente de problemas y conflictos circulares.
3) Dos liderazgos carismáticos y sucesivos han cohesionado al PRD y lo han proyectado como una fuerza central en la arena política. Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador le han proporcionado a esa formación un extra que le ha permitido entrar en contacto y ganar la adhesión de franjas de ciudadanos que de otra manera no hubiesen volteado a ver siquiera al PRD. Tercera paradoja: no obstante, esos liderazgos han hecho patente que entre la dirección real y la formal existe un fuerte desfase, y ello deja su huella en la vida de la organización, sujeta a los proyectos, prioridades y necesidades de los liderazgos.
4) El PRD es una maquinaria poderosa, pero su organización es -reconocido por sus propios militantes- precaria, informal, deficiente. Sin un auténtico padrón de sus afiliados y sin núcleos de base con trabajo regular, su vida interna es, para decirlo de manera suave, intermitente. Sin ese cimiento sólido, la fórmula de asambleas sucesivas -distritales, estatales, nacionales- como mecanismo de encuentro, discusión y negociación, se ve erosionada. Así, sin tener resuelto lo elemental, el PRD se ha permitido varias fugas hacia delante, como la de llamar a cualquier ciudadano con credencial para votar a participar en la elección de candidatos a los cargos de representación o la realización de encuestas para alcanzar los mismos fines. Correr antes que caminar. Cuarta paradoja: esas supuestas medidas democráticas lo único que hacen es incrementar los grados de desorganización interna.
5) El PRD tiene una rica vida interna. Como todo partido moderno se encuentra marcado por una cierta tendencia endogámica. Sus militantes (o por lo menos sus dirigentes) viven en un mundo propio cargado de sentido, escaramuzas, debates, grillas, alianzas, porque así es la vida en cualquier organización compleja. Se trata de un espacio absorbente, difícil, y en ocasiones apasionante. Sin embargo, mantiene escasos puentes de comunicación con el "exterior". En particular, los lazos con el mundo de la cultura y la ciencia son precarios, lánguidos, instrumentales. Quinta paradoja: lo que debería ser un proyecto político cultural se adelgaza hasta convertirse en meramente político.
6) El PRD ha sido motor fundamental y usufructuario del monumental cambio político que ha vivido el país. Sin sus esfuerzos, movilizaciones, reclamos, no hubiese sido posible la transición democrática, la edificación de un sistema de partidos equilibrado con elecciones competitivas y con un mundo de la representación política invadido por la pluralidad y cargado de innumerables pesos y contrapesos. Y al mismo tiempo el PRD ha sido beneficiario del cambio. Gobierna seis entidades, es la segunda fuerza en la Cámara de Diputados y la tercera en el Senado, encabeza decenas de municipios, está presente en todos los congresos locales y sus síndicos y regidores suman cientos. Sexta paradoja: el PRD es un partido de gobierno que se comporta como si fuera sólo de oposición.
7) En el PRD se sabe que a través de la "vía electoral" puede llegar al gobierno federal, tal y como lo ha conseguido en diferentes estados y municipios. Saben también -espero- que lo electoral es sólo la punta del iceberg de una construcción civilizatoria que permite la expresión, la convivencia y la competencia de la pluralidad. Entienden que la democracia es un sistema de gobierno que no sólo permite la reproducción de la diversidad política sino que intenta preservarla. Séptima paradoja: y sin embargo, con una consistencia digna de mejores causas, en su discurso la lucha política aparece como una confrontación entre San Jorge y el dragón.
8) El futuro del PRD está ligado al asentamiento de la democracia. Octava Paradoja: y sin embargo.
Etiquetas: José Woldenberg, PRD
REFORMA
Hace 25 años (casi), el 19 de junio de 1982, el Zócalo de la Ciudad de México se vio inundado por una multitud que apoyaba la candidatura a la Presidencia de la República de Arnoldo Martínez Verdugo, postulado por el Partido Socialista Unificado de México. Aquel día, por primera vez luego de 14 años, una manifestación independiente ocupaba ese espacio. Desde las masivas concentraciones de 1968 el Zócalo se había convertido en tabú, en zona prohibida para la oposición y desde el gobierno se impedía por todos los medios que voces disidentes se expresaran ahí. Era un área que sólo podía ser explotada por el oficialismo. No obstante, aquel día, miles y miles de hombres y mujeres caminando desde un costado del Monumento a la Revolución llegaron a la plaza con sus banderas rojas. Y entre consignas y gritos ejercieron sus derechos e hicieron suya y ayudaron a construir esa noción evanescente que denominamos libertad.
Hace un cuarto de siglo, el PSUM realizó su primera y única campaña presidencial. La novedad: lo hacía amparado en la ley. En 1976, el Partido Comunista había postulado como candidato a la Presidencia a Valentín Campa para hacerse presente a la luz del día y como fórmula para denunciar su exclusión arbitraria del marco electoral. La reforma política del año siguiente (1977) no puede explicarse sin aquel reclamo y sin la enorme conflictividad que cruzaba al país y que no encontraba puentes de comunicación con el espacio institucional. Las elecciones intermedias de 1979 habían sido la primera prueba de la reforma y en 1982 contendían siete candidatos a la Presidencia, luego de que en 1976 oficialmente sólo había una opción, la de José López Portillo apoyado por el PRI, el PPS y el PARM. Ahora, los partidos eran considerados por la Constitución "entidades de interés público" y podían ejercer una serie de derechos y prerrogativas y eso era lo que hacía, sin duda, el PSUM.
Hace 25 años, el PSUM representaba el primer intento de unificar a la izquierda mexicana. Hasta ese momento profundamente dividida y sin peso sustantivo en las elecciones, se trataba de revertir esa situación y proyectarla como una fuerza alternativa. El 6 de noviembre de 1981 se habían fusionado en la nueva organización, los partidos Comunista Mexicano, del Pueblo Mexicano (PPM), Socialista Revolucionario (PSR) y los movimientos de Acción Popular (MAP) y de Acción y Unidad Socialista (MAUS). Trayectorias, idearios, formas de acción distintas se conjugaban para intentar multiplicar el peso de la izquierda. Visto en retrospectiva, se trató de un primer eslabón que en los años siguientes se reforzaría con nuevos y más abarcadores procesos de fusión entre partidos, agrupaciones, corrientes e individuos.
Hace 25 años, cuando la mitad de los mexicanos que hoy están vivos aún no nacían, los candidatos del PSUM hicieron campaña a lo largo y ancho del país. Explotando las nuevas condiciones políticas y legales desplegaron sus iniciativas para entrar en contacto con miles y miles de ciudadanos. Arnoldo Martínez Verdugo y su caravana recorrieron el país en 185 días. Arrancó el 4 de diciembre de 1981 en la Plaza de Santo Domingo en el Distrito Federal y de ahí a Alcozauca, Guerrero (en la montaña), pequeño municipio enclavado en el fondo de una cañada, y que había sido el primero "conquistado" por el PCM... y ni un solo día fue de reposo. La izquierda entonces aparece en periódicos y revistas y de manera marginal en la radio y la televisión. Se empieza a convertir -como diría Mitterrand- en parte del paisaje. "El candidato del PSUM recorrió más de 38 mil kilómetros para visitar 202 municipios y poblados en los que encabezó 311 actos públicos, entre ellos 167 mítines, 65 comidas populares; y asistir a 10 penales para hablar con prisioneros políticos. Además, encuentros, marchas, foros y ofrendas florales. En total cerca de 305 mil 790 personas acudieron a tales concentraciones. Nunca, como entonces, una campaña proselitista de izquierda tuvo contacto personal con semejante cantidad de mexicanos", escribieron los entonces reporteros Rogelio Hernández y Roberto Rock en su vibrante crónica de la campaña titulada precisamente Zócalo Rojo (Océano, 1982, p. 21).
Hace 25 años, la campaña del PSUM intentó poner en el centro del debate público los diagnósticos y las propuestas, hacer de la confrontación político-electoral un escenario cargado de ideas, análisis, iniciativas. Así lo escribió entonces Rolando Cordera: "se requería... convertir a la campaña en una suerte de foro omnipresente en el cual el Partido frente a la sociedad, el Estado y la Nación, ubicara o descubriera los nudos estratégicos de la problemática mexicana, explorara y arriesgara soluciones, especulara y proyectara vías de acción, coaliciones posibles y aparentemente imposibles, y vislumbrara, con el máximo de libertad, nuevas plataformas de desarrollo social y político... lo anterior pretendía establecer como eje de la acción política del socialismo mexicano la noción de proyecto nacional alternativo" (en Zócalo Rojo, Op. cit., p. 11-12). Se discutía sobre las posibilidades de "una nueva sociedad rural" y la defensa de los recursos naturales, sobre el diálogo entre cristianos y marxistas y la situación de los indígenas, sobre los contenidos de una nueva reforma política y la necesaria libertad y democracia en los sindicatos, la emancipación de la mujer, los problemas de la educación y "el socialismo al que aspiramos" (A. Martínez Verdugo, El proyecto socialista, editorial del Comité Central, 1983, 323 págs).
Hace un cuarto de siglo, en la elección presidencial, el PSUM y Arnoldo Martínez Verdugo obtuvieron 821 mil 995 votos, el 3.48 por ciento
Hace 25 años (casi), el 19 de junio de 1982, el Zócalo de la Ciudad de México se vio inundado por una multitud que apoyaba la candidatura a la Presidencia de la República de Arnoldo Martínez Verdugo, postulado por el Partido Socialista Unificado de México. Aquel día, por primera vez luego de 14 años, una manifestación independiente ocupaba ese espacio. Desde las masivas concentraciones de 1968 el Zócalo se había convertido en tabú, en zona prohibida para la oposición y desde el gobierno se impedía por todos los medios que voces disidentes se expresaran ahí. Era un área que sólo podía ser explotada por el oficialismo. No obstante, aquel día, miles y miles de hombres y mujeres caminando desde un costado del Monumento a la Revolución llegaron a la plaza con sus banderas rojas. Y entre consignas y gritos ejercieron sus derechos e hicieron suya y ayudaron a construir esa noción evanescente que denominamos libertad.
Hace un cuarto de siglo, el PSUM realizó su primera y única campaña presidencial. La novedad: lo hacía amparado en la ley. En 1976, el Partido Comunista había postulado como candidato a la Presidencia a Valentín Campa para hacerse presente a la luz del día y como fórmula para denunciar su exclusión arbitraria del marco electoral. La reforma política del año siguiente (1977) no puede explicarse sin aquel reclamo y sin la enorme conflictividad que cruzaba al país y que no encontraba puentes de comunicación con el espacio institucional. Las elecciones intermedias de 1979 habían sido la primera prueba de la reforma y en 1982 contendían siete candidatos a la Presidencia, luego de que en 1976 oficialmente sólo había una opción, la de José López Portillo apoyado por el PRI, el PPS y el PARM. Ahora, los partidos eran considerados por la Constitución "entidades de interés público" y podían ejercer una serie de derechos y prerrogativas y eso era lo que hacía, sin duda, el PSUM.
Hace 25 años, el PSUM representaba el primer intento de unificar a la izquierda mexicana. Hasta ese momento profundamente dividida y sin peso sustantivo en las elecciones, se trataba de revertir esa situación y proyectarla como una fuerza alternativa. El 6 de noviembre de 1981 se habían fusionado en la nueva organización, los partidos Comunista Mexicano, del Pueblo Mexicano (PPM), Socialista Revolucionario (PSR) y los movimientos de Acción Popular (MAP) y de Acción y Unidad Socialista (MAUS). Trayectorias, idearios, formas de acción distintas se conjugaban para intentar multiplicar el peso de la izquierda. Visto en retrospectiva, se trató de un primer eslabón que en los años siguientes se reforzaría con nuevos y más abarcadores procesos de fusión entre partidos, agrupaciones, corrientes e individuos.
