Almas Puras - Enrique Krauze

REFORMA | 15 de Julio de 2007

En las semanas recientes recibí dos críticas publicadas por dos conspicuos personajes de la izquierda: Andrés Manuel López Obrador y Arnaldo Córdova. Por economía de espacio y por la semejanza entre ambos textos, he creído conveniente responderles en un solo artículo.


En un lugar de su especioso libro, AMLO me llama "tenaz defensor de la derecha" y denuncia que a lo largo de la campaña estuve "dedicado por entero a atacarlo". Le agradezco su atención singularizada, pero temo que su acusación lo retrata, una vez más, de cuerpo entero: para AMLO no hay más ruta que la suya, los críticos son enemigos y los enemigos representan necesariamente el "pensamiento y los intereses de 'la derecha'".

AMLO no rebate la caracterización que hice de él como un Mesías tropical. "En realidad -apunta- no es que yo sea mesiánico, lo que pasa es que Krauze es simpatizante de la derecha y un intelectual orgánico del PAN". Lo curioso es que, para probar mi "organicidad" panista, señala que "promoví" la biografía de Luis Terrazas, empresario y latifundista chihuahuense que fue nada menos que tatarabuelo de... ¡Santiago Creel! Para AMLO, la genealogía certifica la pureza o impureza ideológica de las personas, pero con esos mismos criterios le tengo malas noticias: la esposa de Terrazas era nieta de don Carlos María de Bustamante, el gran cronista de la Independencia, colaborador cercano de Morelos. Creel resulta entonces descendiente directo de un prócer, lo cual -supongo- atenúa mi "culpa" como editor y arroja dudas sobre mi supuesta filiación panista.

El argumento es risible, el tema de la pureza no lo es. AMLO insiste en la necesidad de una "verdadera purificación" de la vida nacional. Su frase, lo mismo que la fórmula "rayo de esperanza", provienen de "La crisis de México", célebre ensayo de Daniel Cosío Villegas publicado en 1946. Aunque AMLO pretende cobijarse bajo la autoridad de aquel gran historiador, no lo logra. Cuando un intelectual liberal como Cosío Villegas usaba esas palabras, la implicación no era revolucionaria, ideológica o religiosa, sino reformista. Un demócrata asume de antemano la impureza de la vida y por eso cree en el imperio de las leyes. No es ése el sentido con que AMLO utiliza la palabra "pureza" y sus derivaciones: él es un líder para quien el mundo se divide entre "puros" e "impuros", con la particularidad específicamente mesiánica de que es él quien decreta la diferencia. Llevada al poder, esa idea de pureza encarnada es el germen natural del autoritarismo, el reverso de la tolerancia democrática.

Me habría gustado responder a Córdova en La Jornada, donde publicó su texto. Por desgracia es imposible. Desde hace años ese órgano omite por sistema -sin derecho de réplica- casi toda noticia o mención sobre mí que no sea denigratoria.

En respuesta a mi artículo "Octavio Paz y la izquierda" (Reforma, 6 de mayo de 2007), Córdova cree refutarme sosteniendo que -salvo una polémica con Carlos Monsiváis- fue Paz y no la izquierda quien se rehusó a debatir los grandes temas de la historia contemporánea. Me temo que Córdova no leyó a Paz. En su obra crítica abundan los textos explícitamente dirigidos a la izquierda, varios memorables como la "Carta a Adolfo Gilly", que dio pie a una discusión sustancial. A estas aperturas de Paz, los sectores más influyentes de la izquierda respondieron -con excepciones como la mencionada- quemando su efigie en el Paseo de la Reforma o ejerciendo contra él la descalificación, la calumnia y el ninguneo. "Cuando Paz -agrega Córdova- se convirtió en estrella de televisión con sus magníficos y muy ilustrativos programas jamás abrió las puertas a una polémica como él decía que quería con la izquierda". Aquí Córdova miente o sufre una extraña falla de la memoria. Al "Encuentro Vuelta", que organizamos en 1990 para debatir sobre la situación mundial después de la caída del Muro de Berlín, acudieron varios exponentes respetados de la izquierda mexicana, entre ellos Adolfo Sánchez Vázquez, Rolando Cordera, Carlos Monsiváis, y... ¡el propio Córdova! Sus intervenciones constan en los videos y libros del Encuentro.

Paz pedía a la izquierda -y yo lo he reiterado- una autocrítica honesta y clara con respecto a los regímenes antiguos y presentes del socialismo real. Córdova se deslinda cómodamente, en un párrafo de antología: "[Krauze] no tiene por qué seguir exigiéndonos a todos que nos arrepintamos de lo que hicieron los dictadores comunistas. Eso es estúpido. Yo qué carajos tengo que ver con el muro de Berlín o con los campos del Gulag". Es increíble que un intelectual -de cualquier filiación- escriba así, mucho menos si es de izquierda. No se trata de un problema de culpa sino de responsabilidad intelectual, porque la historia de esos regímenes que actuaban en nombre del socialismo provocó el sufrimiento y la muerte de decenas de millones de personas. ¿Dónde están los textos o las protestas de Córdova sobre esos regímenes? No es preciso haber pertenecido a la Stasi para admitir la necesidad de la autocrítica, y ahora menos que nunca, porque muchos de los esquemas ideológicos y actitudes autoritarias que sustentaron a esos regímenes siguen vivos en sectores de la izquierda latinoamericana y mexicana. La satanización del pensamiento liberal es uno de ellos, y el propio Córdova lo representa al decir que soy de "derecha" porque soy liberal.

Hay finalmente, en el texto de Córdova, un tono que entristece y desconcierta. ¿Por qué un profesor universitario de su rango pierde a ese grado la compostura, la más elemental civilidad? Esa intemperancia es uno de los legados más preocupantes que dejó el "estilo personal" de López Obrador. Proviene de una torcida noción de superioridad moral, de pureza, que es el rasgo más antidemocrático de un sector considerable de nuestra izquierda. Lo señalo, como diría López Obrador, "con el debido respeto".

REFORMA | 1 de Julio de 2007

Para José Gutiérrez Vivó.

Hacia 1921 se desvaneció el último partido con la palabra "liberal" en sus siglas: el Partido Liberal Constitucionalista. El PLC contaba con miembros en el gabinete y tenía mayoría en la Cámara. Quiso hacerla valer, pero el invicto general Álvaro Obregón no tenía tiempo para sutilezas parlamentarias. No sólo no contemporizó con ellos sino que toleró un asalto al Palacio Legislativo al grito de... "¡Viva la Revolución Rusa!" Fue el último adiós del Estado al liberalismo.


En los años veinte los partidos políticos crecieron como hongos: los había nacionales, estatales y locales. Sus siglas revelaban una similar búsqueda de legitimidad en las corrientes ideológicas o políticas de moda: todas colectivistas, ninguna liberal. Así se fundaron varios partidos influyentes, ligados siempre a figuras políticas de renombre, entre otros el "Nacional Agrarista", de Soto y Gama, ligado a Obregón; el "Laborista Mexicano", de Morones, ligado a Calles; el "Nacional Cooperativista", de Prieto Laurens, ligado a De la Huerta; el "Comunista", fundado por el hindú Manabendra Nath Roy; el "Socialista del Sureste", fundado por Carrillo Puerto; el "Nacional Antirreeleccionista", ligado al filósofo y educador José Vasconcelos. Todos desaparecieron tras el ocaso de sus creadores o patronos. Además, en términos ideológicos, sus nomenclaturas resultaron parciales. Había que encontrar una que reinara sobre todas, y Calles encontró la que, a la postre, triunfa- ría, en la guerra de las siglas: el Partido Nacional Revolucionario, luego transformado en el Partido de la Revolución Mexicana y finalmente en el Partido Revolucionario Institucional.

A partir de 1929 se crearon otros partidos, que tampoco reivindicaron en sus siglas la palabra liberal. Algunos casi de membrete, como el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana; otros ligados parcialmente a un líder carismático, como el Partido Popular Socialista de Lombardo Toledano, o el Partido Demócrata Mexicano, "el del gallito", vinculado al sinarquismo ultramontano de Salvador Abascal. El común denominador de ésos y otros partidos fue su falta de solidez institucional. La excepción a la regla fue, desde luego, el Partido Acción Nacional, creado desde un principio con pautas democráticas, y destinado, no a conquistar el poder, sino a la paciente "brega de eternidades".

Los partidos de cuño revolucionario mexicano consideraban que el movimiento armado y la Constitución de 1917 representaban un progreso sobre los principios liberales -supuestamente anacrónicos- de la Carta de 1857. Pero, para no desocupar por entero la plaza, sus ideólogos principales (el más destacado fue Jesús Reyes Heroles) construyeron una obra respetable que pretendió trazar una continuidad entre los liberales de 1857 y los constituyentes de 1917. La supuesta convergencia entre el orden liberal y el priista fue criticada por unas cuantas voces (notablemente, la de Cosío Villegas) que sabían que el sistema político mexicano contradecía los postulados más elementales de una democracia liberal.

Por su parte, los partidos de cuño revolucionario socialista o comunista (algunos ligados a Moscú, otros dispersos en infinitas sectas o extraviados en las ideologías revolucionarias) desecharon como un anatema la posible convergencia con la tradición liberal. Esa confluencia podía haberlos librado de la clandestinidad (a veces heroica), y haberles dado presencia nacional y votos.

Por su cercanía a la Iglesia Católica, el Partido Acción Nacional estaba impedido a reconocer expresamente el legado liberal. Todo lo liberal sonaba a jacobino. Las siglas del PAN, como se sabe, provienen de Action Française, el influyente partido de derecha fundado por Charles Maurras en Francia. Pero hay un dato que a menudo se olvida: el carácter liberal de la lucha universitaria de 1933, que está en el origen del PAN. Guiados por el rector Gómez Morín, quienes libraron esa lucha por la libertad de cátedra y de expresión, frente a un Estado que pretendía imponer la "educación socialista" (que Jorge Cuesta llamó la "nueva política clerical"), fueron católicos liberales como el propio Gómez Morín y Antonio Caso. No en balde fue Caso quien acuñó la frase "Parecían gigantes" para referirse a los liberales de la Reforma. En sus mejores momentos (su lucha parlamentaria en los cuarenta, la presidencia de Adolfo Christlieb Ibarrola, las elecciones de los ochenta) el PAN ha sido -en términos políticos- heredero del maderismo. Por desgracia, la otra cara del PAN, la clerical, dogmática e intolerante, no es menos poderosa. Y para colmo, la propensión panista a legislar sobre la vida privada sigue siendo un pesado lastre antiliberal.