Hace 25 años, cuando la mitad de los mexicanos que hoy están vivos aún no nacían, los candidatos del PSUM hicieron campaña a lo largo y ancho del país. Explotando las nuevas condiciones políticas y legales desplegaron sus iniciativas para entrar en contacto con miles y miles de ciudadanos. Arnoldo Martínez Verdugo y su caravana recorrieron el país en 185 días. Arrancó el 4 de diciembre de 1981 en la Plaza de Santo Domingo en el Distrito Federal y de ahí a Alcozauca, Guerrero (en la montaña), pequeño municipio enclavado en el fondo de una cañada, y que había sido el primero "conquistado" por el PCM... y ni un solo día fue de reposo. La izquierda entonces aparece en periódicos y revistas y de manera marginal en la radio y la televisión. Se empieza a convertir -como diría Mitterrand- en parte del paisaje. "El candidato del PSUM recorrió más de 38 mil kilómetros para visitar 202 municipios y poblados en los que encabezó 311 actos públicos, entre ellos 167 mítines, 65 comidas populares; y asistir a 10 penales para hablar con prisioneros políticos. Además, encuentros, marchas, foros y ofrendas florales. En total cerca de 305 mil 790 personas acudieron a tales concentraciones. Nunca, como entonces, una campaña proselitista de izquierda tuvo contacto personal con semejante cantidad de mexicanos", escribieron los entonces reporteros Rogelio Hernández y Roberto Rock en su vibrante crónica de la campaña titulada precisamente Zócalo Rojo (Océano, 1982, p. 21).
Hace 25 años, la campaña del PSUM intentó poner en el centro del debate público los diagnósticos y las propuestas, hacer de la confrontación político-electoral un escenario cargado de ideas, análisis, iniciativas. Así lo escribió entonces Rolando Cordera: "se requería... convertir a la campaña en una suerte de foro omnipresente en el cual el Partido frente a la sociedad, el Estado y la Nación, ubicara o descubriera los nudos estratégicos de la problemática mexicana, explorara y arriesgara soluciones, especulara y proyectara vías de acción, coaliciones posibles y aparentemente imposibles, y vislumbrara, con el máximo de libertad, nuevas plataformas de desarrollo social y político... lo anterior pretendía establecer como eje de la acción política del socialismo mexicano la noción de proyecto nacional alternativo" (en Zócalo Rojo, Op. cit., p. 11-12). Se discutía sobre las posibilidades de "una nueva sociedad rural" y la defensa de los recursos naturales, sobre el diálogo entre cristianos y marxistas y la situación de los indígenas, sobre los contenidos de una nueva reforma política y la necesaria libertad y democracia en los sindicatos, la emancipación de la mujer, los problemas de la educación y "el socialismo al que aspiramos" (A. Martínez Verdugo, El proyecto socialista, editorial del Comité Central, 1983, 323 págs).
Hace un cuarto de siglo, en la elección presidencial, el PSUM y Arnoldo Martínez Verdugo obtuvieron 821 mil 995 votos, el 3.48 por ciento
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REFORMA | 6 de Mayo de 2007
Sólo a Roger Bartra, esa ave rara en la izquierda mexicana, podía habérsele ocurrido convocar a un seminario para analizar el futuro de la izquierda y la democracia, visto no como un binomio armónico y natural sino como una relación difícil y, a menudo, contradictoria. El seminario tuvo lugar, a lo largo de varias semanas, en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. No es la primera vez que Bartra -sociólogo, antropólogo y ensayista, antiguo miembro del Partido Comunista y alguna vez director de El Machete- adopta posturas de sana y desconcertante heterodoxia. Un caso memorable en ese sentido fue su invitación a Octavio Paz para debatir sus ideas liberales con Luis Villoro, Carlos Monsiváis y el propio Bartra, en un acto que tuvo lugar en 1980, en el propio instituto (dominado entonces por el dogma marxista). Casi tres décadas después, el pasado 30 de abril, Bartra me invitó a cerrar el ciclo. Mi tema fue el "Desencuentro entre el liberalismo y la izquierda".
Para abordarlo, en lugar de un acercamiento teórico preferí un enfoque biográfico e hice referencia al desencuentro entre Octavio Paz y la izquierda. Cuando lo conocí (en 1976) Paz llevaba años de querer entablar un debate respetuoso, serio y profundo con la izquierda, o con las izquierdas, sobre los grandes temas: la URSS, China, Cuba, la herencia del socialismo, el sentido de la libertad, el papel del Estado, la idea de Revolución, etc... La posibilidad de ese diálogo fue, estoy seguro, una de sus obsesiones, de allí que la invitación de Bartra lo entusiasmara tanto. Pero esa golondrina no hizo verano. Tras aquel encuentro volvió el ninguneo, el insulto, la descalificación. No obstante, Paz siguió porfiando. La raíz de su insistencia era clara: como si se hablara a sí mismo -al joven que había sido en los años treinta- quería persuadir a los militantes sobre las equivocaciones conceptuales, las vastas lagunas de información y las graves complicidades morales en que incurrían. Con ese propósito, en 1990 concibió (junto con sus colaboradores) el "Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad". El resultado fue alentador en términos de público y lamentable como puente de comunicación. Un sector importante de la izquierda declaró que los participantes formábamos parte de la "internacional fascista".
Recuerdo la indignación de esos autores (Cornelius Castoriadis, Ferenc Fehér, Agnes Heller, Ivan Klíma, Leszek Kolakowski, Norman Manea, Adam Michnik, Czeslaw Milosz, Tatyana Tolstaya, Hugh Trevor-Roper, Daniel Bell e Irving Howe, entre otros) al enterarse de los ataques. Vale la pena transcribir una parte de su respuesta pública:
"En la jerga estalinista, heredada por varias sectas de izquierda, todo el que luchó contra la esclavitud, la tortura, la censura y la tiranía, es automáticamente fascista. O sea: un fascista es aquel que luchó contra esos horrores en todas partes, en lugar de distinguir entre tortura de derecha y tortura de izquierda o entre esclavitud progresista o esclavitud reaccionaria. En esta lógica, a personas que fueron víctimas tanto del nazismo como del comunismo -éste es, precisamente, el caso de muchos de los participantes en el Encuentro Vuelta- se les ha llamado una y otra vez fascistas. Para todos esos estalinistas, maoístas, castristas, que lamentan con histeria el derrumbe de las tiranías comunistas, fascistas equivale aproximadamente a liberal. Según ese criterio; Koestler, Silone y muchos otros defensores de las libertades cívicas y de los derechos humanos fueron fascistas. De todo esto se desprende que los participantes en el Encuentro Vuelta no estamos en mala compañía. Denunciamos ante la opinión pública mexicana ese mal disimulado residuo de la mentalidad y de la actitud estalinista, en gente que no ha aprendido nada...".
Al final de su vida, a pesar de la caída del Muro de Berlín y la adopción casi universal de los valores democráticos que había predicado, Paz -me consta- se sentía desencantado. La izquierda nunca respondió a su llamado: algunos lo vejaron (recuérdese el episodio de la quema de su retrato frente a la embajada estadounidense, en 1984, cuando se atrevió a pedir elecciones abiertas en Nicaragua), otros lo admiraron de manera vergonzante (en secreto, de lejos), pero muy pocos quisieron en verdad dialogar con él. Lo cierto es que Paz ganó muchas batallas (la del público lector, y la más amplia de la libertad y la democracia), pero la batalla más importante para él en términos biográficos, esa batalla la perdió. Sus sordos y ciegos malquerientes la perdieron también.
A casi diez años de la muerte de Paz, el panorama no es halagador. El fugaz acercamiento de la izquierda (partidaria, académica, intelectual y periodística) a las posiciones liberales ocurrió durante la fase final de la lucha contra el autoritarismo del PRI. Después sobrevino el neozapatismo -nuevo despertar del desvarío revolucionario- y, apenas el año pasado, la idolatría del caudillo. Con todo, estoy convencido de que México necesita con urgencia una izquierda moderna y la razón es clara: sólo desde una legitimidad de izquierda el país puede reformar de fondo, y de manera definitiva, su estructura política y económica. Si la izquierda se reforma el país se reforma. Si la izquierda se moderniza el país se moderniza. ¿Es impensable un reencuentro de la izquierda con la tradición liberal?
Al abrir su exposición, Bartra mencionó que, semanas atrás, Paco Ignacio Taibo II se había referido a Octavio Paz como "un gángster" a quien "odiaba". Por lo visto, Taibo "no ha aprendido nada". Si ésas son las actitudes que prevalecen en la izquierda frente a los exponentes del pensamiento liberal, no hay esperanza. Pero en los rostros y las preguntas de los jóvenes que participaron en el Seminario entreví una actitud opuesta: atención, seriedad, civilidad, curiosidad, tolerancia, pluralidad, interés genuino por escuchar las opiniones ajenas y por buscar la verdad. Ellos sí han aprendido. En ellos está la esperanza.
Sólo a Roger Bartra, esa ave rara en la izquierda mexicana, podía habérsele ocurrido convocar a un seminario para analizar el futuro de la izquierda y la democracia, visto no como un binomio armónico y natural sino como una relación difícil y, a menudo, contradictoria. El seminario tuvo lugar, a lo largo de varias semanas, en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. No es la primera vez que Bartra -sociólogo, antropólogo y ensayista, antiguo miembro del Partido Comunista y alguna vez director de El Machete- adopta posturas de sana y desconcertante heterodoxia. Un caso memorable en ese sentido fue su invitación a Octavio Paz para debatir sus ideas liberales con Luis Villoro, Carlos Monsiváis y el propio Bartra, en un acto que tuvo lugar en 1980, en el propio instituto (dominado entonces por el dogma marxista). Casi tres décadas después, el pasado 30 de abril, Bartra me invitó a cerrar el ciclo. Mi tema fue el "Desencuentro entre el liberalismo y la izquierda".
Para abordarlo, en lugar de un acercamiento teórico preferí un enfoque biográfico e hice referencia al desencuentro entre Octavio Paz y la izquierda. Cuando lo conocí (en 1976) Paz llevaba años de querer entablar un debate respetuoso, serio y profundo con la izquierda, o con las izquierdas, sobre los grandes temas: la URSS, China, Cuba, la herencia del socialismo, el sentido de la libertad, el papel del Estado, la idea de Revolución, etc... La posibilidad de ese diálogo fue, estoy seguro, una de sus obsesiones, de allí que la invitación de Bartra lo entusiasmara tanto. Pero esa golondrina no hizo verano. Tras aquel encuentro volvió el ninguneo, el insulto, la descalificación. No obstante, Paz siguió porfiando. La raíz de su insistencia era clara: como si se hablara a sí mismo -al joven que había sido en los años treinta- quería persuadir a los militantes sobre las equivocaciones conceptuales, las vastas lagunas de información y las graves complicidades morales en que incurrían. Con ese propósito, en 1990 concibió (junto con sus colaboradores) el "Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad". El resultado fue alentador en términos de público y lamentable como puente de comunicación. Un sector importante de la izquierda declaró que los participantes formábamos parte de la "internacional fascista".
Recuerdo la indignación de esos autores (Cornelius Castoriadis, Ferenc Fehér, Agnes Heller, Ivan Klíma, Leszek Kolakowski, Norman Manea, Adam Michnik, Czeslaw Milosz, Tatyana Tolstaya, Hugh Trevor-Roper, Daniel Bell e Irving Howe, entre otros) al enterarse de los ataques. Vale la pena transcribir una parte de su respuesta pública:
"En la jerga estalinista, heredada por varias sectas de izquierda, todo el que luchó contra la esclavitud, la tortura, la censura y la tiranía, es automáticamente fascista. O sea: un fascista es aquel que luchó contra esos horrores en todas partes, en lugar de distinguir entre tortura de derecha y tortura de izquierda o entre esclavitud progresista o esclavitud reaccionaria. En esta lógica, a personas que fueron víctimas tanto del nazismo como del comunismo -éste es, precisamente, el caso de muchos de los participantes en el Encuentro Vuelta- se les ha llamado una y otra vez fascistas. Para todos esos estalinistas, maoístas, castristas, que lamentan con histeria el derrumbe de las tiranías comunistas, fascistas equivale aproximadamente a liberal. Según ese criterio; Koestler, Silone y muchos otros defensores de las libertades cívicas y de los derechos humanos fueron fascistas. De todo esto se desprende que los participantes en el Encuentro Vuelta no estamos en mala compañía. Denunciamos ante la opinión pública mexicana ese mal disimulado residuo de la mentalidad y de la actitud estalinista, en gente que no ha aprendido nada...".
Al final de su vida, a pesar de la caída del Muro de Berlín y la adopción casi universal de los valores democráticos que había predicado, Paz -me consta- se sentía desencantado. La izquierda nunca respondió a su llamado: algunos lo vejaron (recuérdese el episodio de la quema de su retrato frente a la embajada estadounidense, en 1984, cuando se atrevió a pedir elecciones abiertas en Nicaragua), otros lo admiraron de manera vergonzante (en secreto, de lejos), pero muy pocos quisieron en verdad dialogar con él. Lo cierto es que Paz ganó muchas batallas (la del público lector, y la más amplia de la libertad y la democracia), pero la batalla más importante para él en términos biográficos, esa batalla la perdió. Sus sordos y ciegos malquerientes la perdieron también.
A casi diez años de la muerte de Paz, el panorama no es halagador. El fugaz acercamiento de la izquierda (partidaria, académica, intelectual y periodística) a las posiciones liberales ocurrió durante la fase final de la lucha contra el autoritarismo del PRI. Después sobrevino el neozapatismo -nuevo despertar del desvarío revolucionario- y, apenas el año pasado, la idolatría del caudillo. Con todo, estoy convencido de que México necesita con urgencia una izquierda moderna y la razón es clara: sólo desde una legitimidad de izquierda el país puede reformar de fondo, y de manera definitiva, su estructura política y económica. Si la izquierda se reforma el país se reforma. Si la izquierda se moderniza el país se moderniza. ¿Es impensable un reencuentro de la izquierda con la tradición liberal?
Al abrir su exposición, Bartra mencionó que, semanas atrás, Paco Ignacio Taibo II se había referido a Octavio Paz como "un gángster" a quien "odiaba". Por lo visto, Taibo "no ha aprendido nada". Si ésas son las actitudes que prevalecen en la izquierda frente a los exponentes del pensamiento liberal, no hay esperanza. Pero en los rostros y las preguntas de los jóvenes que participaron en el Seminario entreví una actitud opuesta: atención, seriedad, civilidad, curiosidad, tolerancia, pluralidad, interés genuino por escuchar las opiniones ajenas y por buscar la verdad. Ellos sí han aprendido. En ellos está la esperanza.
Etiquetas: Enrique Krauze, Izquierda
(23 de febrero de 1981, 18:21 hrs., Madrid, España)
Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma
Diciembre 4, 2006
La protesta de Felipe Calderón fue una muestra de entereza. La salida fácil era ceder ante la presión de los perredistas. Pero los rehenes políticos de López Obrador no formulaban una atendible petición parlamentaria: pretendían intimidar al nuevo mandatario para nublar la legalidad de su asunción. Más que eso: buscaban la ruptura del orden constitucional. Lo gritaron a los cuatro vientos y sin asomo de vergüenza: no permitiremos la toma de posesión. Imaginemos las mismas escenas con distintos actores. Imaginemos que el PRI hubiera declarado hace seis años que impediría por la fuerza la toma de posesión del Presidente panista porque la legitimidad histórica (no la pueril legitimidad institucional) le correspondía al partido de la revolución. Ése es el tamaño de la aberración que presenciamos. El intento perredista debe ser nombrado con sus ocho letras: golpismo. No merece otro nombre el afán de imponer por la fuerza una crisis institucional, fuimos testigos del intento de un golpe de Estado. En efecto, eso fue lo que vimos. Se intentó romper el orden democrático. Por eso es encomiable la tenacidad de los panistas, la conducta de los priistas y la determinación del Presidente entrante.
Suelen los transitómanos hablar con frecuencia del caso español. Han soñado durante años con una Moncloa, con una Constitución paralela a la del 78, con un pacto semejante al de la fundación española. Muchos políticos mexicanos se han imaginado como los personajes de aquella transición. Pues bien, si se quiere insistir en el paralelo, los perredistas han tenido a bien entregarnos una versión patética del coronel Tejero. Que no se haya escuchado un balazo en el salón del Congreso no altera la analogía. En ambos casos se intentó someter la democracia al imperio de la fuerza. La gran diferencia entre el episodio español y el mexicano no es el revólver del militar sino la procedencia de los golpistas mexicanos. Quienes pretendieron la ruptura institucional no eran militares disgustados con las contrariedades del pluralismo. Eran legisladores, esto es, representantes de un orden institucional y democrático. Su título, por cierto, es tan limpio como el del Presidente entrante. Fueron electos el mismo día y bajo las mismas reglas. Los mismos ciudadanos los eligieron y los mismos ciudadanos contaron los votos. Demencial es pensar que el título de unos es incuestionable mientras el del otro es descartado y lanzado al cesto de basura. El episodio es francamente delirante, incomprensible: los encargados de cuidar la casa empeñados en incendiarla. Sin recato alguno, anunciaron su determinación de dinamitar el relevo, es decir, de romper con el orden institucional. Quienes se decían moderados y razonables optaron por cuidar el pescuezo y no molestar al amado o, más bien, temido, líder. Comparsas de esta tragedia de la izquierda mexicana.
El partido que se define por su compromiso democrático actuó como lacayo de un rencor ciego y destructivo, desesperado y ridículo. El PRD mostró una monolítica convicción antidemocrática. A juzgar por el comportamiento de los perredistas en la Cámara y las declaraciones de sus voceros, esa persuasión resultó unánime. Dejo fuera de esta crítica los reparos de los gobernadores perredistas que se distanciaron de la ruta golpista. Lo sorprendente es que ni un solo legislador federal tuvo el valor de oponer su palabra a la bravuconería del vocero perredista. Ni un solo diputado, ni un solo senador fue capaz de esgrimir un argumento frente a la política del rencor y la ambición revanchista. La disciplina del miedo se impuso dentro de ese partido. Los moderados terminaron siendo nada, cómplices silenciosos de la enajenación golpista. La retórica perredista de estas jornadas lamentables no fue más que ostentación de amenazas, anticipos de violencia y vaticinios apocalípticos. Si atendemos las palabras del cacique todavía reinante en esa provincia, el compromiso político del PRD consiste en la ambiciosa tarea de hacer fracasar al gobierno. Eso. No tratarán de oponerse a sus políticas. No pretenden resistir iniciativas contrarias a su proyecto. Pretenden oponerse también a aquellas medidas que adopten su plan, si es que vienen del gobierno. Es el patriotismo de la hecatombe. La única forma de hacerle un bien a México es incendiarlo primero para sembrar en tierra enriquecida con cadáveres panistas. El compromiso democrático significa para el PRD empeñarse en el naufragio del gobierno.
La entereza de Calderón merece reconocimiento. El Presidente venció los obstáculos físicos que le pusieron en el camino, entró al Congreso y ahí protestó el cargo. La frustración de los golpistas que se empeñaban en hacer fracasar la ceremonia es un triunfo democrático. No olvido las enormes dificultades que enfrenta su gobierno. No menosprecio los retos que enfrentará en el flanco institucional y, sobre todo, en el ámbito de la política salvaje. Creo que su equipo tiene fallas evidentes y que, por algunos nombramientos, envía señales preocupantes. Pero Felipe Calderón ha plantado cara a la intimidación que nos ha gobernado durante seis años. Ésa fue, en efecto, la autoridad suprema durante el sexenio de Fox: el chantaje. Padecimos durante años la política de la extorsión, esa política en donde la amenaza era respondida una y otra vez con concesiones. Un Presidente sin idea de gobierno y un grupo de actores políticos sin compromiso alguno con la legalidad; chantaje y cesión. Ése fue el círculo fatal del foxismo. El primer gesto de Calderón ha sido escapar de él. Ése es el atisbo de un buen comienzo.
Etiquetas: AMLO, Movilizaciones, PRD
Y ahora no me checan las cuentas. Cómo que me transearon con el cambio?
2 comentarios Publicadas por Pazzopony a la/s 7:52 p.m.Complemento y continuación de "No me checa el audio con el video"
Bla, bla, bla... Pura palabrería barata en los discursos de AMLO y de los supuestamente preocupados por el pueblo y por los pobres. Sin embargo, como todo en la vida de AMLO, existen muchas incongruencias e incoherencias y quiero criticar ahorita algunas que me hacen tener una sensación como si me hubieran robado la cartera o me hubieran transado con el cambio. Veamos...
Dicho directamente por Andrecito (consta video con audio legítimo) desde el momento que se quedó desempleado y sin ningún prospecto de empleo (cuando PERDIÓ las elecciones), declaró que el PRD le pagaba $25,000.00 mensuales por los "trabajitos" que hacía o sea que, el PRD le pagaba 535 veces el salario mínimo solo por echar grilla!!!!! No que muy preocupado por la austeridad? De esto se desprenden varias cosas: el PRD se mantiene de las aportaciones de sus militantes (con su dinero pueden hacer lo que quieran) pero también se mantiene en un cierto porcentaje con una aportación que el gobierno dá a todos los partidos políticos y de los cuales los mismos tienen que rendir cuentas. Esto quiere decir que, una parte de ese 'donativo', de esa 'limosna' que el PRD le da a AMLO lo estamos pagando de nuestros impuestos también los que no solo no votamos por AMLO sino que también detestamos a AMLO!!!! Y todo para que el bato haga grilla??? Chale! Ahora bien, si se maneja como 'donativo' (o sea altruismo), la ley marca que los 'donativos' son deducibles de impuestos... caso interesante. Ok, ok. No se maneja como donativo, ni es deducible de impuestos ya que no existe un recibo. Muy bien, entonces como justifica el PRD el uso de los recursos que el Gobierno le asigna y que se lo está regalando a un desempleado solo para alborotar gente y causar grilla y que no existe un recibo de por medio???? Y además, si AMLO está legalmente desempleado y recibe $25,000 mensuales (535 veces el salario mínimo), está legalmente en una situación semejante a la de un vendedor ambulante, de esos que hacen algo ilícito y además no pagan impuestos!!! Andrecito cobra un muy buen billete ya neto (el bruto es él!), por no hacer otra cosa más que causar grilla (o sea que es un porro) y no paga impuestos!!!!