¿Podrían los partidos redescubrir ese legado? El PRI podría reivindicarlo, con enormes esfuerzos de autocrítica y una decidida actitud modernizadora. Es improbable que lo haga. En cuanto al PAN, a juzgar por su dirigencia actual -antiliberal en casi todos sentidos- no puede ni quiere reconocerse en esa herencia. La gestación de un liberalismo católico no sería impensable (no lo fue en la época de la Reforma), pero requeriría un arrojo extraordinario y la posibilidad de tomar distancia de la Iglesia Católica, enemiga mortal del liberalismo desde el siglo XVIII. ¿Y el PRD? Mucho más que sus antecesores (el PSUM, el PMT; el PSD, etcétera), el PRD se ha acercado a asumir como propia la vida democrática, pero está muy lejos de entender, mucho menos de arrogarse, el legado liberal. Aunque es quien defiende con mayor denuedo la separación de la Iglesia y el Estado, las actitudes dogmáticas de sus dirigentes y sus órganos periodísticos revelan una intolerancia "clerical", a veces "inquisitorial". Y su plataforma -como vio hace años Gabriel Zaid- se parece menos a la de los liberales del siglo XIX que a la de sus acérrimos enemigos, los conservadores: Estado protector de la identidad nacional, las corporaciones (en aquel tiempo militares y eclesiásticas, en el nuestro sindicales, académicas, burocráticas), odio contra Estados Unidos, etcétera.

En México el liberalismo está vivo. En su versión moderada (lejos del viejo jacobinismo o de las doctrinas económicas de un rígido laissez faire), lo profesa y practica sin saberlo una buena parte de la población, que cree en la democracia, aprecia la libertad en todas sus manifestaciones, exige tolerancia e igualdad de derechos, sueña con un Estado de derecho y con un Estado eficiente, responsable, acotado y honesto. México es, en buena medida, liberal, pero el liberalismo mexicano no tiene representación en los partidos, que van a la zaga de la sociedad. Por fortuna, el liberalismo puede encontrar otras vías de participación ciudadana paralelas, aunque no contrarias, a los partidos. Tal vez ésa sea, entre nosotros, su mejor vocación.

REFORMA | 17 de Junio de 2007

En Estados Unidos, los conservadores detestan la palabra "liberal" al grado de decretarla impronunciable. Es "the L word". Como en lo religioso y lo político aquella sociedad nació "liberal", es decir, abierta y tolerante, el significado del término ha emigrado a zonas económicas, sociales y morales de la vida pública. "Liberal", en Estados Unidos, es quien favorece la intervención del Estado en asuntos de bienestar social, quien adopta posiciones de tolerancia en temas raciales o sexuales, quien se opone a las políticas fiscales que atizan la desigualdad. Porque en Estados Unidos el poder incontrastado pertenece a las grandes corporaciones, el liberalismo suele ser igualitario, pero aun en ese aspecto no es un cuerpo predeterminado de doctrina sino un conjunto plural de actitudes y puntos de vista que, de manera más o menos casuística, responde a los temas de interés general.

En la tradición europea, marcada durante siglos por opresiones de raíz teológica y política, la palabra "liberal" mantiene su significado clásico. En términos religiosos, liberal es la persona "sin prejuicios, de mentalidad abierta, en especial quien está libre de intolerancia fanática y de prejuicios irracionales a favor de opiniones tradicionales o de instituciones añejas, y se abre a ideas nuevas". En términos políticos, "liberal" es quien "favorece o respeta los derechos y libertades individuales... quien impulsa el libre comercio y las reformas políticas y sociales graduales, que tiendan a la libertad individual y la democracia" (The New Shorter Oxford Dictionary, 1993). En el paradigmático caso inglés, el liberalismo está ligado al partido Whig que combatió la excesiva autoridad real o aristocrática y defendió a la democracia y los cuerpos parlamentarios.

En España la palabra liberal no sólo es de antigua prosapia sino que allí encontró su uso como sustantivo. Originalmente, en la literatura del Siglo de Oro, se empleaba en el sentido del original latín, liberalis (desprendido). Según el Diccionario de Autoridades, el adjetivo liberal significa "generoso, bizarro, y que sin fin particular, ni tocar en el extremo de la prodigalidad, graciosamente da y socorre, no sólo a los menesterosos sino a los que no lo son tanto, haciéndoles todo bien". Así lo utiliza Cervantes en el Quijote: "No quiso aceptar ninguno de sus liberales ofrecimientos". Según el Diccionario de Corominas, el paso del adjetivo liberal a la esfera política ocurrió a fines del siglo XVIII a partir del pensamiento del Abate Sieyés y Benjamin Constant (muy leído en México). Pero fue en 1810, en el contexto de las guerras napoleónicas en España, cuando la palabra comenzó a aplicarse a un partido político cuyos miembros se denominaban "liberales" por oposición a los "serviles" (paralelamente también en España se acuñó otra palabra, de no menor importancia: "guerrilla"). A partir de la Constitución de Cádiz (1812) los liberales comenzarían su larga y sinuosa trayectoria en la historia española, luchando contra los carlistas y la Corona, y contra sí mismos, desgarrados en la vertiente moderada y la radical. A fin de cuentas, su legado fue sustantivo aunque desigual: contribuyeron a instaurar un orden más igualitario, una economía más abierta, un organismo judicial uniforme, abolieron los gremios y, ante todo, desamortizaron la propiedad de la Iglesia. Lamentablemente, no consiguieron modificar de fondo la cultura política española, ni arraigar las costumbres democráticas. Ya en pleno siglo XX, la guerra civil ahogó al liberalismo clásico en un encrespado mar de ismos intolerantes. Hace treinta años, tras la dictadura franquista, España pareció haber reencontrado el liberalismo, no como patrimonio ideológico de un partido sino como terreno común de democracia, legalidad, civilidad, y también de tolerancia entre dos fuerzas históricas, el PP y el PSOE. Hoy, por desgracia, la crispación entre ellas amenaza nuevamente con relegar al liberalismo al triste papel de espectador en la eterna lucha entre hermanos que plasmó Goya.

En México, el prestigio político de la palabra liberal duró un siglo: de 1812 a 1921, del nacimiento de la nación al triunfo de la Revolución. Liberales puros fueron Mora, Rejón, Gómez Farías, Ocampo, Ramírez, Prieto, Riva Palacio, Altamirano, Juárez, Vallarta, Zarco. Pero liberales fueron también los moderados Otero, José Fernando Ramírez, Mariano Riva Palacio, José María Lafragua, Ignacio Comonfort. Puros o moderados, el extraordinario legado de los liberales fue la Constitución de 1857, a la que México debe la separación entre la Iglesia y el Estado y el orden legal que, no sin dificultades, aún lo sostiene. El triunfo de la República en 1867 pudo y debió haber consolidado la unidad del grupo liberal (sin detrimento del conservador, canalizado en el parlamento), pero las rencillas internas y el advenimiento del dictador Porfirio Díaz lo impidieron. El liberalismo mexicano entró en un estado de confusión. Subrepticiamente, el México conservador (proclive al poder absoluto, receloso de los congresos y las libertades) se insinuaba en el cuerpo doctrinal liberal, al grado de que sus exponentes no tenían empacho en autodesignarse "liberales-conservadores".

En los primeros años del siglo XX, la palabra "liberal" presidió la fundación de cientos de clubes democráticos en toda la república. Era el emblema de la oposición a Díaz. Francisco I. Madero fue, en esencia, un liberal que buscaba la restauración del orden liberal consignado en la Constitución de 1857. Su victoria en 1911 fue fugaz. Su derrota repercutió a lo largo de todo el siglo XX. Su alternativa quedó abierta.

La Revolución mexicana fue "el primer ataque al bastión del liberalismo en el siglo XX" (Cosío Villegas). En sí mismos, los derechos sociales consignados en la Constitución de 1917 no representaban contradicción alguna con los derechos y garantías individuales de la carta de 1857. Pero el Estado que nació de la Revolución sí implicaba un conflicto directo con el ideal liberal. El activo papel tutelar que le asignaba la nueva ley, el poder que confería al Presidente sobre el Legislativo, la noción misma de la propiedad originaria de los bienes del suelo y subsuelo como perteneciente a la nación ("representada" a su vez por el Estado, "representado" a su vez por el Presidente) presagiaba el ocaso político de liberalismo mexicano.

Actualmente, en México padecemos una lamentable confusión sobre el sentido de las palabras "liberal" y "conservador". La comenzó el PRI, al autoidentificarse ilegítimamente con el legado liberal del siglo XIX, herencia que traicionaba en la práctica política. Pero ahora esa confusión continúa en muchos sectores de la izquierda que por un lado tachan a los liberales de conservadores, y por otro se invisten ostentosamente como herederos del liberalismo, cuando lo cierto es que (con excepción de algunos puntos de la agenda social) son, en lo político y económico, el vivo retrato de los conservadores del XIX.

La alternativa liberal no está representada en los partidos políticos de México y es minoritaria en los sectores intelectuales. Pero el liberalismo está vivo. Lo profesan, a veces sin saberlo, las mayorías silenciosas de México

REFORMA | 3 de Mayo de 2007

Ahora que, para regocijo de algunos intelectuales filotiránicos y de varios dirigentes totalitarios del PRD, Hugo Chávez ha suprimido el canal de televisión RCTV, es momento de valorar la libertad de expresión en México. No siempre fue tan sustantiva como lo es hoy, y podría dejar de serlo en el futuro. Fue una libertad que costó conquistar y que debe consolidarse, en un marco de responsabilidad y madurez.

Me tocó vivir de cerca la transición desde la trinchera de diversos medios: los periódicos y revistas, la radio y la televisión. La primera zona en liberarse fue la prensa. Tras el golpe al legendario Excélsior de Julio Scherer, en 1976, no siguió el silencio o la sumisión sino el nacimiento de al menos tres órganos independientes: la revista Proceso, el diario Unomásuno y la revista Vuelta. Indiferente al acoso oficial, Proceso solía documentar la tenebra nacional, semana tras semana, con valerosa y escalofriante precisión. La Jornada -heredera casi inmediata de la legitimidad inicial de Unomásuno- cumplía también una tenaz labor de crítica al "Ogro filantrópico". Al principio de los ochenta, Vuelta anticipó y articuló la necesidad de un cambio democrático, que en su momento recogieron otras revistas. En el interior de la República, otros audaces diarios y revistas trabajaban también, desde hacía tiempo, en el mismo sentido. A partir de 1994, con la aparición de Reforma, la democratización en los medios se aceleró. La letra impresa apuntalaba la transición gracias a una convergencia inédita entre posiciones liberales y de izquierda.

La radio había comenzado a despertar desde principios de los ochenta. El mérito histórico en este ámbito lo tuvo el programa Monitor con José Gutiérrez Vivó: organizó conversaciones, debates y mesas redondas, y arriesgó una cobertura independiente. Con el tiempo aparecieron competidores -algunos auténticos, otros oportunistas-, pero el público supo siempre (y sabe aún) el carácter precursor de ese programa. Sin embargo, incluso en ese espacio ejemplar había restricciones. En 1992 atestigüé la llamada de Gobernación que recibieron los dueños de Radio Red, a propósito del programa que íbamos a hacer sobre el candente tema de la reelección: "Don Fernando sugiere que ese tema no se toque". Y no se tocó. Con todo, la radio fue ganando un espacio sólido de credibilidad, fincado en una sencilla máxima: servir al público no al poder.

La televisión no servía al público, servía al poder. Su verdad era la verdad oficial. No había lugar para la oposición, el debate o el documental histórico y político. El cambio sobrevino a cuentagotas. En 1990, Mario Vargas Llosa denunció a "la dictadura perfecta" en el marco del "Encuentro Vuelta", convocado por Octavio Paz, y trasmitido por Televisa. Los hechos dramáticos de 1994 se abrieron paso en la pantalla. Pero no fue hasta 1998, que el cuadro se modificó radicalmente. Se trasmitió el primer programa de "México Nuevo Siglo", con escenas del 68 nunca antes vistas en televisión. El noticiero de López Dóriga dio inicio a "En opinión de...", espacio plural y abierto a todas las voces del espectro político. Los noticieros comenzaron a producir reportajes sobre temas que habían sido tabú. Algo similar ocurría en Televisión Azteca y en Canal Once. Aparecieron o se consolidaron programas serios de discusión: "Zona Abierta", "La Entrevista con Sarmiento", "Primer Plano". El mismísimo subcomandante "Marcos" salió en la pantalla del Canal 2. Conforme se aproximaron las elecciones del 2006, la televisión privada abrió sus espacios a la oposición, no sólo en los tiempos de cobertura sino en la filiación abierta de algunos de sus afamados comentaristas. Y Televisa produjo una serie que contribuyó a que el votante conociera de cerca a los candidatos: "Diálogos por México".

En 1953 Daniel Cosío Villegas escribió: "Tenemos una prensa libre que no sabe usar su libertad". Se refería a la utilización responsable de la libertad. La pregunta interesante para los medios hoy en día es: ¿han aprendido a usarla en ese sentido? Todos, sin excepción, han cometido, y cometen aún, graves distorsiones. Señalo unas cuantas. La prensa de "derecha" dedica secciones enteras a promover una lamentable frivolidad. La prensa "de izquierda" se ha vuelto cada vez más dogmática e inquisitorial. Muchos comunicadores confunden el micrófono con el púlpito, lanzan anatemas contra sus adversarios y editorializan sesgadamente las noticias.

Tal vez estos problemas sean naturales. Tras medio siglo de censura relativa, es mejor que se ejerza la libertad con exceso, y que el público la vaya acotando. Aunque es obvio que no basta el público. Se requiere mayor competencia. Sin embargo no basta la competencia, porque la nota roja tiene más rating que la nota seria y los competidores pueden optar por abatir la calidad en vez de elevarla. Por eso importa tanto la certeza legal e institucional que asegure el ejercicio continuado y responsable de la libertad. Ése debe ser el papel del órgano regulador, pero, ¿cómo configurarlo? ¿En manos del Ejecutivo o -como creo- de común acuerdo entre dos poderes? ¿Con una legislación y regulación orientadas discrecionalmente desde el Ejecutivo u otras -como creo también- esencialmente técnicas y autónomas, que impidan los caprichos de un eventual Hugo Chávez mexicano?

Hay democracias que terminan por ser antiliberales (Venezuela es una, Alemania en 1933 fue otra). Para consolidar la democracia en la libertad y la libertad en la democracia, se necesita un público alerta, libre competencia, certeza legal e institucional, pero incluso todo ello no basta. Se requiere -repito la idea de Karl Popper- algún código de autorregulación como el que adopta The New York Times, que sólo da a luz "All the News that's Fit to Print" ("todas las noticias que merecen publicarse"). Y tampoco eso basta, porque finalmente necesitamos crítica de los contenidos. Sólo la crítica objetiva y seria (no el odio ideológico disfrazado de crítica) puede lograr que nuestros medios -los actuales y los futuros- hagan mejor uso de su libertad. Esa misma libertad que los consabidos "abajofirmantes" disfrutan en México y desdeñan para Venezuela.

Publicado en Reforma, 20 de Mayo, 2007


La televisión no tiene la facultad de gobernar, legislar, juzgar, mandar batallones, pero tiene un poder acaso más preciado: la atención de millones de personas. Por eso, la pregunta interesante en nuestro tiempo es ¿cómo se puede o debe usar ese poder para beneficio de la sociedad? O, puesta en términos negativos, ¿cómo limitar ese poder para que no actúe en detrimento de ella? Los estados totalitarios tienen una respuesta sencilla: la estatización. Pero en los estados democráticos y liberales el problema, por fortuna, es más complejo.

Daniel Cosío Villegas creyó que el poder de la televisión podía usarse para fines de educación y cultura. Su Historia mínima de México fue, en el origen, un guión para televisión. Al final de su vida, apareció en varios programas comentando el escenario internacional. Octavio Paz creyó también en la posibilidad de orientar el poder de la televisión hacia la cultura: solía hacer un comentario en el noticiero 24 Horas de Jacobo Zabludovsky, y creó varios proyectos de alta calidad intelectual que tuvieron, además, un rating respetable: la serie "Encuentros", "México en la obra de Octavio Paz", el "Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad". Luego de su muerte, muchos de quienes lo criticaban por aparecer en la televisión hicieron lo mismo que él. Por mi parte, nunca he dudado de que la televisión puede ser un espléndido vehículo de difusión histórica, como demostraron en su momento las telenovelas de Ernesto Alonso y Fausto Zerón Medina. La serie "México Nuevo Siglo", que desde 1998 hasta hoy se ha trasmitido por Canal 2, es -quiero pensar- otro ejemplo de que la televisión puede usarse con fines culturales.

Se dice que la vocación de la televisión es entretener. Puesto así el asunto parece sencillo, pero el problema reside en los contenidos. Los más violentos, degradantes, transgresivos o vacuos pueden ser "entretenidos", pero hacen un enorme daño a la sociedad. Por eso, nada menos que Karl Popper -el filósofo liberal más influyente del siglo XX- sostenía que, por la naturaleza de su "producto", la televisión requería de una reglamentación. Sería deseable -agregaba- que los medios electrónicos adoptaran públicamente un código autoimpuesto de ética, y crearan un instituto que emitiera licencias revocables en caso de violación (Karl Popper: La televisión es mala maestra, Fondo de Cultura Económica). En el mismo sentido, también sería muy sano que la televisión privada mexicana tomara la iniciativa de abrir un debate crítico y autocrítico sobre todos sus contenidos, y explorara seriamente la manera de mejorarlos incorporando una nueva y verdadera creatividad.

En términos de responsabilidad cívica, sigo sosteniendo lo que escribí en "Para salir de Babel" (mayo de 2004): "la televisión no ha estado a la altura de los tiempos... ha relegado uno de sus deberes fundamentales, sobre todo en un país atrasado y pobre como México: el deber de educar y formar opinión. La televisión podría ser un foro espléndido para que los actores de la vida pública y los ciudadanos en general (estudiantes, académicos, empresarios, militares, religiosos, obreros, campesinos) debatan (no sólo conversen) sobre los temas urgentes de nuestra agenda pública". En México, los debates pueden ser una gran escuela de tolerancia y civilidad.

Lo cual me lleva a la zona más delicada del poder de la televisión: su relación con el poder político. Durante los viejos tiempos del PRI, la televisión no servía al público: servía al Poder Ejecutivo. En el sexenio de Zedillo, la situación comenzó a cambiar en un sentido de pluralidad democrática que se afianzó a partir del año 2000. Sólo la mezquindad puede negar que, desde entonces, la televisión privada mexicana (y sí, Televisa en particular) abrió sus espacios informativos y de opinión a la oposición, en particular a la oposición de izquierda (Un botón de muestra: en la elección presidencial en el 2006, el número de menciones en radio y televisión de la Coalición por el Bien de Todos fue de 51,318; el PAN tuvo 39,243 y el PRI 43,467). Este proceso positivo de apertura se vio manchado -también es cierto- por hechos que significaban una contradictoria vuelta al pasado, como la cercanía con Los Pinos.

Pero más allá del desempeño de las televisoras en la transición democrática de México, es obvio que su lugar público no puede depender de su propia discrecionalidad: debe legislarse, y en efecto se ha legislado, una ley cuya constitucionalidad (objeto de la acción en esta materia) debate ahora mismo la Suprema Corte de Justicia. En nuestra transición democrática, el Poder Judicial ha debido ser el fiel de la balanza entre el Ejecutivo y el Legislativo, y ahora -si no hay imprevistos- debe pronunciarse en torno a la ley que engloba la radio, la televisión y las telecomunicaciones. Tratándose de un asunto tan importante, es encomiable que la ponencia de 546 páginas del ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano esté disponible en Internet, y que la Corte se haya mostrado abierta para que el público y las instituciones opinen sobre el tema. Un viejo axioma reza: "la Constitución dice lo que la Corte dice que la Constitución dice". Así es y así debe seguir siendo.

La complejidad técnica y jurídica de la ley rebasa, por supuesto, mi reducida área de conocimiento. Creo en la libre competencia y espero que la sentencia de la Corte la fortalezca. No creo que las futuras licitaciones deban darse sólo con criterios económicos, sino con ponderaciones a la oferta cualitativa de los posibles concesionarios. Creo también en la necesidad de alentar tanto a los medios culturales independientes como a los comunitarios e indígenas, y espero que la Corte -como apunta la ponencia- declare inconstitucional esa omisión, y que el Legislativo la subsane.