Pero las cosas van más allá. Ahora que es "Prejidente de juguete", pretende que su sueldo sea de $50,000.00 o sea 1,070 veces el salario mínimo!!!! Que jijo, hisuchi!!! Cuanta austeridad! Y esos 50,000 volovanes también son libres de impuestos!!! Andrecito sigue siendo un desempleado... un desempleado que gana 1070 veces el salario mínimo y que lo gana a través de donativos que recaudará su patética fundación "Honestidad valiente". Si mi ignorancia no me traiciona, hasta donde sé la ley marca que toda Asociación Civil debe estar registrada y rendir cuentas; recuerdan la broncota en la que se metió Jorge Serrano Limón, aquel mojigato de ProVida? AMLO no pagará impuestos de sus gloriosos $50,000 (cualquiera de nosotros ya quisiera ganar eso mensualmente) pero en su "gobierno itinerante", ese que hará de jueves a domingo conociendo nuestra hermosa República Mexicana y solo haciendo grilla, gastará un chingo de viáticos extras a sus 50,000 varos mensuales. De donde van a salir sus viáticos por mínimo 25,000 al mes??? Y las facturas que se emitan por esos viáticos, ¿quién o quiénes serán las personas u organizaciones u empresas que las deduzcan ilegalmente de sus declaraciones de impuestos? Mmmmmmhhh! Negocio redondo verdad? Y todo esto estará auditado por la honesta y recta Claudia Scheinbaum en su ridículo puesto de "Gabinete legítimo" de Secretaria de Patrimonio Nacional cuya función es defender el Patrimonio de la Nación??? O bien, auditado por Octavio Ramírez Oropeza como Secretario para la Honestidad y Austeridad Republicana???
Muy interesante! Y definitivamente, no checa el audio con el video. La bola de farsantes dicen una cosa y hacen, muy enmascaradamente, todo lo opuesto.
Y esta historia continuará.....
A ver, a ver.... no me checa el audio con el video!
0 comentarios Publicadas por Pazzopony a la/s 7:00 p.m.21 de noviembre de 2006
El Reforma
Roberto Zamarripa
Los comentarios en colores, son responsabilidad de quien publica este blog. No hay ninguna responsabilidad por parte del autor del artículo periodístico.
Era en serio. De manera muy formal, la senadora Rosario Ibarra de Piedra colocó la banda presidencial por encima del hombro derecho de Andrés Manuel López Obrador y éste juró cumplir la Constitución para provocar algarabía en el Zócalo lleno.Si no fuera en serio parecería la coronación de una kermes.
Pues en serio que si parece coronación de kermes. "De manera muy formal"??? Neta??? Por favor, si la Sra. Ibarra le puso al revés la banda, se la puso chueca y si de por sí el Peje está mal hecho, pues se veía más ridículo.
A decir del tono de la gente, de la bulla que armaron, de los gritos con los que llegaron al Zócalo o con los que se retiraron cuando caía la noche, de verdad se la creían."¡Tenemos Presidente!", decían con fe las señoras, algunos niños, los ancianos, campesinos, el variopinto auditorio congregado bajo el frío.
Tenemos Presidente!!! Respeto los deseos de toda la gente que estaba ahí y que anhelaba que el Pejestruoso llegara a la Presidencia... ok, fueron casi 15 millones, pero fueron como 27 millones los que lo rechazaron. En las mismas circunstancias está Calderón, pero la diferencia es que Felipillo si logró unos cuantos votos más y ese si es el Presidente.
Un águila real grisácea, de metro y medio de tamaño, colgada de un telón guinda, marcaba la ceremonia. "¡Abajo el águila mocha, el águila de los conservadores y de los reaccionarios de México!", gritó López Obrador cuando ya rendía su discurso de "toma de posesión".
A ver, a ver. Dicen que los que estamos en contra del Pejestruoso somos ignorantes e incultos. Pero y ¿dónde queda la cultura de AMLO y sus secuaces? El águila que utilizaron como símbolo es en realidad un águila que históricamente representaba a los grupos de ultraderecha, los ultraconservadores. El niño Andrés y sus amiguitos se llevan un sello de un osito comiendo miel, porque no hicieron su tarea y no estudiaron pa'l exámen.
El tabasqueño jugó con la virtualidad de su cargo y la realidad de la masa que soportaba el frío.
Siempre ha hecho eso... solo jugar. Parece que tiene el Síndrome de Peter PAN jejeje
Lanzó un plan de acción que ejercerá sin recursos de Hacienda pero que se convirtió en un intento por atajar la iniciativa al Presidente electo Felipe Calderón."Lo que más les molesta, es que no entremos al molde; por eso vociferan que no somos una izquierda moderna, cuando en realidad lo que quieren es que aceptemos negociar o transar con la voluntad popular", replicó López Obrador en el arranque de su discurso.
No, no, no mi querido Pejecillo. No nos molesta que no entren al molde, nos molesta que TÚ no tienes molde. Nos molesta que seas un farsante, esquizofrénico, manipulador y mentiroso. Nos molesta que tu séquito (Fernández Noroña, Scheinbaum, Imaz, Batres, Monreal, etc) sean verdaderamente la escoria de la sociedad. Nos molesta que hayas dejado sin voz ni voto a verdaderos izquierdistas. TÚ no eres una izquierda moderna, TÚ no eres ni siquiera izquierdista. Hay otros que si lo son y que TÚ los has castrado y arruinado su carrera política. Lástima por Jesús Ortega y otros cuantos!
Y sí, los íconos de la ceremonia no eran necesariamente de la izquierda moderna. Vaya, hasta Silvio Rodríguez, el cantautor cubano, deleitó con tres canciones a los asistentes para despertar las nostalgias de la ocasión. Silvio incluso se metió en la formalidad de la ceremonia para dedicar una canción "al Presidente Andrés Manuel López Obrador".El perredista arrancó una sonora ovación cuando en su discurso criticó algo que en bandeja de plata le puso el Gobierno de Vicente Fox: los aumentos de la leche, el diesel y la gasolina.De ahí lanzó "la primera medida" del nuevo Gobierno: que la leche siga costando 3.50 pesos en el Distrito Federal "y no 4.50 como quiere la derecha reaccionaria". Comprometió entonces a Marcelo Ebrard para aplicar la medida. A ver cómo le hace.
Ojalá y a Ebrard le caiga el veinte de que él puede ser el próximo candidato presidencial y que si le sigue el juego a este borderline del Peje, se quedará sin hueso. Ojalá y que esa gente que ahorita grita y se desgarra las vestiduras porque la leche liconsa subió $1.00 en los últimos 3 años, de la misma forma concienticen las cosas y defiendan la economía familiar disminuyendo sus visitas a las cantinas, o disminuyendo el comprar cigarrillos o comprando menos bebidas alcohólicas. Si suben los cigarrillos o "el chupe" ni quien proteste y se siguen embriagando, pero si sube la leche, ahí si chillan de que la lana no alcanza para nada. Dejen de chupar y fumar! Ahí se podrían ahorrar por muy fregado $700.00 al mes. Pero cómo van a hacer un sacrificio??? Es más fácil maldecir al gobierno, mentarle la madre a Fox y vitorear a un bueno para nada como Andrecito.
Luego habló de 20 medidas más que en realidad son una combinación de denuncias, propósitos legislativos y medidas de presión.Pero la ceremonia también develó a otro López Obrador, distinto al candidato que ignoró temas que suponía le causarían daño en la campaña. Ahora si criticó la denominada "ley Televisa", aquella que facilita la apropiación monopólica del espectro radioeléctrico, y cuestionó los servicios de Teléfonos de México."Estaremos atentos a la decisión que tome la Suprema Corte, ante el recurso de inconstitucionalidad presentado por un grupo de senadores contra la llamada 'ley Televisa'. Pero como no confiamos en el recto proceder de la mayoría de los Ministros, de todas maneras presentaremos en su momento, una iniciativa de reforma que garantice la pluralidad y haga posible la democratización de los medios de comunicación", exclamó.Lo dijo meses después de ignorar el debate sobre esa Ley y de no tocar ni con el pétalo de una consigna el arreglo que involucró incluso a legisladores perredistas para sacarla adelante.Sus medidas de Gobierno eran un catálogo de denuncias: protestar contra el muro fronterizo, vigilar a jueces y ministerios públicos, pedir la renuncia de Ulises Ruiz, junto con iniciativas como quitarle la pensión a ex Presidentes y legislar para bajar salarios a funcionarios públicos.Sorprendió con el anuncio de una iniciativa de Ley de Precios Competitivos que reglamente el artículo 28 de la Constitución.Hizo una relatoría de los gastos excesivos que pagan los mexicanos por distintos productos y servicios. "Es inaceptable que los mexicanos paguemos por el cemento gris 223 por ciento más que los estadounidenses; 260 por ciento más por el internet banda ancha; 312 por ciento más por teléfono celular; 65 por ciento más por teléfono de línea fija; 230 por ciento más por llamadas de larga distancia nacional", comentó.Si esa iniciativa se aprueba, según él, "millones de consumidores mexicanos obtendrían ahorros equivalentes a más del 10 por ciento de sus ingresos".El viento frío lo había despeinado y más que gallos, traía remolinos. Hablaba recargado en un atril de madera también con águila real y tras de sí con los doce miembros de su gabinete, seis hombres y seis mujeres.Anunció que su "Presidencia" sería itinerante. De lunes a miércoles despachará en el Distrito Federal y de jueves a domingo hará giras para completar visitas a los dos mil 500 municipios del País.Ovación y devoción. Eso había en la Plaza. Un sentido de pertenencia. La toma de posesión parecía de la gente, transformada, emocionada, insistente, "¡tenemos presidente!", no paraban de gritar.Cuando les anunciaron que cantaría Silvio Rodríguez muchos pensaron que era el hermano de Jesusa, la coordinadora de los espectáculos artísticos. Pero no, era el cantautor cubano que entró diciendo: "Hace un tiempito el Presidente López Obrador me dijo que le gustaba esta canción y que la deberían oír todos los políticos". A ver si no lo expulsan.Cantó aquella de "Ese Hombre", después "Rabo de Nube" y al final recitó otro de sus éxitos para dejar picados a sus fans.Bien pudo haber cantado "El Necio". Le hubieran aplaudido.
La toma de posesión de AMLO (según LA CRÓNICA)
0 comentarios Publicadas por Anónimo a la/s 11:10 a.m.Amlo: más parafernalia es menos poder de convocatoria e influencia
Por: José Carreño Carlón
Martes 21 de Noviembre de 2006
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Pero si los excesos de pretender ser más de lo que es (“presidente legítimo” en lugar de derrotado ex candidato presidencial) lo han conducido a tales resultados, sus excesos en el lenguaje lo llevan día a día a nuevos retrocesos en cuanto a apoyos de voces destacadas y medios que llegaron a simpatizar con su candidatura.
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Decir que va a “confrontar a los neofascistas que se adueñaron del país” es un exceso condenado a ser cada vez menos compartido por una sociedad en su mayoría conciente de que Amlo se refiere simplemente a que va a combatir a quienes le ganaron la elección.
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Mientras que sus dichos de “rechazar la imposición” y de “renunciar a seguirles el juego del engaño… y la simulación propios de la política tradicional mexicana”, sólo significan, para la mayor parte de los medios, nacionales e internacionales, y para la mayoría de los mexicanos, que Amlo es un mal perdedor en las peores tradiciones mexicanas, que rechaza los resultados de las urnas y responde a ellos rompiendo las reglas del juego que aceptó al participar en una competencia en que arrancó con incontrastables, otra vez, excesivas, abusivas ventajas.
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Nota Completa : http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=272327
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López Obrador y la nostalgia por el dinosaurio han generado una triste parodia de la Dictadura Perfecta. Pero sería un error subestimar la fuerza de un movimiento como el lopezobradorismo, cuya declaración de principios y acciones lo acerca cada vez más a la disidencia oaxaqueña que busca extender al territorio nacional el modelo Evo Morales de Bolivia.
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Difiero de quienes pretenden aferrarse a la imagen pre-electoral que difundió Manuel Camacho de un López Obrador demócrata y moderado. Difiero de quienes hoy quieren ver en su proclamación como presidente legítimo una oportunidad de que surja la conciencia crítica de la nación. López Obrador no puede ser Felipe González y ni siquiera es un buen relevo para el subcomandante Marcos.