Por otro lado, pienso que, al menos en un sentido, la Ley vigente significa un avance sobre la anterior: resta al Presidente de la República la completa discrecionalidad en el dominio de las concesiones. Tal como está ahora, el Artículo 9-C establece que los comisionados de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) serán nombrados por el Presidente de la República, pasando por la "no objeción" del Senado, pero en el proyecto del ministro Aguirre Anguiano, el Artículo se considera inconstitucional porque "implica una invasión a las facultades del Presidente". Se aduce que el Artículo 76 de la Constitución no otorga al Senado facultades para intervenir en el área de la Administración Pública Centralizada, cuyo dominio corresponde sólo al Presidente y a cuya esfera pertenece la Cofetel. Independientemente de la sentencia inatacable que emita la Corte, creo que en el futuro sería sano que la Cofetel adquiriera autonomía respecto del Ejecutivo, haciendo intervenir a la representación nacional (es decir, al Senado) en el sentido de la "no objeción". Para ello, quizá bastaría que se legislara para la Cofetel un régimen de organismo descentralizado. La madurez democrática y republicana de México depende de la división y equilibrio de poderes, de todos los poderes

Dieciocho años: Paradojas

REFORMA | 10 de mayo de 2007

El PRD es hoy la principal expresión de la izquierda mexicana, un partido exitoso, parte medular de la representación política, un poder real y actuante. Pero vive cruzado por distintas paradojas.

1) El PRD fue la desembocadura organizativa del potente movimiento electoral encabezado por el ingeniero Cárdenas. El Frente Democrático Nacional, integrado formalmente por cuatro partidos con registro, pero con el aporte sustantivo de la Corriente Democrática, al que se unió un buen número de organizaciones políticas y sociales, encontró en la formación de un partido la mejor forma de dar continuidad a la fuerza desatada por los comicios de 1988. Si se deseaba multiplicar la presencia política de la izquierda, revertir su atomización, incrementar su influencia, garantizar su permanencia y un día encabezar el gobierno de la República, nada mejor que la construcción de un partido. Y todos los objetivos enunciados -salvo el último- se han logrado. Primera paradoja: esa asignatura pendiente nubla la evaluación de todo lo demás.

2) El PRD fue conformado de manera natural por las corrientes que lo fundaron. Ex militantes del PRI junto con la más amplia gama de posiciones de izquierda. Al inicio resultaba normal que aquellos que tenían una trayectoria, un ideario, unos signos de identidad comunes siguieran trabajando en el nuevo partido como una red o una corriente. La confianza construida con anterioridad y hasta las relaciones amistosas tendían a reproducir en el nuevo partido los alineamientos previos. No podía ser de otra manera. La historia modela querencias y reflejos. Por supuesto, luego de 18 años las corrientes no son ni podían ser las mismas. Se han producido realineamientos, fusiones y confusiones. Pero el modus operandi sigue siendo similar. Segunda paradoja: la riqueza del partido -una diversidad de tradiciones y corrientes- al mismo tiempo es fuente de problemas y conflictos circulares.

3) Dos liderazgos carismáticos y sucesivos han cohesionado al PRD y lo han proyectado como una fuerza central en la arena política. Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador le han proporcionado a esa formación un extra que le ha permitido entrar en contacto y ganar la adhesión de franjas de ciudadanos que de otra manera no hubiesen volteado a ver siquiera al PRD. Tercera paradoja: no obstante, esos liderazgos han hecho patente que entre la dirección real y la formal existe un fuerte desfase, y ello deja su huella en la vida de la organización, sujeta a los proyectos, prioridades y necesidades de los liderazgos.

4) El PRD es una maquinaria poderosa, pero su organización es -reconocido por sus propios militantes- precaria, informal, deficiente. Sin un auténtico padrón de sus afiliados y sin núcleos de base con trabajo regular, su vida interna es, para decirlo de manera suave, intermitente. Sin ese cimiento sólido, la fórmula de asambleas sucesivas -distritales, estatales, nacionales- como mecanismo de encuentro, discusión y negociación, se ve erosionada. Así, sin tener resuelto lo elemental, el PRD se ha permitido varias fugas hacia delante, como la de llamar a cualquier ciudadano con credencial para votar a participar en la elección de candidatos a los cargos de representación o la realización de encuestas para alcanzar los mismos fines. Correr antes que caminar. Cuarta paradoja: esas supuestas medidas democráticas lo único que hacen es incrementar los grados de desorganización interna.

5) El PRD tiene una rica vida interna. Como todo partido moderno se encuentra marcado por una cierta tendencia endogámica. Sus militantes (o por lo menos sus dirigentes) viven en un mundo propio cargado de sentido, escaramuzas, debates, grillas, alianzas, porque así es la vida en cualquier organización compleja. Se trata de un espacio absorbente, difícil, y en ocasiones apasionante. Sin embargo, mantiene escasos puentes de comunicación con el "exterior". En particular, los lazos con el mundo de la cultura y la ciencia son precarios, lánguidos, instrumentales. Quinta paradoja: lo que debería ser un proyecto político cultural se adelgaza hasta convertirse en meramente político.

6) El PRD ha sido motor fundamental y usufructuario del monumental cambio político que ha vivido el país. Sin sus esfuerzos, movilizaciones, reclamos, no hubiese sido posible la transición democrática, la edificación de un sistema de partidos equilibrado con elecciones competitivas y con un mundo de la representación política invadido por la pluralidad y cargado de innumerables pesos y contrapesos. Y al mismo tiempo el PRD ha sido beneficiario del cambio. Gobierna seis entidades, es la segunda fuerza en la Cámara de Diputados y la tercera en el Senado, encabeza decenas de municipios, está presente en todos los congresos locales y sus síndicos y regidores suman cientos. Sexta paradoja: el PRD es un partido de gobierno que se comporta como si fuera sólo de oposición.

7) En el PRD se sabe que a través de la "vía electoral" puede llegar al gobierno federal, tal y como lo ha conseguido en diferentes estados y municipios. Saben también -espero- que lo electoral es sólo la punta del iceberg de una construcción civilizatoria que permite la expresión, la convivencia y la competencia de la pluralidad. Entienden que la democracia es un sistema de gobierno que no sólo permite la reproducción de la diversidad política sino que intenta preservarla. Séptima paradoja: y sin embargo, con una consistencia digna de mejores causas, en su discurso la lucha política aparece como una confrontación entre San Jorge y el dragón.

8) El futuro del PRD está ligado al asentamiento de la democracia. Octava Paradoja: y sin embargo.

REFORMA

Hace 25 años (casi), el 19 de junio de 1982, el Zócalo de la Ciudad de México se vio inundado por una multitud que apoyaba la candidatura a la Presidencia de la República de Arnoldo Martínez Verdugo, postulado por el Partido Socialista Unificado de México. Aquel día, por primera vez luego de 14 años, una manifestación independiente ocupaba ese espacio. Desde las masivas concentraciones de 1968 el Zócalo se había convertido en tabú, en zona prohibida para la oposición y desde el gobierno se impedía por todos los medios que voces disidentes se expresaran ahí. Era un área que sólo podía ser explotada por el oficialismo. No obstante, aquel día, miles y miles de hombres y mujeres caminando desde un costado del Monumento a la Revolución llegaron a la plaza con sus banderas rojas. Y entre consignas y gritos ejercieron sus derechos e hicieron suya y ayudaron a construir esa noción evanescente que denominamos libertad.


Hace un cuarto de siglo, el PSUM realizó su primera y única campaña presidencial. La novedad: lo hacía amparado en la ley. En 1976, el Partido Comunista había postulado como candidato a la Presidencia a Valentín Campa para hacerse presente a la luz del día y como fórmula para denunciar su exclusión arbitraria del marco electoral. La reforma política del año siguiente (1977) no puede explicarse sin aquel reclamo y sin la enorme conflictividad que cruzaba al país y que no encontraba puentes de comunicación con el espacio institucional. Las elecciones intermedias de 1979 habían sido la primera prueba de la reforma y en 1982 contendían siete candidatos a la Presidencia, luego de que en 1976 oficialmente sólo había una opción, la de José López Portillo apoyado por el PRI, el PPS y el PARM. Ahora, los partidos eran considerados por la Constitución "entidades de interés público" y podían ejercer una serie de derechos y prerrogativas y eso era lo que hacía, sin duda, el PSUM.

Hace 25 años, el PSUM representaba el primer intento de unificar a la izquierda mexicana. Hasta ese momento profundamente dividida y sin peso sustantivo en las elecciones, se trataba de revertir esa situación y proyectarla como una fuerza alternativa. El 6 de noviembre de 1981 se habían fusionado en la nueva organización, los partidos Comunista Mexicano, del Pueblo Mexicano (PPM), Socialista Revolucionario (PSR) y los movimientos de Acción Popular (MAP) y de Acción y Unidad Socialista (MAUS). Trayectorias, idearios, formas de acción distintas se conjugaban para intentar multiplicar el peso de la izquierda. Visto en retrospectiva, se trató de un primer eslabón que en los años siguientes se reforzaría con nuevos y más abarcadores procesos de fusión entre partidos, agrupaciones, corrientes e individuos.

Hace 25 años, cuando la mitad de los mexicanos que hoy están vivos aún no nacían, los candidatos del PSUM hicieron campaña a lo largo y ancho del país. Explotando las nuevas condiciones políticas y legales desplegaron sus iniciativas para entrar en contacto con miles y miles de ciudadanos. Arnoldo Martínez Verdugo y su caravana recorrieron el país en 185 días. Arrancó el 4 de diciembre de 1981 en la Plaza de Santo Domingo en el Distrito Federal y de ahí a Alcozauca, Guerrero (en la montaña), pequeño municipio enclavado en el fondo de una cañada, y que había sido el primero "conquistado" por el PCM... y ni un solo día fue de reposo. La izquierda entonces aparece en periódicos y revistas y de manera marginal en la radio y la televisión. Se empieza a convertir -como diría Mitterrand- en parte del paisaje. "El candidato del PSUM recorrió más de 38 mil kilómetros para visitar 202 municipios y poblados en los que encabezó 311 actos públicos, entre ellos 167 mítines, 65 comidas populares; y asistir a 10 penales para hablar con prisioneros políticos. Además, encuentros, marchas, foros y ofrendas florales. En total cerca de 305 mil 790 personas acudieron a tales concentraciones. Nunca, como entonces, una campaña proselitista de izquierda tuvo contacto personal con semejante cantidad de mexicanos", escribieron los entonces reporteros Rogelio Hernández y Roberto Rock en su vibrante crónica de la campaña titulada precisamente Zócalo Rojo (Océano, 1982, p. 21).

Hace 25 años, la campaña del PSUM intentó poner en el centro del debate público los diagnósticos y las propuestas, hacer de la confrontación político-electoral un escenario cargado de ideas, análisis, iniciativas. Así lo escribió entonces Rolando Cordera: "se requería... convertir a la campaña en una suerte de foro omnipresente en el cual el Partido frente a la sociedad, el Estado y la Nación, ubicara o descubriera los nudos estratégicos de la problemática mexicana, explorara y arriesgara soluciones, especulara y proyectara vías de acción, coaliciones posibles y aparentemente imposibles, y vislumbrara, con el máximo de libertad, nuevas plataformas de desarrollo social y político... lo anterior pretendía establecer como eje de la acción política del socialismo mexicano la noción de proyecto nacional alternativo" (en Zócalo Rojo, Op. cit., p. 11-12). Se discutía sobre las posibilidades de "una nueva sociedad rural" y la defensa de los recursos naturales, sobre el diálogo entre cristianos y marxistas y la situación de los indígenas, sobre los contenidos de una nueva reforma política y la necesaria libertad y democracia en los sindicatos, la emancipación de la mujer, los problemas de la educación y "el socialismo al que aspiramos" (A. Martínez Verdugo, El proyecto socialista, editorial del Comité Central, 1983, 323 págs).

Hace un cuarto de siglo, en la elección presidencial, el PSUM y Arnoldo Martínez Verdugo obtuvieron 821 mil 995 votos, el 3.48 por ciento


Powered by ScribeFire.

REFORMA | 6 de Mayo de 2007

Sólo a Roger Bartra, esa ave rara en la izquierda mexicana, podía habérsele ocurrido convocar a un seminario para analizar el futuro de la izquierda y la democracia, visto no como un binomio armónico y natural sino como una relación difícil y, a menudo, contradictoria. El seminario tuvo lugar, a lo largo de varias semanas, en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. No es la primera vez que Bartra -sociólogo, antropólogo y ensayista, antiguo miembro del Partido Comunista y alguna vez director de El Machete- adopta posturas de sana y desconcertante heterodoxia. Un caso memorable en ese sentido fue su invitación a Octavio Paz para debatir sus ideas liberales con Luis Villoro, Carlos Monsiváis y el propio Bartra, en un acto que tuvo lugar en 1980, en el propio instituto (dominado entonces por el dogma marxista). Casi tres décadas después, el pasado 30 de abril, Bartra me invitó a cerrar el ciclo. Mi tema fue el "Desencuentro entre el liberalismo y la izquierda".

Para abordarlo, en lugar de un acercamiento teórico preferí un enfoque biográfico e hice referencia al desencuentro entre Octavio Paz y la izquierda. Cuando lo conocí (en 1976) Paz llevaba años de querer entablar un debate respetuoso, serio y profundo con la izquierda, o con las izquierdas, sobre los grandes temas: la URSS, China, Cuba, la herencia del socialismo, el sentido de la libertad, el papel del Estado, la idea de Revolución, etc... La posibilidad de ese diálogo fue, estoy seguro, una de sus obsesiones, de allí que la invitación de Bartra lo entusiasmara tanto. Pero esa golondrina no hizo verano. Tras aquel encuentro volvió el ninguneo, el insulto, la descalificación. No obstante, Paz siguió porfiando. La raíz de su insistencia era clara: como si se hablara a sí mismo -al joven que había sido en los años treinta- quería persuadir a los militantes sobre las equivocaciones conceptuales, las vastas lagunas de información y las graves complicidades morales en que incurrían. Con ese propósito, en 1990 concibió (junto con sus colaboradores) el "Encuentro Vuelta: La experiencia de la libertad". El resultado fue alentador en términos de público y lamentable como puente de comunicación. Un sector importante de la izquierda declaró que los participantes formábamos parte de la "internacional fascista".

Recuerdo la indignación de esos autores (Cornelius Castoriadis, Ferenc Fehér, Agnes Heller, Ivan Klíma, Leszek Kolakowski, Norman Manea, Adam Michnik, Czeslaw Milosz, Tatyana Tolstaya, Hugh Trevor-Roper, Daniel Bell e Irving Howe, entre otros) al enterarse de los ataques. Vale la pena transcribir una parte de su respuesta pública:

"En la jerga estalinista, heredada por varias sectas de izquierda, todo el que luchó contra la esclavitud, la tortura, la censura y la tiranía, es automáticamente fascista. O sea: un fascista es aquel que luchó contra esos horrores en todas partes, en lugar de distinguir entre tortura de derecha y tortura de izquierda o entre esclavitud progresista o esclavitud reaccionaria. En esta lógica, a personas que fueron víctimas tanto del nazismo como del comunismo -éste es, precisamente, el caso de muchos de los participantes en el Encuentro Vuelta- se les ha llamado una y otra vez fascistas. Para todos esos estalinistas, maoístas, castristas, que lamentan con histeria el derrumbe de las tiranías comunistas, fascistas equivale aproximadamente a liberal. Según ese criterio; Koestler, Silone y muchos otros defensores de las libertades cívicas y de los derechos humanos fueron fascistas. De todo esto se desprende que los participantes en el Encuentro Vuelta no estamos en mala compañía. Denunciamos ante la opinión pública mexicana ese mal disimulado residuo de la mentalidad y de la actitud estalinista, en gente que no ha aprendido nada...".

Al final de su vida, a pesar de la caída del Muro de Berlín y la adopción casi universal de los valores democráticos que había predicado, Paz -me consta- se sentía desencantado. La izquierda nunca respondió a su llamado: algunos lo vejaron (recuérdese el episodio de la quema de su retrato frente a la embajada estadounidense, en 1984, cuando se atrevió a pedir elecciones abiertas en Nicaragua), otros lo admiraron de manera vergonzante (en secreto, de lejos), pero muy pocos quisieron en verdad dialogar con él. Lo cierto es que Paz ganó muchas batallas (la del público lector, y la más amplia de la libertad y la democracia), pero la batalla más importante para él en términos biográficos, esa batalla la perdió. Sus sordos y ciegos malquerientes la perdieron también.

A casi diez años de la muerte de Paz, el panorama no es halagador. El fugaz acercamiento de la izquierda (partidaria, académica, intelectual y periodística) a las posiciones liberales ocurrió durante la fase final de la lucha contra el autoritarismo del PRI. Después sobrevino el neozapatismo -nuevo despertar del desvarío revolucionario- y, apenas el año pasado, la idolatría del caudillo. Con todo, estoy convencido de que México necesita con urgencia una izquierda moderna y la razón es clara: sólo desde una legitimidad de izquierda el país puede reformar de fondo, y de manera definitiva, su estructura política y económica. Si la izquierda se reforma el país se reforma. Si la izquierda se moderniza el país se moderniza. ¿Es impensable un reencuentro de la izquierda con la tradición liberal?

Al abrir su exposición, Bartra mencionó que, semanas atrás, Paco Ignacio Taibo II se había referido a Octavio Paz como "un gángster" a quien "odiaba". Por lo visto, Taibo "no ha aprendido nada". Si ésas son las actitudes que prevalecen en la izquierda frente a los exponentes del pensamiento liberal, no hay esperanza. Pero en los rostros y las preguntas de los jóvenes que participaron en el Seminario entreví una actitud opuesta: atención, seriedad, civilidad, curiosidad, tolerancia, pluralidad, interés genuino por escuchar las opiniones ajenas y por buscar la verdad. Ellos sí han aprendido. En ellos está la esperanza.

Entereza frente al golpismo


(23 de febrero de 1981, 18:21 hrs., Madrid, España)




Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma
Diciembre 4, 2006


La protesta de Felipe Calderón fue una muestra de entereza. La salida fácil era ceder ante la presión de los perredistas. Pero los rehenes políticos de López Obrador no formulaban una atendible petición parlamentaria: pretendían intimidar al nuevo mandatario para nublar la legalidad de su asunción. Más que eso: buscaban la ruptura del orden constitucional. Lo gritaron a los cuatro vientos y sin asomo de vergüenza: no permitiremos la toma de posesión. Imaginemos las mismas escenas con distintos actores. Imaginemos que el PRI hubiera declarado hace seis años que impediría por la fuerza la toma de posesión del Presidente panista porque la legitimidad histórica (no la pueril legitimidad institucional) le correspondía al partido de la revolución. Ése es el tamaño de la aberración que presenciamos. El intento perredista debe ser nombrado con sus ocho letras: golpismo. No merece otro nombre el afán de imponer por la fuerza una crisis institucional, fuimos testigos del intento de un golpe de Estado. En efecto, eso fue lo que vimos. Se intentó romper el orden democrático. Por eso es encomiable la tenacidad de los panistas, la conducta de los priistas y la determinación del Presidente entrante.

Suelen los transitómanos hablar con frecuencia del caso español. Han soñado durante años con una Moncloa, con una Constitución paralela a la del 78, con un pacto semejante al de la fundación española. Muchos políticos mexicanos se han imaginado como los personajes de aquella transición. Pues bien, si se quiere insistir en el paralelo, los perredistas han tenido a bien entregarnos una versión patética del coronel Tejero. Que no se haya escuchado un balazo en el salón del Congreso no altera la analogía. En ambos casos se intentó someter la democracia al imperio de la fuerza. La gran diferencia entre el episodio español y el mexicano no es el revólver del militar sino la procedencia de los golpistas mexicanos. Quienes pretendieron la ruptura institucional no eran militares disgustados con las contrariedades del pluralismo. Eran legisladores, esto es, representantes de un orden institucional y democrático. Su título, por cierto, es tan limpio como el del Presidente entrante. Fueron electos el mismo día y bajo las mismas reglas. Los mismos ciudadanos los eligieron y los mismos ciudadanos contaron los votos. Demencial es pensar que el título de unos es incuestionable mientras el del otro es descartado y lanzado al cesto de basura. El episodio es francamente delirante, incomprensible: los encargados de cuidar la casa empeñados en incendiarla. Sin recato alguno, anunciaron su determinación de dinamitar el relevo, es decir, de romper con el orden institucional. Quienes se decían moderados y razonables optaron por cuidar el pescuezo y no molestar al amado o, más bien, temido, líder. Comparsas de esta tragedia de la izquierda mexicana.