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Ni López Obrador ni los ultras de su movimiento pueden ni pretenden ser conciencia crítica de la nación. Condenan la crítica porque la consideran traición o disidencia. Olvidan que la esencia del pensamiento crítico no busca aniquilar al adversario, sino propiciar una evolución, un enriquecimiento y un crecimiento general. Sin embargo, para un carácter autoritario esto es inadmisible.
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Nota Completa : http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=272317
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La ceremonia, un poco esperpéntica, del Zócalo, fue un espejismo para consumo de los fieles de base. El discurso, en cambio, fue una clara definición de lo que quiere el ex candidato presidencial: dar línea a las fracciones del PRD, PT y Convergencia en la Cámara de Diputados en el Senado; dar línea a los gobernadores “afines” (es decir, perredistas) y seguir mandando en el DF, por interpósita persona: hacer con Ebrard lo que hizo con Encinas.
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En otras palabras, mientras blande el espejito de la Legítima, usar su gabinete virtual para imponer sus puntos de vista, políticos e ideológicos, en la agenda parlamentaria y en la vida de gobierno.
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Nota Completa : http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=272314
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Grupo Reforma
20 de Octubre de 2006
"El más delicioso de todos los privilegios: gastar el dinero de otra gente".
.-John Randolph
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-El pasado 11 de octubre Rubén Aguilar, el portavoz de la Presidencia de la República, afirmó en su conferencia de prensa matutina que el gobierno del presidente Vicente Fox no entregaría el bono sexenal a los burócratas debido a que no está considerado ni en la ley ni en el presupuesto ni en el contrato colectivo de trabajo. "Los funcionarios públicos no tienen por qué recibir privilegios especiales", señaló el 11 de octubre.
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Pero este miércoles 18 de octubre, después de reunirse con el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, el líder de los burócratas, Joel Ayala, anunció que el responsable de las finanzas públicas le ha asegurado que buscará un mecanismo financiero para entregar ese bono de 2 mil 500 pesos, así como 8 mil pesos adicionales en vales, antes del 15 de diciembre.
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No sería ésta la primera vez, por supuesto, que el vocero definiera una posición sólo para que el gobierno asumiera la contraria poco después. Recordemos que fue Aguilar quien afirmó que no había plan B y que el presidente de la República daría su mensaje político a la nación desde la tribuna del Palacio Legislativo el 1o. de septiembre. La realidad es que Fox ni siquiera trató de pasar del pasillo. Fue Aguilar también quien afirmó que el Presidente daría el grito del 15 de septiembre desde el balcón central de Palacio Nacional. A final de cuentas, sin embargo, la ceremonia se trasladó a Dolores Hidalgo.
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Quizá por eso a Ayala, secretario general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), no le inquietó demasiado que Aguilar hubiera señalado que no se haría el pago. Si algo nos dice la experiencia es que si el vocero señala enfáticamente que el gobierno va a hacer algo es porque lo contrario va a suceder.
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El pago de 2 mil 500 pesos para los 1.8 millones de burócratas de la Federación implica una erogación de 4 mil 500 millones de pesos en una sola exhibición para este sector de trabajadores. El monto, ya sabemos, no ha sido presupuestado. Ni siquiera el propio Ayala se acordó de proponerlo cuando era senador, cargo que ocupó hasta el pasado 31 de agosto. El argumento del líder hoy es que, independientemente de que el gasto no esté presupuestado, representa una "conquista sindical" porque los sindicatos se lo han arrancado a varios gobiernos anteriores.
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Por otra parte, las declaraciones de Ayala del 18 de octubre representan la primera vez que se menciona públicamente que el bono, además de 2 mil 500 pesos en efectivo, incluiría 8 mil pesos en vales para los burócratas. A precio nominal, esto representaría 14 mil 400 millones adicionales de erogación.
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Pero ahí no queda el asunto. Si se entrega el bono a los trabajadores de la FSTSE, otros servidores públicos, especialmente de los estados o de las universidades, exigirán también pagos similares. Y una vez que se establece el precedente, como lo sabemos, se convierte en parte de los usos y costumbres de la clase política.
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El portavoz Aguilar tenía razón cuando señaló el 11 de octubre que "los funcionarios públicos no son más que otros trabajadores de este país y deben sujetarse al marco de nuestras propias leyes". Pero hace ya mucho tiempo que quedó claro que el actual gobierno del presidente Vicente Fox no ha tenido ni la fuerza ni la voluntad para eliminar los privilegios especiales de los que gozan los grupos organizados políticamente. Y los burócratas ciertamente se encuentran entre estos grupos.
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La FSTSE ha sido clara en sus amenazas al gobierno. Si no se entrega el bono, los burócratas paralizarán al país y crearán una situación que haría parecer la de Oaxaca como un juego de niños. En otros sexenios ha habido también resistencias a entregar este bono. Pero la FSTSE sabe que, al término de una administración, un Presidente se encuentra en su momento de mayor debilidad y está dispuesto a ceder a presiones que en otros momentos aguantaría. Por eso ha logrado conseguir el bono en los últimos sexenios.
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El problema, por supuesto, es que el dinero no es ni del gobierno ni del sindicato. Es de los contribuyentes, que lo aportamos con la idea de obtener servicios o, si acaso, de apoyar a quienes menos tienen. Sin embargo, cada vez es mayor el porcentaje de fondos públicos que se queda en un grupo de trabajadores que tienen no sólo ingresos sino prestaciones muy superiores al promedio de los mexicanos.
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¿Realmente queremos los mexicanos que estas grandes cantidades de dinero se utilicen para un bono a los burócratas o preferiríamos que se emplearan para construir infraestructura, proporcionar educación o ayudar a quienes viven en la pobreza extrema? La respuesta es obvia. Pero los sindicatos de burócratas se han convertido en organizaciones gangsteriles que usan con eficacia el chantaje para enriquecer a sus líderes y obtener privilegios para sus agremiados. Y ésta es una de las razones principales por las cuales en México tenemos un Estado tan ineficaz y una pobreza tan extensa.
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Oaxaca
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Por una parte, el Senado se ha negado a declarar la desaparición de poderes en Oaxaca. Por la otra, los maestros de la sección 22 del SNTE -que llevan cinco quincenas sin recibir su sueldo- han aceptado regresar a clases, aunque falta por definir la fecha. Sin los maestros, el movimiento se queda sin su principal sustento y justificación. Para que sea creíble su promesa, sin embargo, es importante que el regreso a clases se lleve a cabo la semana que viene.
Por Pablo Hiriart
Publicado en: Crónica
Lunes 16 de Octubre de 2006 Hora de publicación: 01:32
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Si un ciudadano, por descuido, impericia o accidente, rompe un pedazo de banqueta, debe ir a la delegación para ser consignado ante el juez, que le aplica una severa multa o, en su defecto, pena de cárcel.
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Pero si un ciudadano, acompañado de otros dispuestos a enfrentarse a golpes con las autoridades, rompe deliberadamente una calle —el Paseo de la Reforma, por ejemplo— no es detenido ni puesto ante un juez.
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A ese ciudadano la autoridad le pone un baño para sus necesidades —lo use o no—, le permite colgarse del alumbrado para que vea televisión mientras dura su bloqueo al espacio público y le envía alimentos, médico y policías para que lo cuiden
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El premio es aún mayor para un grupo de ciudadanos que ocupan por la fuerza una ciudad, toman el Palacio de Gobierno, cierran el Congreso, corretean a palos a sus adversarios políticos, allanan hoteles, toman medios de comunicación, causan la muerte de transeúntes, atacan a navajazos y degüellan a un maestro disidente suyo.
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A esos ciudadanos la Secretaría de Gobernación les instala una mesa de diálogo en Bucareli. Les organiza conferencias de prensa. Les ofrece quitar algunas autoridades que les son incómodas. Les promete cancelar procesos judiciales en marcha y perdonarles sus delitos.
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Además, de pilón, les garantiza que les van a pagar los salarios caídos durante el tiempo que ha durado la ocupación.
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A ese mundo al revés el gobierno le llama “sensibilidad política”.
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Y los partidos y la mayoría de los analistas y medios de comunicación elogian la “sensibilidad política” del gobierno, que no es otra cosa que la doctrina del tío Lolo —hacerse tarugo solo. Todos esos actores llevan cinco meses discutiendo algo que no se debería discutir ni en el caso Oaxaca ni en ningún otro. Discuten si se debe aplicar la ley o no.
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Discuten si los agresores deben entregar o no la ciudad que tomaron por asalto. Y resuelven que no se debe aplicar la ley para evitar que los violentos se enojen y se vuelvan más violentos.
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Con esa “sensibilidad política” se logrará que, dentro de poco, nazcan filiales de la APPO (Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, sic) en Nayarit, Campeche, Jalisco, Sinaloa, etcétera, tomen las capitales estatales y consigan lo que se les antoje.
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O me cumples mi pliego petitorio o te tomo la ciudad
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Qué maravillosa lección de civismo dan en Oaxaca autoridades locales, federales y maestros.
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Capítulo uno: Genera un caos.
Capítulo dos: El Senado mandará una comisión a verificar que efectivamente hay un caos.
Capítulo tres: Como está probado que hay un caos, deben desaparecerse los poderes e irse el gobernador.
Epílogo: Felicidades, ganaste. Tú que generaste el caos te sale con la tuya.
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Esa es la nueva lógica de la democracia mexicana. Por ese camino el país está en peligro. Es que cuando los grupos violentos, o los violentos en potencia, ven que no hay estado, entonces cuidado. Pasa lo que pasa en Oaxaca.
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¿A qué fue la subcomisión del Senado a la capital oaxaqueña? Fue a verificar lo que es evidente, lo que todos sabemos: que hay ingobernabilidad. ¿Quién generó la ingobernabilidad?La APPO y el magisterio que tomaron de manera violenta la ciudad y la mantienen ocupada por sus pistolas.
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Y esos grupos, APPO y magisterio, son los que acusan ante el Senado que en Oaxaca hay un caos y por tanto deben desaparecer los poderes y cambiar al gobernador. (Tal vez el gobernador deba irse, pero en el marco de un conjunto de movimientos integrales para darle una salida permanente al problema).
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Seguir ese juego por parte del Senado es, para decirlo amablemente, tomarse el pelo solo, como el tío Lolo. La Secretaría de Gobernación también está encantada con el juego. Luego de meses de estar sentados con la APPO y los maestros en la mesa de diálogo, de pronto echaron las campanas a vuelo contagiando su optimismo a respetables medios de comunicación: la solución al caso Oaxaca ya está. ¡Viva Carlos Abascal Carranza!
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La APPO propuso entregar Oaxaca a la policía local bajo un mando federal a nivel de subsecretario. Gobernación dijo sí, y los APPO y maestros regresaron a “consultar a las bases”. La tomadura de pelo era más que evidente. Si la propuesta vino de los que tienen tomada la ciudad de Oaxaca, ¿cómo es que van a ir a consultar si aceptaban o no su propia propuesta?
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¿De veras Gobernación creyó en la seriedad de un planteamiento así? ¿En serio creyó el gobierno que la APPO y el magisterio de ese estado buscan quitar al jefe de la policía y una mejora salarial? Si lo creyeron, mal. Y si no lo creyeron pero siguieron el juego, peor todavía.
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La respuesta de la APPO y el magisterio al planteamiento que ellos mismos hicieron, fue un rotundo no.Vaya, aunque les dieran la cabeza de Ulises Ruiz, tampoco iban a liberar la ciudad y regresar a clases, porque lo que buscan es otra cosa: tiempo.