El partido que se define por su compromiso democrático actuó como lacayo de un rencor ciego y destructivo, desesperado y ridículo. El PRD mostró una monolítica convicción antidemocrática. A juzgar por el comportamiento de los perredistas en la Cámara y las declaraciones de sus voceros, esa persuasión resultó unánime. Dejo fuera de esta crítica los reparos de los gobernadores perredistas que se distanciaron de la ruta golpista. Lo sorprendente es que ni un solo legislador federal tuvo el valor de oponer su palabra a la bravuconería del vocero perredista. Ni un solo diputado, ni un solo senador fue capaz de esgrimir un argumento frente a la política del rencor y la ambición revanchista. La disciplina del miedo se impuso dentro de ese partido. Los moderados terminaron siendo nada, cómplices silenciosos de la enajenación golpista. La retórica perredista de estas jornadas lamentables no fue más que ostentación de amenazas, anticipos de violencia y vaticinios apocalípticos. Si atendemos las palabras del cacique todavía reinante en esa provincia, el compromiso político del PRD consiste en la ambiciosa tarea de hacer fracasar al gobierno. Eso. No tratarán de oponerse a sus políticas. No pretenden resistir iniciativas contrarias a su proyecto. Pretenden oponerse también a aquellas medidas que adopten su plan, si es que vienen del gobierno. Es el patriotismo de la hecatombe. La única forma de hacerle un bien a México es incendiarlo primero para sembrar en tierra enriquecida con cadáveres panistas. El compromiso democrático significa para el PRD empeñarse en el naufragio del gobierno.

La entereza de Calderón merece reconocimiento. El Presidente venció los obstáculos físicos que le pusieron en el camino, entró al Congreso y ahí protestó el cargo. La frustración de los golpistas que se empeñaban en hacer fracasar la ceremonia es un triunfo democrático. No olvido las enormes dificultades que enfrenta su gobierno. No menosprecio los retos que enfrentará en el flanco institucional y, sobre todo, en el ámbito de la política salvaje. Creo que su equipo tiene fallas evidentes y que, por algunos nombramientos, envía señales preocupantes. Pero Felipe Calderón ha plantado cara a la intimidación que nos ha gobernado durante seis años. Ésa fue, en efecto, la autoridad suprema durante el sexenio de Fox: el chantaje. Padecimos durante años la política de la extorsión, esa política en donde la amenaza era respondida una y otra vez con concesiones. Un Presidente sin idea de gobierno y un grupo de actores políticos sin compromiso alguno con la legalidad; chantaje y cesión. Ése fue el círculo fatal del foxismo. El primer gesto de Calderón ha sido escapar de él. Ése es el atisbo de un buen comienzo.

Complemento y continuación de "No me checa el audio con el video"


Bla, bla, bla... Pura palabrería barata en los discursos de AMLO y de los supuestamente preocupados por el pueblo y por los pobres. Sin embargo, como todo en la vida de AMLO, existen muchas incongruencias e incoherencias y quiero criticar ahorita algunas que me hacen tener una sensación como si me hubieran robado la cartera o me hubieran transado con el cambio. Veamos...

Dicho directamente por Andrecito (consta video con audio legítimo) desde el momento que se quedó desempleado y sin ningún prospecto de empleo (cuando PERDIÓ las elecciones), declaró que el PRD le pagaba $25,000.00 mensuales por los "trabajitos" que hacía o sea que, el PRD le pagaba 535 veces el salario mínimo solo por echar grilla!!!!! No que muy preocupado por la austeridad? De esto se desprenden varias cosas: el PRD se mantiene de las aportaciones de sus militantes (con su dinero pueden hacer lo que quieran) pero también se mantiene en un cierto porcentaje con una aportación que el gobierno dá a todos los partidos políticos y de los cuales los mismos tienen que rendir cuentas. Esto quiere decir que, una parte de ese 'donativo', de esa 'limosna' que el PRD le da a AMLO lo estamos pagando de nuestros impuestos también los que no solo no votamos por AMLO sino que también detestamos a AMLO!!!! Y todo para que el bato haga grilla??? Chale! Ahora bien, si se maneja como 'donativo' (o sea altruismo), la ley marca que los 'donativos' son deducibles de impuestos... caso interesante. Ok, ok. No se maneja como donativo, ni es deducible de impuestos ya que no existe un recibo. Muy bien, entonces como justifica el PRD el uso de los recursos que el Gobierno le asigna y que se lo está regalando a un desempleado solo para alborotar gente y causar grilla y que no existe un recibo de por medio???? Y además, si AMLO está legalmente desempleado y recibe $25,000 mensuales (535 veces el salario mínimo), está legalmente en una situación semejante a la de un vendedor ambulante, de esos que hacen algo ilícito y además no pagan impuestos!!! Andrecito cobra un muy buen billete ya neto (el bruto es él!), por no hacer otra cosa más que causar grilla (o sea que es un porro) y no paga impuestos!!!!

Pero las cosas van más allá. Ahora que es "Prejidente de juguete", pretende que su sueldo sea de $50,000.00 o sea 1,070 veces el salario mínimo!!!! Que jijo, hisuchi!!! Cuanta austeridad! Y esos 50,000 volovanes también son libres de impuestos!!! Andrecito sigue siendo un desempleado... un desempleado que gana 1070 veces el salario mínimo y que lo gana a través de donativos que recaudará su patética fundación "Honestidad valiente". Si mi ignorancia no me traiciona, hasta donde sé la ley marca que toda Asociación Civil debe estar registrada y rendir cuentas; recuerdan la broncota en la que se metió Jorge Serrano Limón, aquel mojigato de ProVida? AMLO no pagará impuestos de sus gloriosos $50,000 (cualquiera de nosotros ya quisiera ganar eso mensualmente) pero en su "gobierno itinerante", ese que hará de jueves a domingo conociendo nuestra hermosa República Mexicana y solo haciendo grilla, gastará un chingo de viáticos extras a sus 50,000 varos mensuales. De donde van a salir sus viáticos por mínimo 25,000 al mes??? Y las facturas que se emitan por esos viáticos, ¿quién o quiénes serán las personas u organizaciones u empresas que las deduzcan ilegalmente de sus declaraciones de impuestos? Mmmmmmhhh! Negocio redondo verdad? Y todo esto estará auditado por la honesta y recta Claudia Scheinbaum en su ridículo puesto de "Gabinete legítimo" de Secretaria de Patrimonio Nacional cuya función es defender el Patrimonio de la Nación??? O bien, auditado por Octavio Ramírez Oropeza como Secretario para la Honestidad y Austeridad Republicana???

Muy interesante! Y definitivamente, no checa el audio con el video. La bola de farsantes dicen una cosa y hacen, muy enmascaradamente, todo lo opuesto.

Y esta historia continuará.....

21 de noviembre de 2006
El Reforma

Roberto Zamarripa

Los comentarios en colores, son responsabilidad de quien publica este blog. No hay ninguna responsabilidad por parte del autor del artículo periodístico.
Era en serio. De manera muy formal, la senadora Rosario Ibarra de Piedra colocó la banda presidencial por encima del hombro derecho de Andrés Manuel López Obrador y éste juró cumplir la Constitución para provocar algarabía en el Zócalo lleno.Si no fuera en serio parecería la coronación de una kermes.

Pues en serio que si parece coronación de kermes. "De manera muy formal"??? Neta??? Por favor, si la Sra. Ibarra le puso al revés la banda, se la puso chueca y si de por sí el Peje está mal hecho, pues se veía más ridículo.

A decir del tono de la gente, de la bulla que armaron, de los gritos con los que llegaron al Zócalo o con los que se retiraron cuando caía la noche, de verdad se la creían."¡Tenemos Presidente!", decían con fe las señoras, algunos niños, los ancianos, campesinos, el variopinto auditorio congregado bajo el frío.

Tenemos Presidente!!! Respeto los deseos de toda la gente que estaba ahí y que anhelaba que el Pejestruoso llegara a la Presidencia... ok, fueron casi 15 millones, pero fueron como 27 millones los que lo rechazaron. En las mismas circunstancias está Calderón, pero la diferencia es que Felipillo si logró unos cuantos votos más y ese si es el Presidente.

Un águila real grisácea, de metro y medio de tamaño, colgada de un telón guinda, marcaba la ceremonia. "¡Abajo el águila mocha, el águila de los conservadores y de los reaccionarios de México!", gritó López Obrador cuando ya rendía su discurso de "toma de posesión".

A ver, a ver. Dicen que los que estamos en contra del Pejestruoso somos ignorantes e incultos. Pero y ¿dónde queda la cultura de AMLO y sus secuaces? El águila que utilizaron como símbolo es en realidad un águila que históricamente representaba a los grupos de ultraderecha, los ultraconservadores. El niño Andrés y sus amiguitos se llevan un sello de un osito comiendo miel, porque no hicieron su tarea y no estudiaron pa'l exámen.


El tabasqueño jugó con la virtualidad de su cargo y la realidad de la masa que soportaba el frío.

Siempre ha hecho eso... solo jugar. Parece que tiene el Síndrome de Peter PAN jejeje

Lanzó un plan de acción que ejercerá sin recursos de Hacienda pero que se convirtió en un intento por atajar la iniciativa al Presidente electo Felipe Calderón."Lo que más les molesta, es que no entremos al molde; por eso vociferan que no somos una izquierda moderna, cuando en realidad lo que quieren es que aceptemos negociar o transar con la voluntad popular", replicó López Obrador en el arranque de su discurso.

No, no, no mi querido Pejecillo. No nos molesta que no entren al molde, nos molesta que TÚ no tienes molde. Nos molesta que seas un farsante, esquizofrénico, manipulador y mentiroso. Nos molesta que tu séquito (Fernández Noroña, Scheinbaum, Imaz, Batres, Monreal, etc) sean verdaderamente la escoria de la sociedad. Nos molesta que hayas dejado sin voz ni voto a verdaderos izquierdistas. TÚ no eres una izquierda moderna, TÚ no eres ni siquiera izquierdista. Hay otros que si lo son y que TÚ los has castrado y arruinado su carrera política. Lástima por Jesús Ortega y otros cuantos!

Y sí, los íconos de la ceremonia no eran necesariamente de la izquierda moderna. Vaya, hasta Silvio Rodríguez, el cantautor cubano, deleitó con tres canciones a los asistentes para despertar las nostalgias de la ocasión. Silvio incluso se metió en la formalidad de la ceremonia para dedicar una canción "al Presidente Andrés Manuel López Obrador".El perredista arrancó una sonora ovación cuando en su discurso criticó algo que en bandeja de plata le puso el Gobierno de Vicente Fox: los aumentos de la leche, el diesel y la gasolina.De ahí lanzó "la primera medida" del nuevo Gobierno: que la leche siga costando 3.50 pesos en el Distrito Federal "y no 4.50 como quiere la derecha reaccionaria". Comprometió entonces a Marcelo Ebrard para aplicar la medida. A ver cómo le hace.

Ojalá y a Ebrard le caiga el veinte de que él puede ser el próximo candidato presidencial y que si le sigue el juego a este borderline del Peje, se quedará sin hueso. Ojalá y que esa gente que ahorita grita y se desgarra las vestiduras porque la leche liconsa subió $1.00 en los últimos 3 años, de la misma forma concienticen las cosas y defiendan la economía familiar disminuyendo sus visitas a las cantinas, o disminuyendo el comprar cigarrillos o comprando menos bebidas alcohólicas. Si suben los cigarrillos o "el chupe" ni quien proteste y se siguen embriagando, pero si sube la leche, ahí si chillan de que la lana no alcanza para nada. Dejen de chupar y fumar! Ahí se podrían ahorrar por muy fregado $700.00 al mes. Pero cómo van a hacer un sacrificio??? Es más fácil maldecir al gobierno, mentarle la madre a Fox y vitorear a un bueno para nada como Andrecito.

Luego habló de 20 medidas más que en realidad son una combinación de denuncias, propósitos legislativos y medidas de presión.Pero la ceremonia también develó a otro López Obrador, distinto al candidato que ignoró temas que suponía le causarían daño en la campaña. Ahora si criticó la denominada "ley Televisa", aquella que facilita la apropiación monopólica del espectro radioeléctrico, y cuestionó los servicios de Teléfonos de México."Estaremos atentos a la decisión que tome la Suprema Corte, ante el recurso de inconstitucionalidad presentado por un grupo de senadores contra la llamada 'ley Televisa'. Pero como no confiamos en el recto proceder de la mayoría de los Ministros, de todas maneras presentaremos en su momento, una iniciativa de reforma que garantice la pluralidad y haga posible la democratización de los medios de comunicación", exclamó.Lo dijo meses después de ignorar el debate sobre esa Ley y de no tocar ni con el pétalo de una consigna el arreglo que involucró incluso a legisladores perredistas para sacarla adelante.Sus medidas de Gobierno eran un catálogo de denuncias: protestar contra el muro fronterizo, vigilar a jueces y ministerios públicos, pedir la renuncia de Ulises Ruiz, junto con iniciativas como quitarle la pensión a ex Presidentes y legislar para bajar salarios a funcionarios públicos.Sorprendió con el anuncio de una iniciativa de Ley de Precios Competitivos que reglamente el artículo 28 de la Constitución.Hizo una relatoría de los gastos excesivos que pagan los mexicanos por distintos productos y servicios. "Es inaceptable que los mexicanos paguemos por el cemento gris 223 por ciento más que los estadounidenses; 260 por ciento más por el internet banda ancha; 312 por ciento más por teléfono celular; 65 por ciento más por teléfono de línea fija; 230 por ciento más por llamadas de larga distancia nacional", comentó.Si esa iniciativa se aprueba, según él, "millones de consumidores mexicanos obtendrían ahorros equivalentes a más del 10 por ciento de sus ingresos".El viento frío lo había despeinado y más que gallos, traía remolinos. Hablaba recargado en un atril de madera también con águila real y tras de sí con los doce miembros de su gabinete, seis hombres y seis mujeres.Anunció que su "Presidencia" sería itinerante. De lunes a miércoles despachará en el Distrito Federal y de jueves a domingo hará giras para completar visitas a los dos mil 500 municipios del País.Ovación y devoción. Eso había en la Plaza. Un sentido de pertenencia. La toma de posesión parecía de la gente, transformada, emocionada, insistente, "¡tenemos presidente!", no paraban de gritar.Cuando les anunciaron que cantaría Silvio Rodríguez muchos pensaron que era el hermano de Jesusa, la coordinadora de los espectáculos artísticos. Pero no, era el cantautor cubano que entró diciendo: "Hace un tiempito el Presidente López Obrador me dijo que le gustaba esta canción y que la deberían oír todos los políticos". A ver si no lo expulsan.Cantó aquella de "Ese Hombre", después "Rabo de Nube" y al final recitó otro de sus éxitos para dejar picados a sus fans.Bien pudo haber cantado "El Necio". Le hubieran aplaudido.


Amlo: más parafernalia es menos poder de convocatoria e influencia
Por: José Carreño Carlón
Martes 21 de Noviembre de 2006
-
Pero si los excesos de pretender ser más de lo que es (“presidente legítimo” en lugar de derrotado ex candidato presidencial) lo han conducido a tales resultados, sus excesos en el lenguaje lo llevan día a día a nuevos retrocesos en cuanto a apoyos de voces destacadas y medios que llegaron a simpatizar con su candidatura.
-
Decir que va a “confrontar a los neofascistas que se adueñaron del país” es un exceso condenado a ser cada vez menos compartido por una sociedad en su mayoría conciente de que Amlo se refiere simplemente a que va a combatir a quienes le ganaron la elección.
-
Mientras que sus dichos de “rechazar la imposición” y de “renunciar a seguirles el juego del engaño… y la simulación propios de la política tradicional mexicana”, sólo significan, para la mayor parte de los medios, nacionales e internacionales, y para la mayoría de los mexicanos, que Amlo es un mal perdedor en las peores tradiciones mexicanas, que rechaza los resultados de las urnas y responde a ellos rompiendo las reglas del juego que aceptó al participar en una competencia en que arrancó con incontrastables, otra vez, excesivas, abusivas ventajas.
-
-
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-
López Obrador y su Dictadura Imperfecta
Por: Regina Santiago Núñez
Martes 21 de Noviembre de 2006
-
López Obrador y la nostalgia por el dinosaurio han generado una triste parodia de la Dictadura Perfecta. Pero sería un error subestimar la fuerza de un movimiento como el lopezobradorismo, cuya declaración de principios y acciones lo acerca cada vez más a la disidencia oaxaqueña que busca extender al territorio nacional el modelo Evo Morales de Bolivia.
-
Difiero de quienes pretenden aferrarse a la imagen pre-electoral que difundió Manuel Camacho de un López Obrador demócrata y moderado. Difiero de quienes hoy quieren ver en su proclamación como presidente legítimo una oportunidad de que surja la conciencia crítica de la nación. López Obrador no puede ser Felipe González y ni siquiera es un buen relevo para el subcomandante Marcos.
-
Ni López Obrador ni los ultras de su movimiento pueden ni pretenden ser conciencia crítica de la nación. Condenan la crítica porque la consideran traición o disidencia. Olvidan que la esencia del pensamiento crítico no busca aniquilar al adversario, sino propiciar una evolución, un enriquecimiento y un crecimiento general. Sin embargo, para un carácter autoritario esto es inadmisible.
-
-
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-
El juego de espejos de AMLO
Por: Francisco Báez Rodríguez
Martes 21 de Noviembre de 2006
-
La ceremonia, un poco esperpéntica, del Zócalo, fue un espejismo para consumo de los fieles de base. El discurso, en cambio, fue una clara definición de lo que quiere el ex candidato presidencial: dar línea a las fracciones del PRD, PT y Convergencia en la Cámara de Diputados en el Senado; dar línea a los gobernadores “afines” (es decir, perredistas) y seguir mandando en el DF, por interpósita persona: hacer con Ebrard lo que hizo con Encinas.
-
En otras palabras, mientras blande el espejito de la Legítima, usar su gabinete virtual para imponer sus puntos de vista, políticos e ideológicos, en la agenda parlamentaria y en la vida de gobierno.
-
-
-

Grupo Reforma
20 de Octubre de 2006

"El más delicioso de todos los privilegios: gastar el dinero de otra gente".

.-John Randolph
-
-
El pasado 11 de octubre Rubén Aguilar, el portavoz de la Presidencia de la República, afirmó en su conferencia de prensa matutina que el gobierno del presidente Vicente Fox no entregaría el bono sexenal a los burócratas debido a que no está considerado ni en la ley ni en el presupuesto ni en el contrato colectivo de trabajo. "Los funcionarios públicos no tienen por qué recibir privilegios especiales", señaló el 11 de octubre.
-
Pero este miércoles 18 de octubre, después de reunirse con el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, el líder de los burócratas, Joel Ayala, anunció que el responsable de las finanzas públicas le ha asegurado que buscará un mecanismo financiero para entregar ese bono de 2 mil 500 pesos, así como 8 mil pesos adicionales en vales, antes del 15 de diciembre.
-
No sería ésta la primera vez, por supuesto, que el vocero definiera una posición sólo para que el gobierno asumiera la contraria poco después. Recordemos que fue Aguilar quien afirmó que no había plan B y que el presidente de la República daría su mensaje político a la nación desde la tribuna del Palacio Legislativo el 1o. de septiembre. La realidad es que Fox ni siquiera trató de pasar del pasillo. Fue Aguilar también quien afirmó que el Presidente daría el grito del 15 de septiembre desde el balcón central de Palacio Nacional. A final de cuentas, sin embargo, la ceremonia se trasladó a Dolores Hidalgo.
-
Quizá por eso a Ayala, secretario general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), no le inquietó demasiado que Aguilar hubiera señalado que no se haría el pago. Si algo nos dice la experiencia es que si el vocero señala enfáticamente que el gobierno va a hacer algo es porque lo contrario va a suceder.
-
El pago de 2 mil 500 pesos para los 1.8 millones de burócratas de la Federación implica una erogación de 4 mil 500 millones de pesos en una sola exhibición para este sector de trabajadores. El monto, ya sabemos, no ha sido presupuestado. Ni siquiera el propio Ayala se acordó de proponerlo cuando era senador, cargo que ocupó hasta el pasado 31 de agosto. El argumento del líder hoy es que, independientemente de que el gasto no esté presupuestado, representa una "conquista sindical" porque los sindicatos se lo han arrancado a varios gobiernos anteriores.
-
Por otra parte, las declaraciones de Ayala del 18 de octubre representan la primera vez que se menciona públicamente que el bono, además de 2 mil 500 pesos en efectivo, incluiría 8 mil pesos en vales para los burócratas. A precio nominal, esto representaría 14 mil 400 millones adicionales de erogación.
-
Pero ahí no queda el asunto. Si se entrega el bono a los trabajadores de la FSTSE, otros servidores públicos, especialmente de los estados o de las universidades, exigirán también pagos similares. Y una vez que se establece el precedente, como lo sabemos, se convierte en parte de los usos y costumbres de la clase política.
-
El portavoz Aguilar tenía razón cuando señaló el 11 de octubre que "los funcionarios públicos no son más que otros trabajadores de este país y deben sujetarse al marco de nuestras propias leyes". Pero hace ya mucho tiempo que quedó claro que el actual gobierno del presidente Vicente Fox no ha tenido ni la fuerza ni la voluntad para eliminar los privilegios especiales de los que gozan los grupos organizados políticamente. Y los burócratas ciertamente se encuentran entre estos grupos.
-
La FSTSE ha sido clara en sus amenazas al gobierno. Si no se entrega el bono, los burócratas paralizarán al país y crearán una situación que haría parecer la de Oaxaca como un juego de niños. En otros sexenios ha habido también resistencias a entregar este bono. Pero la FSTSE sabe que, al término de una administración, un Presidente se encuentra en su momento de mayor debilidad y está dispuesto a ceder a presiones que en otros momentos aguantaría. Por eso ha logrado conseguir el bono en los últimos sexenios.
-
El problema, por supuesto, es que el dinero no es ni del gobierno ni del sindicato. Es de los contribuyentes, que lo aportamos con la idea de obtener servicios o, si acaso, de apoyar a quienes menos tienen. Sin embargo, cada vez es mayor el porcentaje de fondos públicos que se queda en un grupo de trabajadores que tienen no sólo ingresos sino prestaciones muy superiores al promedio de los mexicanos.
-
¿Realmente queremos los mexicanos que estas grandes cantidades de dinero se utilicen para un bono a los burócratas o preferiríamos que se emplearan para construir infraestructura, proporcionar educación o ayudar a quienes viven en la pobreza extrema? La respuesta es obvia. Pero los sindicatos de burócratas se han convertido en organizaciones gangsteriles que usan con eficacia el chantaje para enriquecer a sus líderes y obtener privilegios para sus agremiados. Y ésta es una de las razones principales por las cuales en México tenemos un Estado tan ineficaz y una pobreza tan extensa.
-
-
Oaxaca
--
Por una parte, el Senado se ha negado a declarar la desaparición de poderes en Oaxaca. Por la otra, los maestros de la sección 22 del SNTE -que llevan cinco quincenas sin recibir su sueldo- han aceptado regresar a clases, aunque falta por definir la fecha. Sin los maestros, el movimiento se queda sin su principal sustento y justificación. Para que sea creíble su promesa, sin embargo, es importante que el regreso a clases se lleve a cabo la semana que viene.