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Y por lo visto, el gobierno federal también busca tiempo.Este último quiere tiempo porque le faltan poco más de 40 días para entregar y les urge irse sin dejar encaminada la solución del conflicto. A la APPO y al magisterio de Oaxaca les urgía ganar tiempo para prolongar el conflicto hasta esta semana.
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La idea, cada vez más clara, es hacer confluir el caso Oaxaca con la fabricación de una crisis poselectoral en Tabasco, en que el candidato del PRD obviamente no va a aceptar la derrota, alegará fraude y se vendrá en éxodo al Distrito Federal
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Sólo así se podrá relanzar al escenario nacional López Obrador, el 20 de noviembre, cuando tome posesión como “presidente legítimo”. Sólo en un ambiente de convulsión nacional se podrían anular las elecciones en Tabasco para que López Obrador sea candidato a gobernador de su estado. Ahí está la nuez del asunto.
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Si un ciudadano, por descuido, impericia o accidente, rompe un pedazo de banqueta, debe ir a la delegación para ser consignado ante el juez, que le aplica una severa multa o, en su defecto, pena de cárcel.
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Pero si un ciudadano, acompañado de otros dispuestos a enfrentarse a golpes con las autoridades, rompe deliberadamente una calle —el Paseo de la Reforma, por ejemplo— no es detenido ni puesto ante un juez.
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A ese ciudadano la autoridad le pone un baño para sus necesidades —lo use o no—, le permite colgarse del alumbrado para que vea televisión mientras dura su bloqueo al espacio público y le envía alimentos, médico y policías para que lo cuiden
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El premio es aún mayor para un grupo de ciudadanos que ocupan por la fuerza una ciudad, toman el Palacio de Gobierno, cierran el Congreso, corretean a palos a sus adversarios políticos, allanan hoteles, toman medios de comunicación, causan la muerte de transeúntes, atacan a navajazos y degüellan a un maestro disidente suyo.
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A esos ciudadanos la Secretaría de Gobernación les instala una mesa de diálogo en Bucareli. Les organiza conferencias de prensa. Les ofrece quitar algunas autoridades que les son incómodas. Les promete cancelar procesos judiciales en marcha y perdonarles sus delitos.
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Además, de pilón, les garantiza que les van a pagar los salarios caídos durante el tiempo que ha durado la ocupación.
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A ese mundo al revés el gobierno le llama “sensibilidad política”.
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Y los partidos y la mayoría de los analistas y medios de comunicación elogian la “sensibilidad política” del gobierno, que no es otra cosa que la doctrina del tío Lolo —hacerse tarugo solo. Todos esos actores llevan cinco meses discutiendo algo que no se debería discutir ni en el caso Oaxaca ni en ningún otro. Discuten si se debe aplicar la ley o no.
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Discuten si los agresores deben entregar o no la ciudad que tomaron por asalto. Y resuelven que no se debe aplicar la ley para evitar que los violentos se enojen y se vuelvan más violentos.
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Con esa “sensibilidad política” se logrará que, dentro de poco, nazcan filiales de la APPO (Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, sic) en Nayarit, Campeche, Jalisco, Sinaloa, etcétera, tomen las capitales estatales y consigan lo que se les antoje.
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O me cumples mi pliego petitorio o te tomo la ciudad
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Qué maravillosa lección de civismo dan en Oaxaca autoridades locales, federales y maestros.
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Capítulo uno: Genera un caos.
Capítulo dos: El Senado mandará una comisión a verificar que efectivamente hay un caos.
Capítulo tres: Como está probado que hay un caos, deben desaparecerse los poderes e irse el gobernador.
Epílogo: Felicidades, ganaste. Tú que generaste el caos te sale con la tuya.
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Esa es la nueva lógica de la democracia mexicana. Por ese camino el país está en peligro. Es que cuando los grupos violentos, o los violentos en potencia, ven que no hay estado, entonces cuidado. Pasa lo que pasa en Oaxaca.
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¿A qué fue la subcomisión del Senado a la capital oaxaqueña? Fue a verificar lo que es evidente, lo que todos sabemos: que hay ingobernabilidad. ¿Quién generó la ingobernabilidad?La APPO y el magisterio que tomaron de manera violenta la ciudad y la mantienen ocupada por sus pistolas.
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Y esos grupos, APPO y magisterio, son los que acusan ante el Senado que en Oaxaca hay un caos y por tanto deben desaparecer los poderes y cambiar al gobernador. (Tal vez el gobernador deba irse, pero en el marco de un conjunto de movimientos integrales para darle una salida permanente al problema).
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Seguir ese juego por parte del Senado es, para decirlo amablemente, tomarse el pelo solo, como el tío Lolo. La Secretaría de Gobernación también está encantada con el juego. Luego de meses de estar sentados con la APPO y los maestros en la mesa de diálogo, de pronto echaron las campanas a vuelo contagiando su optimismo a respetables medios de comunicación: la solución al caso Oaxaca ya está. ¡Viva Carlos Abascal Carranza!
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La APPO propuso entregar Oaxaca a la policía local bajo un mando federal a nivel de subsecretario. Gobernación dijo sí, y los APPO y maestros regresaron a “consultar a las bases”. La tomadura de pelo era más que evidente. Si la propuesta vino de los que tienen tomada la ciudad de Oaxaca, ¿cómo es que van a ir a consultar si aceptaban o no su propia propuesta?
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¿De veras Gobernación creyó en la seriedad de un planteamiento así? ¿En serio creyó el gobierno que la APPO y el magisterio de ese estado buscan quitar al jefe de la policía y una mejora salarial? Si lo creyeron, mal. Y si no lo creyeron pero siguieron el juego, peor todavía.
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La respuesta de la APPO y el magisterio al planteamiento que ellos mismos hicieron, fue un rotundo no.Vaya, aunque les dieran la cabeza de Ulises Ruiz, tampoco iban a liberar la ciudad y regresar a clases, porque lo que buscan es otra cosa: tiempo.
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Y por lo visto, el gobierno federal también busca tiempo.Este último quiere tiempo porque le faltan poco más de 40 días para entregar y les urge irse sin dejar encaminada la solución del conflicto. A la APPO y al magisterio de Oaxaca les urgía ganar tiempo para prolongar el conflicto hasta esta semana.
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La idea, cada vez más clara, es hacer confluir el caso Oaxaca con la fabricación de una crisis poselectoral en Tabasco, en que el candidato del PRD obviamente no va a aceptar la derrota, alegará fraude y se vendrá en éxodo al Distrito Federal
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Sólo así se podrá relanzar al escenario nacional López Obrador, el 20 de noviembre, cuando tome posesión como “presidente legítimo”. Sólo en un ambiente de convulsión nacional se podrían anular las elecciones en Tabasco para que López Obrador sea candidato a gobernador de su estado. Ahí está la nuez del asunto.
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Hacer confluir los movimientos de Oaxaca y Tabasco para alcanzar la sobrevivencia política de López Obrador.
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La derrota contundente del PRD, ayer, puede echar por tierra los planes de AMLO.Pero mientras eso se teje, el gobierno federal cree que está “negociando” y derrocha “sensibilidad política”.
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La conexión está a la vista. Los líderes de la APPO y del magisterio han sido diputados o dirigentes perredistas. El PRD a nivel nacional ya les dio su apoyo. Ya están aquí, en la capital. Y a pesar de que el PRI les ganó con holgura en los comicios de ayer, los perredistas de Tabasco insistirán en venir al Distrito Federal. Más las APPO que se acumulen por el camino.
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Mientras tanto el gobierno hace como que no ve, y la APPO y los maestros oaxaqueños cumplen cinco meses de tener paralizada la capital estatal y a un millón 200 mil niños sin clases, con todo lo que ello significa. Personas de los dos bandos mueren de manera tan violenta como absurda.
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Una muy estimada lectora de Oaxaca, Dora Luz Martínez Vasconcelos, me envió el siguiente correo: “Estoy ahorita viendo nuestro desayunador para niños de extrema pobreza que tenemos por la zona de Monte Albán. Ahí se han duplicado los niños que necesitan ser atendidos por lo menos con una comida al día.
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“Me dan ganas de gritar más fuerte y decirles a todos los appos, maestros, gobierno, que dejen de hablar en nombre de los pobres. Es una vulgar ideología que no menciona a la persona ya que no les interesa. Sus ‘pobres’ no tienen rostro, mucho menos nombre y apellido. ¡Y cuánta pobreza! ¡Cuánta necesidad existe!
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“A Flavio Sosa le preguntaría yo: ¿de qué vives? ¿Qué trabajo haces? Porque a mí me enseñaron desde pequeña que el que no trabaja no come. ¿Cuál es tu trabajo, Flavio?
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“El lunes con un grupo haremos una misa por el maestro degollado. Yo lo conocía porque ponía filtros en las casas. Un hombre trabajador y honrado...”.
Carlos Fuentes
12 de octubre de 2006
Reforma
Felipe Calderón tiene un margen de maniobra reducido. Aun así debe gobernar para todos los mexicanos, y no guiarse por intereses particulares
Felipe Calderón se parece al título de la película británica La soledad del corredor de fondo. El arranque de su candidatura fue mal visto por el presidente Fox, partidario de Santiago Creel. El ala derecho-paleológica del PAN tampoco lo vio con demasiada simpatía. Pero hoy todos quieren acercarse al nuevo sol presidencial, con el propósito de arrinconarlo en penumbras de intereses que no se conllevan con la luz, por pequeña que sea, que debe irradiar la institución presidencial.
Porque Calderón no puede ni debe recibir como galardón al desacreditado José María Aznar. No le hace falta ser proclamado prematuramente presidente electo por Elba Esther Gordillo. Debe trascender estos apoyos y otros igualmente interesados. Él sabe muy bien que debe ser presidente de todos los mexicanos, no de tales o cuales intereses especiales. Lo malo es que el margen de maniobra de Calderón sea tan reducido y ello por varios motivos.
El primero es el estrecho resultado de la elección presidencial. Aun con plena certeza acerca de la legitimidad de la elección, 0.5% de ventaja es muy poca ventaja. El radicalismo lopezobradorista habla de fraude, buena parte de la izquierda habla de desencanto y toda la izquierda confronta una decisión: seguir amagando a Calderón con un "no pasará" callejero u organizar una fuerza permanente de oposición más allá de la coyuntura electoral.
La derecha aznarista, el corporativismo, la Confederación Patronal, jerarcas de la Iglesia: todos quieren llevar a Calderón como agua, bendita, o non-sancta, a su molino. Dividido entre la izquierda que lo rechaza y la derecha que lo seduce, Calderón ha empezado a responder como debe. Él no le agradece la presidencia a ningún grupo especial, sino a los ciudadanos que votaron por él y al pueblo al que va a representar a partir del 1º. de diciembre. Como Angela Merkel. Como Romano Prodi.
Pero esta postura no disuelve la montaña de problemas. El segundo, después de la legitimidad, es la operación administrativa. La primera prueba de calidad del gobierno de Calderón será el nombramiento de su gabinete. Se habla mucho de un equipo ministerial de transición. Más importante es reunir un gabinete de calidad. Doy tres ejemplos de cómo fue resuelto este dilema en el pasado por cuatro presidentes muy distintos.
Emilio Portes Gil, presidente provisional en 1928, nombró un gabinete de alta calidad (Genaro Estrada, Puig Casauranc, Joaquín Amaro, Montes de Oca) a fin de apoyarse en los callistas al tiempo que se diferenciaba de Calles mediante actos de gobierno que lograron, en dieciocho meses, más que otros presidentes en seis años.
El presidente Lázaro Cárdenas se liberó del Jefe Máximo y en cuatro años transformó al país como nadie antes o después. Cárdenas llevó a cabo las reformas pero su secretario de Hacienda, Eduardo Suárez, aplicó en compensación, una política muy ortodoxa. Modelo para Lula.
Manuel Ávila Camacho hubo de nombrar, acaso, el mejor gabinete moderno a fin de borrar la acusación de fraude en la elección de 1940, reclamada por el candidato opositor Juan Andreu Almazán. Ávila Camacho acalló las críticas y trascendió, sin negarlo jamás, a su fuerte antecesor, Lázaro Cárdenas, con un gabinete que incluyó a Miguel Alemán, Ezequiel Padilla, Gustavo Baz, Javier Rojo Gómez y Jaime Torres Bodet. El propio Alemán, primer presidente civil de la Revolución institucionalizada, se lució con un primer gabinete de figuras estelares: nuevamente Torres Bodet, Beteta, Pérez Martínez, Alfonso Caso, Martínez Báez...
Ningún gobierno después de Alemán ha debido dar tanto énfasis a la formación de gabinete. El intento foxista de duplicar funciones ministeriales fracasó. Sólo en Polonia gobiernan los gemelos. Fox "cometió el terrible error", en palabras de Federico Reyes Heroles, "de sobreponer las lealtades personales y partidarias a la capacidad personal... Calderón no puede darse ese lujo. México cuenta con cuadros de primera para enfrentar los retos que tenemos...". Para Calderón, la integración del gabinete será el primer paso para trascender la pugna electoral y darle semblanza de seriedad y eficacia a su administración.
El segundo paso será la manera como Calderón establezca una nueva relación con un Congreso plural, pleitero, pero espero que no pendejo. Asoman algunas cabecitas desacreditadas del PRI y el Verde. Truenan, antes del relámpago, algunos rayos perredistas. Calderón tendrá que negociar reformas con el Congreso que tiene. Fox fracasó porque no tuvo un negociador efectivo ante las Cámaras. Calderón no puede darse ese lujo. Viene del Congreso, lo conoce y lo entiende. Pero necesita un negociador de primera dedicado a tratar con las Cámaras a fin de pasar las reformas urgentes en materia de seguridad pública, recursos hidráulicos, electricidad y petróleo, fiscalidad y reforma política: reelección de legisladores, segunda vuelta de las presidenciales.
Grandísimo ejemplo el del presidente Franklin Delano Roosevelt. Elegido en medio de la peor crisis económica en la historia de los EE.UU., Roosevelt envió al Congreso leyes radicales muy contrarias al tenor conservador de los legisladores. Lo que pudo pasar -y fue mucho y fue esencial- lo debió en gran medida a la capacidad y astucia de sus consejeros políticos, Harry Hopkins, Jim Farley. Astutos consejeros, ante un Congreso arisco, revoltoso, escindido...
Gran desafío. Ineludible reto para encaminar a México hacia un régimen de justicia y prosperidad que sepa enfrentarse a los gigantescos problemas que son el narcotráfico, la pobreza, la violencia, las bandas juveniles, la enajenación urbana y, al cabo, la enajenación del campo y del trabajo.
La arrogante, ciega y arbitraria decisión norteamericana de ir cerrando la frontera con México habrá de ser el principal dolor de cabeza -a la vez internacional e interno- del presidente Calderón. Dentro de dos años, habrá cambio en la Casa Blanca. Se irá una desprestigiada junta ultraderechista y vendrá, probablemente, una administración republicana más esclarecida y un presidente fronterizo, el hoy senador John McCain, de Arizona, promotor junto con su colega Edward Kennedy de la ley de migración laboral más sensata y más opuesta a la monstruosa ley Sensenbrenner.
Calderón habrá de lidiar con una espada de dos filos. El externo, en relación a los EE.UU., sus necesidades de trabajo y el trato dado a los inmigrantes mexicanos. Y el interno, a medida que la frontera se cierre y se caliente y México deba proporcionar ocupación a medio millón de trabajadores cada año, encerrados detrás de la cortina de nopal.
El trato con los EE.UU. promete ser uno de los más difíciles de nuestra historia, sobre todo porque muchos temas de la relación dependerán de lo que hagamos los mexicanos en México, más de lo que hagan los gringos en los EE.UU. Una lección fundamental de nuestra historia es que con Washington sólo se negocia de pie y mirándoles a los ojos. La genuflexión sólo merece desprecio y fracaso.
Raymundo Riva Palacio
11 de octubre de 2006
El Universal
Uno de los más grandes enemigos de Felipe Calderón lo tiene en casa: la extrema derecha que lo acosa y quiere imponer su visión de país.
En una cultura política inacabada como la mexicana, hablar de derecha e izquierda se ha convertido en un lugar común. Es una discusión vaciada de ideología y muchas veces iniciada por personas que o son ignorantes del tema o han ido moviéndose en la geometría política mexicana para justificar sus acciones con palabras. Esto ha llevado al reduccionismo de considerar que todos los conservadores se alojan en la extrema derecha y los progresistas en la izquierda. El simplismo de la retórica impide ver que esa diada está relacionada con diferencias no sólo ideológicas, sino con valores, intereses y, sobre todo, programáticas que se traducen en acciones políticas. Por eso no es fortuito que, en el primitivismo mexicano, se identifique a Felipe Calderón como el representante de los intereses de la mismísima extrema derecha. Caracterización fácil, conclusión equivocada.
Calderón ni pertenece a la extrema derecha, ni viene de ella, ni abreva en ella, ni significa que al asumir la Presidencia vaya a llenar a Los Pinos de los grupos más radicales contra el liberalismo y lo igualitario, por utilizar parámetros establecidos por el eterno pensador del progresismo europeo, Norberto Bobbio. Sin embargo, esto tampoco significa que no exista la extrema derecha en México ni que se encuentre en actividad pasiva. Todo lo contrario. Está actuando en contra de Calderón para colocarle obstáculos que lo obliguen a hacerle concesiones, a pactar con ella o, más aún, a estar subordinado ante ella. "Lo enfrentará", admitió en una entrevista con EL UNIVERSAL Luis Paredes Moctezuma, quien militó por 33 años en El Yunque, una organización católica que ha adoctrinado a centenares de personas para, con golpes políticos o físicos, hacerse del poder. No quieren a Calderón, quien los ha enfrentado toda su vida, y hoy lo desafían hasta "hacer -precisa Paredes Moctezuma- imposible que gobierne".
La extrema derecha está muy activa en contra del presidente electo. La cabeza más visible es la de Manuel Espino, presidente nacional del PAN, quien hábilmente se hizo del partido pero no pudo evitar que Calderón alcanzara la candidatura presidencial. Desde la campaña, Espino trabajó en su contra, irrespetando acuerdos que hacía Calderón con la base y forjando una muy tensa relación pública con él. Calderón y su equipo llevan semanas queriendo deshacerse de Espino y enviarlo al extranjero, pero no han podido. Ahora, viene de regreso. Hace unos días el líder del PAN rechazó la renuncia del representante del partido en el IFE, Germán Martínez, quien se iba a trabajar de tiempo completo al equipo de transición de Calderón, de quien ha sido colaborador cercano durante varios años. Espino es vanguardia del grupo de choque de la extrema derecha, pero no el gurú intelectual.
Esta mente, por años el creativo para la toma del poder, es Federico Müggemburg, que se ha manejado siempre en los círculos de la iniciativa privada, y cuñado de Cecilia Romero, la extremista ex senadora del PAN que ahora busca ser secretaria de Relaciones Exteriores. Müggemburg fue uno de los fundadores del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), que en los 60 y 70 penetró en los órganos de dirección y páginas editoriales de varios de los principales periódicos mexicanos de entonces, y reclutó a jóvenes que hoy, adultos, trabajan en diversas dependencias del gobierno federal, como en la Secretaría de Gobernación. Müggemburg ha sido también directivo de la Unión de Padres de Familia, una de las principales organizaciones de la extrema derecha que aglutina a varios de sus militantes más beligerantes.
Pero Müggemburg, a quien se le considera uno de los fundadores de El Yunque, no podría entenderse sin otro personaje inmensamente activo y profundamente ideológico, Guillermo Velasco Arzac. Padre de quien fue hasta hace unos meses secretario particular de Marta Sahagún, Velasco Arzac ha estado vigente en la prensa mexicana desde los 80, cuando era secretario general de la Coparmex, el organismo cúpula que ha sido utilizado como cabeza de playa de la extrema derecha para incursionar en la política formal, que ha sido presidida por varios de sus prominentes miembros, como Bernardo Ardavín, hasta muy recientemente el jefe nacional de El Yunque, el secretario de Gobernación Carlos Abascal, su coordinador de asesores Jorge Ocejo, y el ex subsecretario de Desarrollo Social Antonio Sánchez Díaz de Rivera. Velasco Arzac, quien fue el inspirador del grupo "A Favor de lo Mejor", que ha buscado modificar las conductas editoriales de los medios de comunicación a sus valores y creencias, estuvo varios años en Guanajuato, donde conoció a Felipe Bravo Mena, a quien asesoró en su ascenso a la presidencia nacional del PAN, y a Ramón Muñoz, que recién llegó al Senado procedente de Los Pinos.
Muñoz fue durante casi todo el sexenio el cerebro del presidente Vicente Fox. Hombre que operaba todo en Los Pinos, fue el poder real. Punta de lanza política contra Calderón, ha sido uno de quienes más han insistido -incluido al Presidente- que el conflicto de Oaxaca sea administrado y se le deje la solución al mandatario entrante, como lo hizo Ernesto Zedillo al final de su mandato con el EZLN. Muñoz es de los que abiertamente no quieren a Calderón, y había luchado para que ni siquiera alcanzara la candidatura. No pudo y, como muchos otros en el radicalismo de derecha, lo quieren sabotear. Ha sido difícil lograrlo del todo, por la imposibilidad de que otro miembro prominente de ese grupo, Carlos Abascal, como secretario de Gobernación, deje las cosas notoriamente sueltas. Oaxaca se encuentra en una ruta de negociación política, aunque no se ha descartado la salida policial-militar. Un conflicto adicional que le quieren dejar a Calderón es el de los mineros, donde el secretario de Trabajo, Francisco Javier Salazar Sáenz, uno de los ideólogos de El Yunque, le está dejando la bomba de tiempo activada.
Calderón está enfrentando esta variable de su lucha postelectoral y pocos se están dando cuenta. En las últimas semanas, los representantes de la extrema derecha en el Senado y la Cámara de Diputados han endurecido sus posiciones negociadoras con la oposición y han tirado piedras a la construcción de una alianza más sólida con el PRI, lastimando públicamente a varios de sus dirigentes. El acercamiento con el PRI está tambaleándose por Oaxaca, y con el PRD ha habido represalias del gobierno con la asignación de recursos, añadiendo problemas adicionales para la construcción de acuerdos con Calderón. La extrema derecha no lo ha dejado. Lo obstruyó en la campaña, lo golpea ahora. Lo desean arrinconar y que, de rodillas, se pliegue a su programa, que en materia social, en educación y salud, no sólo es excluyente sino, en la coyuntura mexicana actual, antihistórico.
rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com

Rafael Ruiz Harrell
9 de octubre de 2006
Reforma
En un par de meses más habrá nuevo procurador en nuestra capital. No sé quién vaya a ser -en este momento quizá nadie lo sabe-, pero sea quien fuere y contrariando el dicho de que más vale malo por conocido que bueno por conocer, es muy poco probable que tenga un desempeño tan atroz como el de Bernardo Bátiz.
En los seis años que Bátiz estuvo en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal su rumbo no estuvo determinado por la ley -sino por los caprichos de AMLO-, muchas veces traicionó el respeto que merecía la dignidad de su cargo y, para colmo, en conducta típica de burócrata mediocre no promovió, ni siquiera en calidad de intento, ninguna de las múltiples reformas que la institución pide a gritos.