Oaxaca y Tabasco

Por Pablo Hiriart
Publicado en: Crónica
Lunes 16 de Octubre de 2006 Hora de publicación: 01:32
-
Si un ciudadano, por descuido, impericia o accidente, rompe un pedazo de banqueta, debe ir a la delegación para ser consignado ante el juez, que le aplica una severa multa o, en su defecto, pena de cárcel.
-
Pero si un ciudadano, acompañado de otros dispuestos a enfrentarse a golpes con las autoridades, rompe deliberadamente una calle —el Paseo de la Reforma, por ejemplo— no es detenido ni puesto ante un juez.
-
A ese ciudadano la autoridad le pone un baño para sus necesidades —lo use o no—, le permite colgarse del alumbrado para que vea televisión mientras dura su bloqueo al espacio público y le envía alimentos, médico y policías para que lo cuiden
-
El premio es aún mayor para un grupo de ciudadanos que ocupan por la fuerza una ciudad, toman el Palacio de Gobierno, cierran el Congreso, corretean a palos a sus adversarios políticos, allanan hoteles, toman medios de comunicación, causan la muerte de transeúntes, atacan a navajazos y degüellan a un maestro disidente suyo.
-
A esos ciudadanos la Secretaría de Gobernación les instala una mesa de diálogo en Bucareli. Les organiza conferencias de prensa. Les ofrece quitar algunas autoridades que les son incómodas. Les promete cancelar procesos judiciales en marcha y perdonarles sus delitos.
-
Además, de pilón, les garantiza que les van a pagar los salarios caídos durante el tiempo que ha durado la ocupación.
-
A ese mundo al revés el gobierno le llama “sensibilidad política”.
-
Y los partidos y la mayoría de los analistas y medios de comunicación elogian la “sensibilidad política” del gobierno, que no es otra cosa que la doctrina del tío Lolo —hacerse tarugo solo. Todos esos actores llevan cinco meses discutiendo algo que no se debería discutir ni en el caso Oaxaca ni en ningún otro. Discuten si se debe aplicar la ley o no.
-
Discuten si los agresores deben entregar o no la ciudad que tomaron por asalto. Y resuelven que no se debe aplicar la ley para evitar que los violentos se enojen y se vuelvan más violentos.
-
Con esa “sensibilidad política” se logrará que, dentro de poco, nazcan filiales de la APPO (Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, sic) en Nayarit, Campeche, Jalisco, Sinaloa, etcétera, tomen las capitales estatales y consigan lo que se les antoje.
-
O me cumples mi pliego petitorio o te tomo la ciudad
-
Qué maravillosa lección de civismo dan en Oaxaca autoridades locales, federales y maestros.
-
Capítulo uno: Genera un caos.
Capítulo dos: El Senado mandará una comisión a verificar que efectivamente hay un caos.
Capítulo tres: Como está probado que hay un caos, deben desaparecerse los poderes e irse el gobernador.
Epílogo: Felicidades, ganaste. Tú que generaste el caos te sale con la tuya.
-
Esa es la nueva lógica de la democracia mexicana. Por ese camino el país está en peligro. Es que cuando los grupos violentos, o los violentos en potencia, ven que no hay estado, entonces cuidado. Pasa lo que pasa en Oaxaca.
-
¿A qué fue la subcomisión del Senado a la capital oaxaqueña? Fue a verificar lo que es evidente, lo que todos sabemos: que hay ingobernabilidad. ¿Quién generó la ingobernabilidad?La APPO y el magisterio que tomaron de manera violenta la ciudad y la mantienen ocupada por sus pistolas.
-
Y esos grupos, APPO y magisterio, son los que acusan ante el Senado que en Oaxaca hay un caos y por tanto deben desaparecer los poderes y cambiar al gobernador. (Tal vez el gobernador deba irse, pero en el marco de un conjunto de movimientos integrales para darle una salida permanente al problema).
-
Seguir ese juego por parte del Senado es, para decirlo amablemente, tomarse el pelo solo, como el tío Lolo. La Secretaría de Gobernación también está encantada con el juego. Luego de meses de estar sentados con la APPO y los maestros en la mesa de diálogo, de pronto echaron las campanas a vuelo contagiando su optimismo a respetables medios de comunicación: la solución al caso Oaxaca ya está. ¡Viva Carlos Abascal Carranza!
-
La APPO propuso entregar Oaxaca a la policía local bajo un mando federal a nivel de subsecretario. Gobernación dijo sí, y los APPO y maestros regresaron a “consultar a las bases”. La tomadura de pelo era más que evidente. Si la propuesta vino de los que tienen tomada la ciudad de Oaxaca, ¿cómo es que van a ir a consultar si aceptaban o no su propia propuesta?
-
¿De veras Gobernación creyó en la seriedad de un planteamiento así? ¿En serio creyó el gobierno que la APPO y el magisterio de ese estado buscan quitar al jefe de la policía y una mejora salarial? Si lo creyeron, mal. Y si no lo creyeron pero siguieron el juego, peor todavía.
-
La respuesta de la APPO y el magisterio al planteamiento que ellos mismos hicieron, fue un rotundo no.Vaya, aunque les dieran la cabeza de Ulises Ruiz, tampoco iban a liberar la ciudad y regresar a clases, porque lo que buscan es otra cosa: tiempo.
-
Y por lo visto, el gobierno federal también busca tiempo.Este último quiere tiempo porque le faltan poco más de 40 días para entregar y les urge irse sin dejar encaminada la solución del conflicto. A la APPO y al magisterio de Oaxaca les urgía ganar tiempo para prolongar el conflicto hasta esta semana.
-
La idea, cada vez más clara, es hacer confluir el caso Oaxaca con la fabricación de una crisis poselectoral en Tabasco, en que el candidato del PRD obviamente no va a aceptar la derrota, alegará fraude y se vendrá en éxodo al Distrito Federal
-
Sólo así se podrá relanzar al escenario nacional López Obrador, el 20 de noviembre, cuando tome posesión como “presidente legítimo”. Sólo en un ambiente de convulsión nacional se podrían anular las elecciones en Tabasco para que López Obrador sea candidato a gobernador de su estado. Ahí está la nuez del asunto.
-
Hacer confluir los movimientos de Oaxaca y Tabasco para alcanzar la sobrevivencia política de López Obrador.
-
La derrota contundente del PRD, ayer, puede echar por tierra los planes de AMLO.Pero mientras eso se teje, el gobierno federal cree que está “negociando” y derrocha “sensibilidad política”.
-
La conexión está a la vista. Los líderes de la APPO y del magisterio han sido diputados o dirigentes perredistas. El PRD a nivel nacional ya les dio su apoyo. Ya están aquí, en la capital. Y a pesar de que el PRI les ganó con holgura en los comicios de ayer, los perredistas de Tabasco insistirán en venir al Distrito Federal. Más las APPO que se acumulen por el camino.
-
Mientras tanto el gobierno hace como que no ve, y la APPO y los maestros oaxaqueños cumplen cinco meses de tener paralizada la capital estatal y a un millón 200 mil niños sin clases, con todo lo que ello significa. Personas de los dos bandos mueren de manera tan violenta como absurda.
-
Una muy estimada lectora de Oaxaca, Dora Luz Martínez Vasconcelos, me envió el siguiente correo: “Estoy ahorita viendo nuestro desayunador para niños de extrema pobreza que tenemos por la zona de Monte Albán. Ahí se han duplicado los niños que necesitan ser atendidos por lo menos con una comida al día.
-
“Me dan ganas de gritar más fuerte y decirles a todos los appos, maestros, gobierno, que dejen de hablar en nombre de los pobres. Es una vulgar ideología que no menciona a la persona ya que no les interesa. Sus ‘pobres’ no tienen rostro, mucho menos nombre y apellido. ¡Y cuánta pobreza! ¡Cuánta necesidad existe!
-
“A Flavio Sosa le preguntaría yo: ¿de qué vives? ¿Qué trabajo haces? Porque a mí me enseñaron desde pequeña que el que no trabaja no come. ¿Cuál es tu trabajo, Flavio?
-
“El lunes con un grupo haremos una misa por el maestro degollado. Yo lo conocía porque ponía filtros en las casas. Un hombre trabajador y honrado...”.


Blogger Template by Blogcrowds


Copyright 2006| Blogger Templates by GeckoandFly modified and converted to Blogger Beta by Blogcrowds.
No part of the content or the blog may be reproduced without prior written permission.