De tiempo en tiempo Bátiz solía salir con la novedad de que la delincuencia estaba disminuyendo. La disminución, por supuesto, no sólo era imaginaria, sino que la presentaba como si hubiera ocurrido a causa de una mejoría en la eficacia del ministerio público, en la honradez de la policía judicial o a la puesta en marcha de nuevos y sorprendentes programas. No había tal. En los últimos seis años la Procuraduría capitalina no conoció cambio, modernización o mejoría.
MENTIRAS
En 2004, Bátiz se hizo eco de una promesa de su jefe: la delincuencia registrada en el DF bajaría 15 por ciento cada año. Al advertir que aun alterando las cifras sería muy difícil justificar tamaño descenso, Bátiz empezó a explicar que sí, que era el 15 por ciento, claro, pero no de todos los delitos ¿cómo cree?, sólo de los que sean extramuros porque los otros ¿cómo los paramos?
La noción medieval de contar los delitos extramuros, pero no los intramuros tenía una ventaja: el procurador podía decir, con entera libertad, cuáles eran uno y cuáles otros. Los robos en el metro, por ejemplo ¿son equiparables a los robos callejeros o suceden entre muros?
La salida resultó inútil. En 2004 sólo la delegación de Cuajimalpa superó el 15 por ciento. En apariencia la Cuauhtémoc también, pero el descenso se debió a que los delitos denunciados en el sector central se contabilizaron en las delegaciones en que habían ocurrido. En el año de 2005 sólo la delegación de Tlalpan alcanzó más el 15 por ciento. Este año, a juzgar por la información disponible de enero a julio, Tlalpan será de nuevo la única delegación que estará cerca de lograrlo, pero todo indica que se quedará en 14.5 por ciento.
EL SEXENIO
La posibilidad de calcular a partir de los datos de enero a julio el total de los delitos de este año, nos permite adelantar un diagnóstico sexenal y preguntarnos qué logró Bátiz realmente.
Si se considera las cifras de la Procuraduría capitalina, del 2000 al 2006 la criminalidad registrada bajó 2.9 por ciento, proporción que en un sentido estadístico es irrelevante. Más grave todavía es que las cifras oficiales no sean dignas de confianza. Entre enero y julio de 2006 se iniciaron 102 mil 202 averiguaciones previas, lo que significa que el total anual será de aproximadamente 175 mil 200. Como a menudo se cometen varios crímenes en un solo incidente -robo y lesiones, o violación y robo-, muchas averiguaciones consignan dos delitos o más. En promedio hay 112 delitos por cada 100 averiguaciones. Confirma la afirmación que a los presuntos responsables se les atribuyeron 1.12 delitos en promedio, o sea que por cada cien presuntos hay 112 delitos.
Todo esto implica que, dadas las averiguaciones abiertas, la Procuraduría capitalina debería haber registrado en sus estadísticas 196 mil 200 delitos. Si se compara esta cifra con los 176 mil 747 del año 2000, resulta que los crímenes crecieron 11.0 por ciento a lo largo de la administración de Bernardo Bátiz.
GOLONDRINAS
Celebro que en un par de meses Bátiz vaya a dejar de estar estorbando el desenvolvimiento de la procuración de justicia en nuestra ciudad. No obstante, no hay que adelantar albricias porque puede ser que Ebrard, dispuesto a seguir a AMLO hasta la ignominia, insista en desconocer a Felipe Calderón como presidente de México y para evitarse problemas deje a Bátiz en el cargo. Claro que Calderón puede removerlo porque es facultad suya tanto nombrarlo como quitarlo, pero tal vez tampoco quiera iniciar un conflicto por eso y tengamos que seguir padeciendo a don Bernardo.
Optimista al fin, espero que eso no suceda y Marcelo Ebrard nos muestre que algo aprendió en la SSP y, leales o no, en su administración los inútiles no tendrán cabida.
ruizharrell@gmail.com
Carlos Fuentes
Miércoles 11 de octubre de 2006
Reforma
El país le debe a Andrés Manuel López Obrador el haber puesto el tema de la pobreza en el centro de la agenda nacional. La pobreza es el fantasma que recorre la historia de México, por lo menos desde que Alejandro von Humboldt nos describió, en 1801, como el país de la desigualdad. Un mendigo sentado en una montaña de oro. Un peón ensombrerado y envuelto en sarape durmiendo la siesta eterna. Todos estos lugares comunes de la insuficiencia nacional encontraron en la campaña de López Obrador exactamente eso: espacio y comunidad, plaza y masa. ¿No es hora de convertir lo ganado en la calle en lo ganable en el foro?
El fantasma de la pobreza nos espanta de noche y lo olvidamos al despertar. No han faltado los clarinazos al amanecer. En la era de la Ilustración mexicana, la Reforma Liberal, Ignacio Ramírez se preguntó: "¿Qué hacemos con los pobres?" y Julieta Campos, un siglo más tarde, retomó el título y el tema en un libro capital para entender al México invisible. Para Campos, es necesario enfatizar las soluciones desde abajo, la salud económica de aparceros, ejidatarios, campesinos, pequeños comerciantes, empresarios medios, propietarios medios y pequeños, trabajadores de fábrica, habitantes de los barrios, con sistemas de crédito local e inversiones básicas en educación, salud y comunicaciones.
No dice otra cosa Carlos Slim en apoyo a una política de ascenso económico que, sólo ella, puede crear una sana economía de mercado: "La pobreza no crea mercado". Y no es otro el mensaje de Bill Clinton, cuando, en el centro mismo de la iniciativa global que lleva su nombre, sostiene que la pobreza extrema puede ser eliminada mundialmente en un par de décadas. Bastaría una contribución del 0.5% del producto interno bruto de los países ricos en un mundo donde sólo el 20% de la población mundial recibe el 80% del ingreso mundial y tres mil millones de seres humanos -la mitad de la población de la tierra- viven en grados diversos de pobreza.
De los buenos propósitos a la práctica. Chile ha logrado un rápido desarrollo económico con políticas laborales y distributivas que han disminuido en buen grado la pobreza, de acuerdo con el principio de Ricardo Lagos: no empobrecer a los ricos, sino enriquecer a los pobres. Y Lula da Silva, en Brasil, ha presidido un descenso de la pobreza que afectaba a un 28% de la población, a un 23% este año. El ingreso real de los hogares brasileños más pobres aumentó en un 28% entre 2004 y 2005 y esto se logró sin inflación, sin déficits, con más educación y aumentos considerables del salario mínimo. El comercio en el noroeste aumentó en un 16% el año pasado (The Economist, Londres y Fundación Getulio Vargas, Sao Paulo).
También es cierto que Lula ha podido aplicar sus políticas sociales gracias a la continuidad de las medidas de racionalidad económica de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso. Y también es cierto que Brasil tiene graves problemas pendientes. La demanda pública da cuenta del 50% del PIB, el desarrollo sigue siendo geográficamente desigual, el sector público devora presupuesto y mantiene altas tasas de interés. La inseguridad y la corrupción están lejos de desaparecer.
Pero en suma, la política de Lula es la correcta, sobre todo si la comparamos con el dispendio y la demagogia de su vecino venezolano, el inefable Clown de Caracas, Hugo Chávez, quien gasta a manos llenas el ingreso petrolero en dudosos regalos a otras naciones para comprar prestigio internacional de burla, en tanto que en Venezuela distribuye prebendas entre militares y parientes, permite que la infraestructura se derrumbe y da óbolos populares no muy distintos de los de Juan y Eva Perón: caridad hoy, pobreza mañana. Con un agravante hipócrita: Chávez fustiga a los EE.UU. pero depende del intocable ingreso por la venta de petróleo venezolano a su primer comprador, los USA.
Hay así varios modelos de política izquierdista en América Latina y López Obrador, tocando el resorte fundamental de la lucha contra la pobreza, hará bien en orientar y hacer públicas sus ideas prácticas sobre un asunto que no es, lo repito, sólo nuestro sino mundial. La diferencia de AMLO con Bachelet, Lula y Chávez es que AMLO está en la oposición y ahora tiene que decidir qué clase de oposición será la suya.
Porque la protesta callejera, el mitin multitudinario y la invocación a "el pueblo" acabarán por gastarse. López Obrador es una figura respetable de la izquierda, pero no es la izquierda entera. En la izquierda están Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Monsiváis, Amalia García, Lázaro Cárdenas Batel. La izquierda mexicana, tantas veces condenada a ser confeti del carnaval político, alcanzó a partir de los años ochenta y el liderazgo, entre otros, de Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Jesús Ortega y Pablo Gómez, la posición de alternativa política responsable.
Parte de la responsabilidad consiste en atenerse a los resultados del voto: ¿Hubo fraude el 2 de julio? ¿Sólo lo hubo en las urnas presidenciales, más no en las que eligieron a senadores, diputados y municipios perredistas? ¿Es fraudulento el TRIFE (Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación)? ¿Preferimos las elecciones determinadas por el tapadismo, el dedo presidencial y la hegemonía priísta? ¿No ha demostrado el TRIFE una y otra vez, su imparcialidad en numerosas elecciones locales y estatales? ¿A qué hora se convirtió el TRIFE en marioneta de Los Pinos o del PAN? ¿Hubiera sido descalificado el TRIFE por AMLO si le otorga el triunfo a AMLO?
Preguntas que palidecen ante los hechos. La izquierda tiene hoy una presencia política mayor que nunca desde la presidencia de Lázaro Cárdenas del Río. La pugna personal entre Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador ocurre en un ring sin árbitro que sólo ellos ocupan. Fuera del ring, la izquierda gana poder y no veo a sus senadores, diputados y alcaldes renunciando a sus puestos para embarcarse en una campaña permanente al grito de "al diablo las instituciones" y "cállate, chachalaca".
El México incluyente y democrático, por más imperfecciones que ostente, requiere hoy otro lenguaje y otra actitud. La izquierda tiene que verse y organizarse como un movimiento político permanente, no como una algarada circunstancial. La izquierda tiene que potenciar su presente en función de su futuro como auténtica alternativa de poder en beneficio de todos los ciudadanos y de todas las clases, propiciando el ascenso del que habla Lagos más que el descenso que practica Chávez. La izquierda tiene que trascender el liderazgo personalista de AMLO a fin de ser más incluyente y encarrilar el poderoso verbo y la magnética presencia del tabasqueño a tareas compartidas con los izquierdistas que no son ni sus partidarios ni sus súbditos.
Hay un largo camino por delante. Mi querido amigo Porfirio Muñoz Ledo no será Primer Ministro de un régimen parlamentario mexicano. Acaso la próxima vez -dentro de seis años- López Obrador deberá disputarle la candidatura de izquierda a Marcelo Ebrard. ¿Quién sabe?
Lo cierto es que a Lula, a Lagos y a Bachelet, a Evo Morales y a Tabaré les tomó tiempo, paciencia y organización llegar al poder. Ellos dan cuenta de una izquierda latinoamericana muy diversificada, nada monolítica, a la cual espero que un día acceda México. El reverso de esta medalla es el Bocazas Chávez, a quien no considero de izquierda, sino un fascista pasajeramente rico y que divierte a sus colegas.
Sólo que Chávez no tiene frontera terrestre con los EE.UU. de América. Sólo México, en Iberoamérica, la tiene. Y no sé si por provincianismo o por cálculo, López Obrador jamás -o rara vez- ha criticado a los gringos. Vecindad fatal. Está allí y de ello mañana, en relación a Felipe Calderón, escribiré en este espacio.
Mañana: "Debe y haber de Calderón".
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